Pluma invitada

Libre Comercio: puerta a nueva tecnología y competitividad

El comercio se ha ido transformando y ha pasado de ser un simple intercambio mercantil a un intercambio del conjunto de personas, mercancías, servicios, finanzas y tecnologías a nivel internacional, lo que ha dado origen a establecer mecanismos de libre comercio. El propósito del libre comercio es reducir las barreras al intercambio de bienes y servicios entre distintos países, con el objetivo de fomentar la libre competencia y atraer inversiones desde el extranjero.

El intercambio de mercancías no es únicamente el ingreso de estas a otros países, sino la introducción de la nueva tecnología aplicada para la creación de esos bienes. Esto se traduce en una mayor competitividad industrial, ya que las empresas locales deben volverse más eficientes y ofrecer productos de mejor calidad a menores precios, lo que a largo plazo genera nuevas fuentes de empleo, contribuyendo al crecimiento económico de un país.

Sin embargo, hay quienes aseguran que la apertura comercial puede ser contraproducente y dañar la industria nacional, razón por la cual se creó una serie de medidas con el fin de proteger las industrias nacionales. Una de estas medidas es las salvaguardias, medidas de emergencia para proteger la industria nacional, que se ve amenazada ante el creciente aumento de las importaciones de un bien o servicio.

Según el Acuerdo sobre Salvaguadias de la Organización Mundial del Comercio, se permite la implementación de estas medidas siempre y cuando cumplan con las estrictas condiciones contempladas en una medida excepcional, lo que la diferencia de las medidas arancelarias compensatorias o de antidumping.

La imposición de medidas para proteger el mercado, si bien sirven para mantener un equilibrio comercial, se vuelven problemáticas cuando se busca imponerlas por razones diferentes a la protección de la industria afectada y solo con el objetivo de beneficiar a una empresa en específico, lo que va en contra del principio de la “no discriminación” de la Organización Mundial del Comercio.

Tal y como lo establece John H. Jackson en su libro The World Trading System (1989), las salvaguardias tienden a tener un fundamento proteccionista originado, muchas veces, por una presión política y social de corto plazo, lo cual es preocupante, ya que el proteccionismo únicamente busca restringir las importaciones de otros países para proteger a productores nacionales privilegiados.

La implementación de medidas proteccionistas constituye un duro golpe a los principios de apertura comercial entre los pueblos, atentan contra la libre transferencia de personas y mercancías, así como la libre competencia entre productos nacionales e importados, afectando negativamente el crecimiento y bienestar económico de las naciones, así como a los consumidores finales, al aumentar el costo de los bienes y servicios importados.

Por ello, prevalece en el mundo la confianza de que el libre comercio y la libre transferencia de recursos y tecnologías es el camino para el desarrollo económico de un país, por lo que hay que apoyar la eliminación de barreras comerciales y no comerciales que sacrifiquen el desarrollo económico sostenible, la prosperidad nacional y el bienestar de todo un pueblo, a cambio del beneficio de unos cuantos.