Pluma invitada

Nuestros niños sanos y listos (NNSL)

Las cordilleras del altiplano guatemalteco albergan uno de los principales activos que tiene el país. Su milenaria diversidad cultural y lingüística, representada por cientos de comunidades indígenas que han sabido adaptarse a contextos complejos, en armonía con la naturaleza, sin embargo, ahí se esconde parte de los principales problemas que afectan a Guatemala en materia de desarrollo humano: un deficiente acceso a servicios básicos, que se traduce en indicadores alarmantes, como la desnutrición crónica infantil (DCI), que en Quiché y Huehuetenango afecta hasta el 70% de los niños.

Es en estas zonas de gran potencial y enormes desafíos donde el Banco Mundial implementa desde el 2016 el proyecto NNSL financiado con una donación de US$2.75 millones del Fondo Japonés para el Desarrollo Social en conjunto con ChildFund Internacional, Acodihue y la Asociación de Cooperación para el Desarrollo Rural de Occidente (CDRO). El objetivo de este programa es fortalecer las habilidades de cuidadoras de niños menores de tres años en la mejora y el seguimiento al desarrollo físico, cognitivo, social, emocional y lingüístico de alrededor de 4,500 niños en comunidades mam y quichés en el altiplano.

El proyecto se basa en experiencias exitosas, como el modelo de acompañamiento infantil desarrollado en Jamaica a partir de la década de 1970, a través del cual se hacen visitas domiciliares que fomentan el juego y la estimulación temprana, un modelo que mostró resultados positivos en las habilidades cognitivas de aquellos niños que recibieron las visitas durante sus primeros años.

El 65% de los niños que se beneficiaron del proyecto ha alcanzado un nivel de desarrollo adecuado para su edad e interactúan mejor con su entorno. La experiencia internacional muestra que, junto a la dotación de servicios básicos de nutrición y salud, el acompañamiento a estas familias y la exposición a la estimulación desde edades tan tempranas es un aspecto fundamental para asegurar mejores resultados en el desarrollo infantil.

Tuve la oportunidad de viajar a una feria comunitaria organizada por las técnicas y madres guías en Chichicastenango. Me impresionó el entusiasmo de los voluntarios, la ilusión de las madres al escuchar los métodos y las actividades para trabajar con sus hijos, y la creatividad para elaborar juguetes con materiales, locales y reciclados. Lo que más me impactó fueron los testimonios de las madres y capacitadoras: “Desde que empezamos, hemos visto un cambio porque los niños ahora son más activos, juegan más, son más despiertos que sus hermanos que no participaron del proyecto”; “Las madres ahora le dan una importancia a la estimulación oportuna que antes no existía y hemos podido involucrar también a algunos padres”. Son precisamente este tipo de experiencias —adaptadas al contexto local— las que sirvieron para diseñar Crecer Sano, el programa del BM que busca reducir la DCI en Guatemala.

Mientras el proyecto NNSL llega a su fin, el BM continuará apoyando un trabajo de integración de los servicios para la primera infancia en los ámbitos de salud, educación y protección social que brindan las diferentes instituciones gubernamentales. El objetivo es que, más allá de las barreras institucionales, se ponga al niño como centro de la atención.

La aprobación de Crecer Sano permitirá cerrar el círculo de la atención a la infancia. Es decir, desde la concepción, la ventana de los mil días y la educación inicial, de manera que se garanticen más y mejores oportunidades para la niñez guatemalteca, especialmente para aquella que vive en los lugares más lejanos del país.