Pluma invitada

Navidad 2020

José Miguel Argueta jomiarbo@gmail.com

Un miércoles del 1 de enero la humanidad entera vislumbraba la llegada de 2020. Este maravilloso año en el cual la conjunción de Júpiter y Saturno proveen ese resplandor conocido como estrella de Belén y que empezó a verse desde la Antártida. Esta alineación, que no ha sido vista desde hace ochocientos años, se presenta para nosotros como un mensaje de esperanza.

Este acontecimiento guio a esa maravillosa fe cristiana que nos caracteriza y llena el alma de fervor y confianza. Dejando de lado la amargura por las pestes que azotaron con la misma fuerza que las torrenciales lluvias, hoy nos dejan una despedida de año con una singular paz. Aunque las conversaciones de muchos han cesado por tantos motivos, deseamos continuar la vida sin etiquetas, tras la prueba superada en medio de tanta adversidad.

Esperar con gallardía el día de Navidad es un verdadero mensaje viviente de esperanza, con ese breve hilo de esperanza con que Teseo pudo superar ese laberinto y vencer la maldición que sobre los hombres se cernía. Esa necesidad de sanación del alma permitió alcanzar esa fe cristiana que, lejos de ser externa, se manifiesta en nuestros corazones.

Al ser humano le es imposible evitar lo positivo y lo negativo. No podemos anticiparnos a las cosas y mucho menos a ese dualismo de si lo que ha de acontecer será bienaventuranza o fracaso. No sucede que haya alguien que muestre la salida ni tampoco puede trazarse un balance en la disputa que en retrospectiva ha llenado de duda el corazón de muchos. La fase de agotamiento ha pasado y he recuperado nuevas fuerzas para escribirles.

Por diversos motivos, aquellas personas que abandonarán este mundo en franca confrontación, sin acuerdo, sin fraternidad unos con otros, niegan toda posibilidad de redención y de perdón. Este año termina una oposición y una franca apertura al diálogo y reconciliación en medio de males humanos que mostraron ese amor en medio de serias controversias mundiales.

He aprendido a vivir sin esa preocupación de abandono y con la firme convicción de que los acontecimientos mundiales tuvieron esa magnífica llegada de la esperada primavera de paz para la vida de los que creen y han deseado mal en la última década de una vida. Sin embargo, todos los acontecimientos que nublaron esa visión proba de la vida crearon una versión paralela de lo que acontece, olvidando ese mensaje de genuino y absoluto perdón.
Recojo en pocas líneas un mensaje esperanzador para toda genuina persona que encuentra un verdadero renacimiento del cuidado por el otro. La estrella de Belén sincroniza aquello que estaba separado por más de ochocientos años y que será recordado en las siguientes generaciones en el inicio del siglo XXII, con una serie de experiencias en los próximos ochenta años.

Llega una maravillosa navidad de 2020, sin tropiezos que no sean superables y con esa cálida armonía de buscar el bien para los demás. No he vivido jamás para quejarme de aquellos que abandonan las nobles virtudes de cristiandad. Bendigo a cada uno de mis hermanos guatemaltecos que en medio de incertidumbre nos acompañan en el sendero de la vida hasta el encuentro privilegiado con Dios, nuestro Señor.