Ventana

Todavía estamos a tiempo

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

Francis Bacon, eminente filósofo y científico inglés del siglo XVII, habla en uno de sus ensayos sobre el tiempo de Kairos así: “Un hombre debe tomar su oportunidad tantas veces como la encuentra”. ¿Qué significa kairos? Kairos es un dios en la mitología griega. Personificaba la oportunidad, la suerte y los momentos favorables. Para el griego antiguo había dos palabras que le referían el tiempo: Cronos y Kairos. El primero se refiere al tiempo cronológico o secuencial. El segundo significa “un tiempo entre” un momento en un período de tiempo indeterminado en el cual “algo” muy especial ocurre. Mientras Cronos es cuantitativo, el Kairos tiene una naturaleza cualitativa. El tiempo Kairos se percibe como un tiempo de crisis. Es cuando se tiene la posibilidad de participar en una “nueva creación”, se tiene la opción del peligro o de la oportunidad, ¡la oportunidad de construir algo nuevo de lo viejo! “El tiempo del Kairos” enlaza la destrucción del “camino viejo” con la construcción del “camino nuevo”.

Kairos simboliza la medida apropiada que logra la meta. Este dios representa lo que conviene, encaja y viene en el momento adecuado. Algunas veces puede ser el momento crítico o peligroso, pero con mayor frecuencia Kairos representa el momento propicio o favorable… lo oportuno. Es un momento fugaz que aparece y debe aprovecharse o desaparecerá. La reflexión de hoy, sobre “el Kairos,” se debe a que vivimos tiempos inéditos debido a la pandemia del covid-19, que nos obliga a comprender que vivimos en una realidad que tiene dos tiempos: Cronos y Kairos. Quiero poner como prueba irrefutable la insólita recuperación que ha ocurrido en Guayaquil, Ecuador, que pasó de tener 500 muertos diarios por la pandemia a cero durante una semana entera —el 10 de mayo—, y en los últimos 28 días bajó a 1.4 muertos al día. En el tiempo de Cronos la gente no importa, solo la matemática de días y muertos, que es lo que está sucediendo en Guatemala en estos momentos. En el tiempo de Kairos no somos ajenos a la vida y en lugar de resignarnos a ser observadores pasivos, nos organizamos y nos convertimos en guerreros dispuestos a ganarle a la muerte. Pero la gran lección que nos da Ecuador a los guatemaltecos y al mundo es que superaron la disyuntiva entre morir de hambre, quedándose encerrados, o morir por el virus, saliendo a trabajar, porque lograron combinar estas dos medicinas: curar la enfermedad y tener abastecidas tiendas y mercados, y dar apoyo directo a personas de escasos recursos.

¿Cómo ocurrió este milagro? La alcaldía de Guayaquil, cuando todo se veía negro, organizó un Comité Especial de Emergencia que presidió Jaime Nebot, su alcalde, y convocó a empresarios de diversas industrias. Primero “se importó —y luego se fabricó— la hidroxicloroquina, así como otros medicamentos como la azitromicina”. Noboa declaró: “La ganamos, pudimos adquirir los tratamientos, la gente fue cogiendo experiencia, los médicos también, la ciudad también” (Editorial el Periódico, 26.06.2020). “¿Podremos lograr en Guatemala lo mismo que Ecuador?”, preguntó el Clarinero. Lo veo difícil. En Kairos todo lo bueno entra en una sincronía tal que llega a ser un milagro. En Guatemala hay un lado negro, corrupto, que está cubierto de un manto de impunidad que hace que tiempos como estos queden como oportunidades perdidas. Dee W. Hock, el creador de VISA Internacional, en su libro Nacimiento de la era caórdica, dice que las oportunidades perdidas ocurren “Cuando un país pierde los principios y propósitos comunes, cuando pierde su sentido de comunidad, que implica que está en un proceso de decadencia, aunque por un tiempo conserve una imagen de éxito”. Hock dice que esto sucede “porque las personas dejan de creer en sus instituciones y en sus normas sociales, y por ello generalmente asumen una actitud destructiva en nombre de su propio interés”. Ahora ya sabemos que el camino a seguir en cuanto al covid es el de Guayaquil. Hagamos la lucha, porque después nos queda por delante recuperar al país.