Catalejo

Razones para derrota del FMLN por Arena

Mario Antonio Sandoval

Antes de comentar los resultados de las elecciones municipales y congresiles del partido gobernante FMLN, ganadas por el conservador partido ARENA, debo hacer una crítica a la prensa y a los analistas guatemaltecos, incluyéndome, porque nadie hizo un solo trabajo periodístico al respecto de esos comicios. Fue hasta el domingo cuando por los medios internacionales de prensa nos enteramos de la victoria de la oposición, resultado causante de posibles efectos posteriores, como las elecciones anteriores de Honduras, por las maniobras a favor del oficialismo, y ahora de Costa Rica por la fuerza electoral alcanzada por un candidato-pastor, mezcla terrible conocida en Guatemala.

En resumen, luego de los acuerdos de paz, en tres gobiernos seguidos triunfó la derecha, con Arena, y luego en dos ocasiones los salvadoreños votaron por el FMLN. En ambos grupos hubo corrupción y errores políticos de todo tipo, pero en este gobierno encabezado por el comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén, los tiempos habían cambiado en cuanto a la aceptación ciudadana de las lacras políticas. Las investigaciones llevaron a la cárcel a Francisco Flores, quien luego falleció, y a Antonio Saca, que tiene programado un juicio para abril y también está acusado Mauricio Funes, refugiado en Nicaragua. Eso disminuyó el apoyo de los salvadoreños, quienes además se disgustaron con la falta de cumplimiento de las promesas y decidieron regresar el apoyo a Arena, aunque ello —a mi juicio— es una acción ajena a estar de acuerdo con ese partido.

Es importante recordar la organización de Arena, su base ideológica, la capacidad de renovar a las dirigencias, con lo cual se diferencia de los partidos guatemaltecos, verdaderas hordas supuestamente unificadas por un líder, cuya ausencia o derrota las desintegra. También se debe señalar la pronta aceptación del gobierno de la derrota. En realidad esa era su única opción: la ciudadanía salvadoreña sí ha tomado en cuenta acciones de dirigencia anclada en el tiempo de la Guerra Fría, como votar por Venezuela en la ONU, tener amistad con las FARC colombianas, arriesgar los beneficios obtenidos por quienes radican en Estados Unidos, hacer pactos con las maras, además del mal estado de hospitales y escuelas. Demasiados errores.

En El Salvador se cumplió lo ocurrido en todos los gobiernos guatemaltecos. Salen a patadas por las urnas, vía por la cual también entraron, como resultado de haber demostrado su incapacidad, estupidez y mala fe. Un factor adicional es la participación minoritaria de los electores en los comicios previos a los de Morales, y en El Salvador, de los anteriores a estos. Eso demuestra el cansancio de la población. Si se mantienen propósitos revanchistas, otra vez se demostrará la poca capacidad de los políticos, sin importar su signo. Sería trágico para el país vecino caer en el tin marín partidista de Guatemala, porque ello lleva, sin ninguna duda, a la caótica situación chapina basada en la corrupción, causa principal de la crisis actual.

Los políticos del Istmo deben entender los cambios derivados de las generaciones jóvenes, ajenas a los conflictos armados, y también a la imposibilidad de retroceder la Historia. Si no se avanza hacia una posición de alguna manera balanceada entre los extremos ideológicos de hace dos o tres décadas, solo habrá retroceso y el desarrollo no podrá llegar nunca. Por eso cuando en Guatemala alguien menciona siquiera empuñar las armas, o pasar por encima de quienes tienen la osadía de pensar diferente, se abre la puerta al retroceso. Los guatemaltecos no debemos ver la situación política salvadoreña como una curiosidad lejana. Las maras, aumentadas a causa de deportaciones por Donald Trump, tienen en Guatemala una posibilidad de expansión.