EDITORIAL

Sentido llamado a la humanidad

La encíclica Laudate Si, que lanzó al mundo el papa Francisco el pasado jueves, constituye un verdadero reto en relación con el desastre ecológico que vive el planeta, pero más oportuno no podía ser para los guatemaltecos, dado el drama que se vive en las márgenes del río La Pasión, afectado por un envenenamiento atribuido a plaguicidas o fertilizantes irresponsablemente usados y cuya mayor pesadilla se ha vivido en Sayaxché, Petén. A la mortandad de especies acuáticas se suma ya el efecto en la economía y la salud de decenas de poblados para los cuales este caudaloso afluente es fuente de agua y alimento.

Inspirado en San Francisco de Asís, de quien toma precisamente su nombre pontificio y a quien reconoce como uno de los grandes precursores de la ecología, el Papa dice: “Si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos”, con lo cual desnuda el egoísmo y la prepotencia con que numerosas industrias desdeñan la conservación y aprecio de los recursos.

El documento es una reflexión profunda, llena de conocimiento, que evidencia las pasiones y ambiciones a las cuales está expuesta la naturaleza humana y la necesaria reflexión que debe hacerse acerca de las actitudes y acciones cotidianas con las que también se daña el único hogar que tenemos y que poco valoramos.

En la más reciente tragedia de Petén han aflorado nuevamente las debilidades del Estado, pues incluso autoridades e instituciones encargadas de la investigación han sido incapaces de determinar cuál es la composición química que provocó el ecocidio, en tanto que las empresas sospechosas actúan con parsimonia para aclarar lo que pudo haber ocurrido y tomar medidas serias que garanticen que esta lamentable situación no se vuelva a repetir, casi como si no les importaran los más de cien kilómetros de trayecto fluvial que han sido impactados por la expansiva ola venenosa.

El reto que lanza el Papa al mundo no es nuevo, pues otras instancias han advertido sobre los riesgos que corren la flora, la fauna y los ecosistemas en diversas partes del Globo, pero dada su autoridad moral y bien ganada popularidad, Francisco es una voz autorizada para elevarse contra el abuso de las grandes compañías que imponen sus reglas y aun aquellas medianas que se resisten a cumplir mínimas normas de responsabilidad, como se puede constatar muy cerca de la capital, con la agonía del Lago de Amatitlán.

En esta nueva encíclica se insiste: “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y comunión… Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos”.

Una exhortativa que tiene tras de sí el mensaje de que si no es posible que cuidemos el planeta para nosotros mismos, debe surgir una motivación decisiva al pensar qué es lo que se les heredará a nuestros hijos y nietos.