De mis notas

Protesta con propuesta

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Como en los tiempos pretéritos, que no se ose plantear el concepto, el argumento, la idea contraria, porque, o eres brujo del monte, miembro de la oligarquía de Salem, blasfemo y adepto de las herejías inconfesables, o un comunista con vasos comunicantes directos con los tiranos bolivarianos del siglo veintiuno, veintidós y veintitrés.

Y la maña de meter a todos dentro de un mismo saco se hace patente. Si uno por allá,dice algo, todos lo dijeron y el argumento se hace viral en la redes. Los gritos se consignan a la misma garganta y el remitente se convirtió en voz grupal, aunque el comentario sea una crasa impertinencia.

Se perdió el debate y se convirtió en pleito de locatarias: “Comunistas relamidos, oenegeros mercenarios, izquierdosos asquerosos…. Fascistas oligárquicos, empresarios corruptos, radicales de la extrema derecha, amigos del statu quo.

La lista es larga y tediosa. Y el debate se perdió.

El resultado ahora es una polarización frívola y visceral.

Eminentes constitucionalistas, de esos que todos reconocemos como doctos y académicos rigorosos, han compartido sus dudas en relación a las reformas constitucionales, especialmente en lo atinente al Consejo Nacional de la Justicia y los derechos indígenas.

Hay observaciones de fondo y forma: una redacción ambigua, enmiendas constantes que nadie conoce y, últimamente, incluso amagues de volver a tocar el derecho indígena para despertar los demonios del cotarro.

En la periferia de las consignas vocingleras, el tema de fondo no se aborda: que el país necesita de un sistema de justicia, republicano, eficiente, expedito y transparente, producto de una verdadera reingeniería interna, entre las cuales, “una” de las posibilidades son las reformas constitucionales.

Existen varias propuestas serias que están guardando el polvo desde hace varios años y nadie les ha puesto un ápice de atención.

No es cierto afirmar que estas reformas fueron discutidas y consensuadas en aquellas mesas de discusión hace unos meses con representantes de la “sociedad civil” en donde se recogieron, analizaron y validaron las mismas.

No hubo tal cosa. No hubo una validación consensuada, ordenada.

Se descartaron muchas de las propuestas. Y en los últimos días han circulado varios borradores, al punto de que cuando un persona se pronuncia por uno de ellos resulta que ya no tiene validez porque se ha modificado.

Para una ley que tiene tanta trascendencia, con externalidades políticas, jurídicas y constitucionales de tanta envergadura, una factura de Q300 millones y toda la polarización que eso implica, la prisa resulta ser la madre de todos los problemas.

Ahora, en una carrera contra el tiempo por el descanso del Congreso “hasta agosto” —y porque hay muchas presiones a favor y en contra—, esta es la hora en la que no existe un borrador final en la página del Organismo Legislativo.

Eso no ayuda al debate. Tampoco ayuda que de la noche a la mañana se vede el ingreso al palco porque “la estructura del Congreso está dañada”.

Eso crea la misma suspicacia que se suscitó cuando el tablero del hemiciclo “misteriosamente” dejó de funcionar el día de la votación.

Debate, transparencia, propuesta. Tres acérrimos enemigos de la prisa.