Pluma invitada

El banquero

El lunes 19 de agosto fui invitado al Día de la Bandera, en el Banco Industrial. La persona encargada de izarla fue el licenciado Diego Pulido. Durante el acto se hizo oficial su retiro de la institución, el próximo 1 de enero, y vinieron a mi memoria algunos rasgos de su personalidad y aportes al desarrollo del Sistema Financiero Guatemalteco.

Lo conocí en el Liceo Guatemala, haciendo porra en un partido de basquetbol. Lo recuerdo como uno de los grandes del colegio y un entusiasta del futbol. Me impresionó desde el principio su personalidad abierta. Al terminar el colegio se fue a la Landívar. Allí estudió Economía y adquirió unos conocimientos que lo han acompañado toda su vida. El Dr. Santos Pérez, rector de esa universidad, le enseñó los conceptos de ahorro, gasto e inversión. Lo sé porque lo menciona en muchas de sus intervenciones. Por ejemplo, al presentar las perspectivas económicas de cada año, presentación que ha hecho durante más de 30 años. Ahora bien, en una conferencia en la Universidad del Istmo le oí decir que lo que le había cambiado la vida fueron sus estudios en el Incae. Lo marcaron tanto que casi todos sus ejecutivos de primera línea han sido egresados de programas de esa institución.

Mientras izaba la bandera, recordé algunos momentos que quedarán escritos en la historia económica del país. Fue el primero en introducir en la banca los conceptos de márquetin, inicialmente en las cuentas de ahorro, cuando este instrumento tenía ventajas para los bancos. Luego fue un competidor formidable cuando, en 1989 y 1990, se liberaron los precios de los servicios bancarios. Para entonces yo era gerente general del Banco de Occidente, que era más o menos del mismo tamaño que el Banco Industrial, y Diego pronto convirtió al BI en la institución que fijaba los precios. Todo el sistema le siguió. Después, con las crisis de liquidez de años subsecuentes, introdujo la negociación de los Reportos, que vino a cambiar la tesorería de todo el sistema.

En el gremio era admirado y temido. Los grandes banqueros de esa época estaban acostumbrados a un mercado controlado en precios y productos y a que las tasas las fijara la Junta Monetaria. De modo que, al abrirse el mercado, no estaban preparados para responder tan rápido. Diego sí. Por eso se convirtió en el referente.

Cuando llegó el momento de decidir la vocación de las instituciones bancarias entre banca corporativa y banca de personas, Diego fue visionario y apostó por el concepto de Grupo Financiero. Así, se convirtió en el líder de muchos segmentos, tanto de banca corporativa como de personas. Diego fue incansable en el mejoramiento de los procesos, pionero en la inversión en sistemas digitales y, sobre todo, en la inversión en el recurso humano.

Cuando pienso en las personalidades de esa época de oro como Rodolfo Castellanos, su predecesor; Armando González Campo, Egemberto Albergue, Julio Vielman, don Chico Rodríguez, Mario Asturias Arévalo, Rafael Viejo, Mario Mejía y Federico Linares me doy cuenta de que para destacar en ese grupo se requería lo que Diego ha hecho: innovar, trabajar incansablemente y atreverse a cambiar las cosas. Y lo ha hecho no solo por un periodo corto, sino por más de 30 años. No sé si es el ejecutivo principal que más tiempo ha estado en su posición, pero su larga trayectoria dice mucho de su personalidad. Sin duda, su nombre quedará escrito con letras de oro en la historia económica del país.

Doy gracias a Dios por haberme permitido ver todos esos cambios, por haber compartido con todos esos grandes banqueros y por ser testigo de la trayectoria de una personalidad con Diego. Me sentí agradecido por estar en aquel acto tan merecido.