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Por origen e historia, Jutiapa es xinka

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También Jalapa y Santa Rosa lo son, aunque el racismo de la élite gobernante de este país y círculos urbanos ladinos con ínfulas de superioridad pretendan negarlo. En estos tres departamentos del suroriente está presente el pueblo xinka de Guatemala por el conjunto de valores humanos, religiosos y culturales que inspiran la vida y alimentan las creencias de la mayoría de los ciudadanos. Además, comparten las mismas costumbres y tradiciones ancestrales que se aprecian en sus artesanías, vestuario, alimentos, territorio, organización social y algunos monumentos históricos.

El Censo Nacional XII de Población y VII de Vivienda, cuya primera fase, levantamiento de datos, está llegando a su final, corre el riesgo de hacer invisible la presencia de los xinkas, ya sea porque los censista no hicieron la pregunta sobre la identidad cultural y la autoidentificación o recibieron instrucciones de algún político marrullero o de algún despistado pro minero cegado por la fiebre del oro; o simplemente el nivel de colonización mental y cultural es tan grande en los ciudadanos que les avergüenza autoidentificarse xinkas.

Si esto llegara a suceder, significaría abrir la puerta para poner en marcha el desastre ecológico, humano y cultural más grande de la historia, de la misma magnitud como el provocado en el siglo XVI por la invasión de los europeos sobre los pueblos originarios del Continente. Esto no es una broma ni tampoco una exageración. Es la realidad dura y pura que enfrentan los campesinos hoy.

Los poderosos de este país, presionando a la Corte de Constitucionalidad e intimidando a los campesinos del brazo de algunos operadores de justicia venales, ya están actuando con “premeditación, alevosía y ventaja”, ajotados por un gobierno inepto en contubernio con una élite empresarial mercantilista, a quienes no interesa absolutamente nada la vida, salud y desarrollo integral de estos pueblos sino el afán de lucro en su insaciable avaricia. No aprendieron las nefastas lecciones de la Mina Marlin en San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos, donde dejaron una población empobrecida y vulnerable.

En esta desigual lucha los xinkas prácticamente están solos. En las instituciones públicas los burócratas de cuello blanco y cara pálida los tratan con desprecio e indiferencia, hasta se burlan y les da fastidio verlos llegar vestidos humildemente, pero con la frente en alto y firme convicción para plantear sus legítimas demandas sin miedo y con claridad. Ya no agachan la cabeza en actitud sumisa y servil. Se han empoderado y arriesgan hasta la vida por amor a sus hijos y a la madre tierra. El campesinado xinka está mostrando más altura ética, dignidad y sabiduría que las autoridades del país. Ciertamente “el estudio no quita tonteras”.

Cuentan tan solo con el respaldo de un sector de la Iglesia que asume la perspectiva del papa Francisco diseñada en Laudato Si y de aquellas organizaciones de la sociedad civil empeñadas en la defensa y promoción de los derechos individuales y colectivos contemplados en el Convenio 169 de la OIT y otros instrumentos jurídicos signados por Guatemala.

Las universidades de san Carlos y del Valle, ante una solicitud de la CC, después de estudios antropológicos realizados independientemente, concluyeron afirmando la presencia xinka en la zona. La USAC sostiene que los ciudadanos se autoidentifican xinkas “porque conservan prácticas agrícolas tradicionales, emplean plantas medicinales y terapias médicas alternativas distintas a las de la biomedicina o en combinación con esta. Asimismo, la gastronomía regional, cierta manera de vestir (sobre todo de las mujeres) y una manera particular de hablar (léxico y entonación) también son aspectos que les caracterizan”. (Jody García, Nómada.gt).

pvictorr@hotmail.com