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Que regrese o que renuncie

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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CicigIván Velásquez

Cuando en plena conferencia de prensa de la Cicig y el MP irrumpió el entonces alcalde capitalino Álvaro Arzú para escuchar personalmente los señalamientos  en su contra, fue el parteaguas “oficial” de un ataque frontal a Iván Velázquez. Con su actitud desafiante, Arzú se convirtió en ese momento en el líder que necesitaban quienes no estaban de acuerdo con la gestión de la Cicig.

Ese día, Velázquez dejó ver su vulnerabilidad ante un hombre que estaba dispuesto a luchar con todo para sacarlo del país. Arzú había demostrado que no le tenía miedo, mientras el comisionado no fue capaz de poner en su sitio a quien lo atacaba e insultaba públicamente. Cauto o no, su actitud dio lugar a que ese día iniciara la cuenta regresiva para terminar la estadía de la Cicig en Guatemala.

Desde entonces, el grupo antiCicig demostró unidad y trabajo en equipo, invirtiendo mucho dinero en call centers, cabildeo internacional y relaciones públicas; desde la partida de Iván Velázquez se empoderó más, tomando acciones estratégicas ha debilitado cada día más a la institución. Esto ha ocasionado un desánimo a nivel general, por el gran retroceso que hubo en cuanto a la lucha contra la impunidad.

Mientas, quienes simpatizan con la Cicig han trabajado en forma dispersa. Lo triste de toda esta situación es que, si bien es cierto que en este grupo también hay personas con intereses perversos o gente de izquierda que vive del conflicto, también había personas sinceras que se quedaron solas en su lucha, sin el apoyo de un líder que los respaldara dentro del país. No es justo haber abandonado a las personas que desde el inicio apoyaron este proyecto y que ahora muchos de ellos han sido víctimas de despidos, persecución y marginación.

Un buen líder nunca abandona a sus seguidores, no se puede hacer un trabajo de esa índole a control remoto, si el comisionado Velázquez no quiere regresar al país o la ONU no se lo permite, por resguardar su seguridad, entonces sería más digno renunciar y dejar que el tiempo que le queda a la institución en Guatemala —casi nueve meses— pueda ser dirigido por otro comisionado. Existen fiscales antimafia de primer nivel que podrían hacer un trabajo excepcional aquí. Recordemos que las instituciones son mas importantes que las personas. Y si Velázquez ha sido respaldado por la CC para retornar al país y no lo hace, entonces es mejor que renuncie y de oportunidad a otra persona.

La situación actual para Guatemala es terrible, este no es un clavo de derecha o izquierda, estamos poniendo en juego el futuro del país con un presidente que toma acciones arbitrarias, tales como lanzar advertencias a la comunidad internacional empecinado en prohibir el ingreso de Velásquez, bloquear la visa a varios funcionarios de la Cicig, tratando de atemorizar al procurador de Derechos Humanos y a tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad.

La otra cara de esta historia es muy diferente. Gran parte de la población desea la continuidad de la Cicig en el país, conclusión de la encuesta hecha por el exitoso empresario guatemalteco, cofundador de Duolingo, Luis von Ahn, que reveló que el 75.3 por ciento aprueba el trabajo de la Cicig y el 24.7 por ciento lo rechaza.

“Esto no se acaba hasta que se acaba”, no hay que cantar victoria, muchas cosas pueden pasar. Está por publicarse la lista de funcionarios y particulares ligados a casos de corrupción y la aplicación de la Ley Magnitsky, hay temor por todo lo que esto conlleva y, aunque desde su creación la Cicig tuvo aciertos y errores, la voluntad de la mayoría es que continúe la institución, por lo que debe llegarse a un acuerdo que beneficie a todos.

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