Scholas ocurrentes

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

Él quiere que se le busque como quien es en realidad, la Verdad auténtica sobre lo humano y lo divino. Cierto: esa búsqueda sincera de Dios escapa a la comprensión de los reaccionarios ateos como Máximo Gorki (1868-1936): “La búsqueda de Dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe.

A los dioses no se les busca, se les crea”. En cambio, los sencillos de todos los tiempos, no han cesado nunca de buscar a Jesús en los últimos 21 siglos; pero ya no por una mera necesidad de “signos prodigiosos” de los que ofrecen tantos predicadores milagrosos sino por la necesidad de un alimento, de una curación más intensa, que vienen de la ingente ansiedad humana por la Verdad (con mayúscula, pues se refiere a Cristo mismo, Camino, Verdad y Vida).

La noble iniciativa del Papa Francisco de crear “redes” entre los centros educativos del mundo para apoyar a todos aquellos que carecen de una “verdad integral”, es una respuesta loable, solidaria, en un mundo donde se ha “globalizado todo producto comercial” menos la comunicación de los valores.

“Scholas ocurrentes” se puede traducir como “escuelas de encuentro”: instituciones, deporte, familia. Los avances educativos actuales parecen haber “vencido” en buena parte el analfabetismo de estadísticas; pero solo “en apariencia”, valga la redundancia. Ya hace algunos años, los informes de la Unesco vienen señalando el fenómeno de “tener muchos doctorados o maestrías técnicas” y ser “analfabeta en lo humano”: en el sentido de los valores esenciales de reconocimiento de la persona y su dignidad inalienable, diseñada por Dios, creador del hombre.

“Buscar a Jesús” se traduce hoy, especialmente para los más pobres, mucho más allá de la satisfacción de analgésicos: se trata de enfrentar el triste hecho de que pueden abundar los recursos educativos “sobre cosas técnicas” a la par de la difusión de la violencia, la droga, la angustia existencial, y el no saber para qué se vive y cuál es la misión personal en el escenario de la historia.

El Santo Padre propone educar en un diálogo “intergeneracional”: que los padres hablen con los hijos, que no estén simplemente a su lado “viendo la tele”, sino entrando en su mundo, en sus anhelos. Una “alianza entre la familia y la escuela” para que no se delegue equivocadamente la “instrucción” en conocimientos al aula, sino que la misma familia sea “escuela de respeto, de misericordia, de diálogo”.

Que todos aquellos que sienten el noble compromiso de afrontar lo que llamaba el Papa Benedicto XVI una “emergencia educativa” se apunten (¡nos apuntemos!) con misericordia y valor hacia las jóvenes generaciones, pues el “buscar a Jesús” invita hoy a encontrarle como Verdad imprescindible para todo lo auténticamente humano.