Pluma invitada

Sentimiento ancestral maya mam

Con los hermanos pueblos originarios nos hemos unido a la cadena digital del tiempo para rendir tributo a nuestros venerables abuelos de Chinabajul, quienes conversando con la nana luna y el tata sol fueron sorprendidos y reducidos a miserable destino en Zaculeu, en nombre de la santa fe y de la ilustre corona española, cuando carroñeros jinetes hundieron su espada en el alma ancestral de nuestros nawales y, en tierra del reino Maya Mam, derramaron la más crasa de sus bendiciones.

Ese recordado día en que lanzaron nuestras costumbres al abismo, condenando y persiguiendo nuestros lugares sagrados a cambio de las epopeyas que los doctrineros en sus iglesias nos enseñaron, para convertirnos en huérfanos históricos y hacernos presa fácil de su cruel vasallaje, ofreciéndonos a cambio del sufrimiento de nuestras familias y de los hijos de nuestros hijos una gloria que a través de los años solo ha servido para perpetuar el culto de nuestra propia desgracia.

Sin embargo, como hijos pródigos de Tepeu y Gucumatz, hemos sido obedientes nada más al Corazón del Cielo y de la Madre Tierra, en nombre de quienes enfrentamos al sediento de oro y plata, al compás de los tambores y nuestra chirimía, testigos de los caros ideales del guerrero Can Ilokab, cuya heroica vida se diluyera en el vértice histórico y perfumado del antiguo Mazatenango y Malacatán, cuando el paisaje se pintó con el puño púrpura de cuilquenses y el coraje del eterno Ixtahuacán.

Hoy, adorado Creador y Formador, peregrinamos para recibir tu bendición en la sagrada Laguna de Chicabal, donde vive tu alma, que se evapora sobre los volcanes Tajumulco y Tacaná, y cubre de rocío las sagradas piedras de Huixtla y Chalajté, allá por el dilatado Soconusco, donde descansa apacible la silueta del reino Maya Mam y donde el sagrado maíz, originario del legendario Paxil, exhibe su plumaje verde y delicado, cual si fuese el verde tornasol de Gucumatz, Nawal del rey Kaibil Balam.

Allí donde el espíritu de nuestros abuelos se impregna de los colores diversos del arco iris, desde donde el Ajaw besa con reverencia la frente de la Madre Tierra, entre el humo del copal y el incienso, y el Ajcap o Chimán hilvana sus rogaciones para armonizar nuestro destino lejos del dolor y la agonía, donde ya no llega a nuestros oídos el tropel del verdugo, quien paso a paso, como trofeo de guerra, exhibe los más variados abusos en las hojas históricas de nuestros pueblos.

Y aunque Tonatiuh pisoteara nuestras costumbres y nos quitara nuestras tierras, jamás pudo robarse el corazón de nuestro pueblo, porque siempre le perteneció al murmullo de cerros, ríos y montañas, que es donde vive nuestro Dador de Vida y Sustento, en cuyo corazón palpitan nuestras tradiciones que hacen vibrar las vértebras sonoras de la marimba, y en la palma de sus manos se arrulla el sentimiento ancestral del palo de hormigo, de los sempiternos montes de los Cuchumatanes.

* Abogado y notario