Punto de vista

Vientos de cambio en Venezuela

Sadio Garavini di Turno @sadiocaracas

En Venezuela hay una evidente aceleración del “ritmo histórico”. A partir de la elección del joven diputado Juan Guaidó a la presidencia de la Asamblea Nacional y su asunción, por obligación constitucional, de las atribuciones de la presidencia de la República, como encargado, soplan fuertes vientos de cambio. El único verdadero “autoproclamado” es Nicolás Maduro, quien sigue tratando de ejercer inconstitucionalmente la presidencia después del final de su mandato.

Alrededor de Guaidó, la oposición democrática ha reencontrado una fundamental unidad en la estrategia para enfrentar al régimen: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones transparentes y creíbles. El apoyo popular en todo el país a Guaidó es masivo y entusiasta. En cambio, las manifestaciones del oficialismo con milicias y empleados públicos obligados y “transportados” son verdaderamente “escuálidas”. El creciente “goteo” de deserciones entre militares activos y funcionarios diplomáticos es significativo. Se recobró la esperanza en un cercano final del desastre socioeconómico y humanitario, provocado por la incapacidad, la corrupción y las “ideas muertas” del régimen.

Pero lo que quisiera subrayar realmente es el cambio cualitativo en el sistema internacional. Prácticamente toda la comunidad democrática internacional reconoce la ilegitimidad del régimen, a partir del final del mandato presidencial de Maduro, el pasado 10 de enero. Obviamente hay matices, la Unión Europea, cuando manifiesta una posición unitaria, debe lograr el consenso entre 28 países, con diferentes intereses. La presencia, por ejemplo, en el gobierno griego y en el italiano de partidos populistas se refleja en una posición ”tibia” frente al régimen. Pero la mayoría de los principales países europeos se está orientando hacia el reconocimiento de Guaidó como presidente interino.

Las democracias más relevantes del hemisferio occidental ya han manifestado su reconocimiento a Guaidó. En el caso de los EE. UU., en particular, hay que enfatizar que ha habido un verdadero paso del Rubicón: Alea jacta est: “El dado está lanzado” o “La suerte está echada”. El gobierno de Trump ha puesto en juego la credibilidad, imagen y prestigio de los EE. UU. como potencia en el hemisferio occidental. Es difícil ahora concebir que “halcones” como Pence, Pompeo, Bolton, Abrams y el propio Trump puedan aceptar el inmenso costo político y estratégico de un fracaso en Venezuela. Para Trump puede estar en juego su reelección. Florida es un “swing state” fundamental para los republicanos y allí el voto venezolano se ha sumado al cubano. También el influyente senador Rubio se está jugando su propia carrera política. El gobierno colombiano, ya afectado por la inmensa y creciente ola inmigratoria venezolana, después del reciente atentado terrorista del ELN en Bogotá, en conocimiento de que el sur de Venezuela es “santuario”, centro de operaciones y, sobre todo, fuente prioritaria de financiamiento del ELN, con el control de la producción de oro y coltán, entre otras cosas, debe estar planificando su respuesta.

A todo esto habría que agregar el fuerte apoyo que el Brasil de Bolsonaro está dando y podría dar a la oposición democrática venezolana. Por otro lado, Rusia no tiene la capacidad financiera, ni mucho menos la militar que tenía la fenecida URSS, para poder apoyar seriamente a Maduro, y China tiene, sobre todo, intereses económicos comerciales en toda América Latina, no solo en Venezuela, y negociará con quien responda al teléfono en Miraflores.
¡El cambio se acerca!