Pluma invitada

El planeta, en un punto de inflexión

Ha llegado el momento de transformar completamente los cimientos de nuestra economía y nuestras vidas. El planeta está sufriendo. El clima está cambiando, las especies se están extinguiendo, los recursos naturales se desperdician y muchos de nuestros ecosistemas están bajo un estrés crítico.
Pero hay buenas noticias. Estamos avanzando contra el hambre, los enfoques sostenibles para el crecimiento económico son cada vez más sólidos y la innovación está emergiendo a una escala y un ritmo inimaginable hace décadas. Lo más importante: sabemos que podemos hacer progresos aun mayores si nos comprometemos a transformar tres sistemas fundamentales: alimentación, energía y desechos.

Esta una de las principales conclusiones de la sexta edición del informe de Perspectivas sobre el Medio Ambiente Mundial (GEO-6) que se presentará durante la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre el 11 y el 15 de marzo, en Nairobi, Kenia. El reporte insignia de ONU Medio Ambiente proporciona un plan de acción para encaminarnos hacia un futuro sostenible, tal y como lo contempla la Agenda 2030.

¿Cómo cambiamos nuestro sistema alimentario? Para que 10.000 millones de personas coman adecuadamente en 2050 tendremos que aumentar 50% la producción de alimentos, sin que las presiones climáticas crezcan a la par. Eso significa que debemos generar alimentos con mayor eficiencia y resiliencia, y adoptar dietas más sostenibles —con menor consumo de carnes, en muchos casos—.

Para lograr esa transformación, debemos brindar a los agricultores incentivos fuertes que les ayuden a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y a utilizar el agua y la tierra de forma eficiente. También debemos detener la pérdida y el desperdicio de alimentos en toda la cadena de valor. Hoy, 33% de los alimentos comestibles se pierde o se desperdicia.

También urge reformar el sistema de energía. La producción de energía renovable ha crecido significativamente en la última década, pero dos tercios de nuestra electricidad todavía provienen de combustibles fósiles. Y 1.000 millones de personas aún carecen del servicio en sus hogares.

Nuestro objetivo debe ser “descarbonizar” el suministro de energía, es decir, romper el vínculo entre uso de energía y emisiones y contaminación del aire. Necesitamos regulaciones, políticas e innovaciones que impulsen a las personas a optar por fuentes de energía limpias, y reducir la demanda. Exclusivamente, a través de la eficiencia energética podemos disminuir 10% el consumo global de electricidad.

Finalmente, necesitamos cambiar nuestra visión sobre los residuos. Durante siglos, el enfoque lineal de “tomar-fabricar-desechar” ha alimentado nuestro crecimiento económico. En 2017 la humanidad utilizó 90.000 millones de toneladas de recursos y menos de 10% de estos se reincorporó a la economía.

Es hora de que adoptemos la “circularidad” y que veamos los recursos cruciales que hay dentro de nuestros residuos. Los gobiernos de todo el mundo deben imponer impuestos al uso de materiales vírgenes y crear incentivos para que las empresas diseñen productos sostenibles o reciclables. Construir un mundo que pueda sostener de manera segura y amigable a 10.000 millones de personas es quizás el mayor desafío que la humanidad haya enfrentado. Podemos hacerlo, pero solo si logramos cuidar de nuestro planeta para que él cuide de nosotros.

La cuarta Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente, que se inicia el 11 de marzo, nos da una oportunidad importante para comprometernos con acciones concretas que impulsen las transformaciones necesarias. Lo que está en juego es la vida y la sociedad que conocemos hoy. No tenemos tiempo que perder.

* Directora ejecutiva interina de ONU Medio Ambiente