Pluma invitada

¿Hasta cuándo?

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Nunca deja de asombrarme la capacidad humana, y en especial la de los guatemaltecos, de “aguantar”. Cuando nos vemos sometidos a una situación negativa, siempre aguantamos las consecuencias porque confiamos en un próximo mejor futuro. Por ello aguantamos carreteras en mal estado, porque confiamos en que el Ministerio de Comunicaciones algún día las arreglará. Aguantamos políticos mediocres porque confiamos en que algún día surgirán líderes reales que tendrán a Guatemala como prioridad. Incluso aguantamos una corrupción generalizada con la esperanza de que pronto lleguen personas honestas al gobierno.

Sin embargo, llega un momento en que se nos acaba la paciencia y nos rebelamos contra las circunstancias negativas. La regla general es que, mientras más tiempo aguantamos, más fuerte es la reacción contra la situación. Sin embargo, hay veces que la situación parece ya tan deteriorada que no se ve ninguna salida.

¿Hasta cuándo vamos a aguantar la corrupción? Recientemente salió a luz una situación en el Congreso de la República, en donde se compraba café a Q290 la libra. La exageración del precio, que fácilmente es cinco veces el valor del mercado, es solo el reflejo de una corrupción totalmente arraigada en el sistema. Si en algo tan sencillo como el café existe ese nivel de corrupción, fácilmente podemos imaginar el nivel de sobrepago que puede existir en las altas esferas del Congreso. La razón de tal nivel de corrupción en los empleados es principalmente porque la cúpula da el mismo ejemplo.
Ningún trabajador se atrevería a ser deshonesto si sus superiores son un ejemplo de honestidad, ética y rectitud. Lamentablemente, todos sabemos que no es así. La situación es aún peor… toda organización que busque realizar algún proyecto con el Gobierno se enfrenta a los funcionarios que toman la decisión y que tienen el descaro de preguntar de inmediato: “¿Y yo qué gano?”, para ver si vale la pena evaluar el proyecto. La situación es ahora tan normal que la corrupción ya no se esconde. Ya no es algo que se habla debajo de la mesa, sino que se discute abiertamente, incluso antes de conocer el proyecto.

La corrupción es un muy grave problema, pero no es el único. Nuestra capacidad de “aguantar” sigue actuando en las noticias, donde solo nos interesan las malas. Ello contribuye a que la gente se deprima, se sienta de mal humor y hasta enferme.
Adicionalmente, referente al covid, las personas en general siguen obsesionadas contando los casos nuevos de gripe que se reportan al día, sin querer aceptar que se están fijando en el indicador equivocado. Por supuesto, la manera de reportar la situación por las autoridades encargadas no ayuda, ya que el énfasis se pone en los casos confirmados y los casos activos. Es necesario que nosotros nos fijemos en los casos de personas fallecidas y la ocupación de los hospitales para realmente conocer la situación del contagio en nuestro país. Por ello es muy importante que la población tenga acceso a información y no solo a datos para que cada quien los interprete a su gusto.

¿Hasta cuándo aguantaremos las malas noticias? La verdad que esta situación es de fácil solución, ya que depende de nosotros filtrar qué noticias queremos escuchar.

¿Hasta cuándo aguantaremos la presión del covid? Nos tragamos un tremendo ladrillo con la pandemia y fuimos ciegamente a vacunarnos, haciéndole el negocio a las farmacéuticas.

¿Hasta cuándo aguantaremos esta corrupción que sangra a muerte nuestro bello país? Nadie lo sabe… Seguiremos aguantando hasta que surja un líder honesto y que desee trabajar por Guatemala. De momento no veo a ninguno.