Pluma invitada

Guerra entre pueblos data de hace 30 años

Insólita, inaudita y condenable es la tragedia que históricamente existe por la rivalidad entre hermanos de los municipios de Nahualá y Santa Catarina Ixtahuacán, departamento de Sololá, sin que copiosas autoridades hayan podido corregir tan repudiable conflicto de tierras, el cual se ha convertido en constantes fatalidades humanas, como la registrada recientemente, que dejó seis muertos, varios desaparecidos y 33 heridos, sin que a la fecha se haya adoptado inmediata y definitiva solución alguna.

Ha surgido de repente la acción del Ejecutivo, que pretende establecer un estado de Sitio en ambas comunidades, como una medida que, aunque para muchos demuestra debilidad gubernamental, vale la pena tomar para buscar resolver de una vez por todas ese conflicto que ya ha ocasionado un gran daño humano y material.

La causa de este problema es la ingobernabilidad de algunos mandatarios, ministros, diputados, gobernadores, alcaldes, concejales y jueces de esa región, por no aplicar las leyes que rigen en estos casos trágicos, lo que ocasiona que residentes de ambos lados, fuertemente armados, irrespeten normas legales y asesinaen a sus propios hermanos, sin que a la fecha hayan sido capturados, juzgados y condenados.
El estado de Sitio adoptado tras el suceso registrado en la aldea Semuy II, El Estor, Izabal, medida que incluyó a varios departamentos, ha logrado algunos resultados, lo que llevó a que fuera ampliada por el Congreso, por solicitud del Gobierno.

Dadas las circunstancias que aquejan a los pobladores de Nahualá y Santa Catarina Ixtahuacán, los guatemaltecos han se preguntarse: ¿La actual y repudiable mortandad diaria en esos municipios no necesitará también un estado de Sitio?

El último incidente registrado en estos pueblos no ha podido ser resuelto por las autoridades durante más de un mes, como si se tratara de un hecho intrascendente, no obstante haber regado de nuevo sangre de inocentes y culpables, como ha sucedido durante varios lustros, prefiriendo aplicar un régimen de excepción para evitar futuras peleas por tierras que permanecerán siempre fijas, lo contrario a la vida de sus habitante,s que han y podrán sucumbir posteriormente.

Mientras tanto, continúa la inseguridad, el peligro, el temor, el odio, las amenazas y aun la muerte. Estos lugareños, como todos los habitantes del país, urgen de paz, hermandad, cariño y solidaridad, para soslayar la pobreza y así poder trabajar con tranquilidad, pero especialmente para que sus hijos, futuros responsables del mejor destino de la patria, disfruten de educación, principios, valores y dignidad.

Este parvo altercado, surgido por un simple mojón de tierra, obliga a recordar y seguir condenando a aquellos gobiernos vendedores de Belice y departamentos a México, por intereses mezquinos, irrespetando la soberanía nacional.

Exhortamos a los vecinos de estos pueblos a abolir tan triste infortunio, apoyar soluciones legales y vivir tranquilos, en homenaje póstumo de sus seres queridos, que en lugar de encontrarse ahora en fríos cementerios, deberían estar disfrutando del amor y el calor familiar.