MIRADOR

¿Vale más lo malo conocido…?

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

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Pedro Trujillo

La segunda vuelta electoral se llevará a cabo entre Sandra Torres y Jimmy Morales, con sus correspondientes binomios vicepresidenciables. Al respecto, muchas elucubraciones se han hecho sobre el potencial caudal de votos que puede tener cada uno. De un lado, Morales contará con los que obtuvo y seguramente muchos otros procedentes de partidos pequeños. Torres sumará los suyos y un porcentaje de quienes votaron a Líder, todo ello sobre el supuesto de circunstancias similares a las del pasado día 6 del presente. Sandra necesita más los votos de Baldizón que Jimmy los de otros, lo que refuerza la hipótesis de que decida acercarse al petenero para negociar, aunque esta posibilidad ha sido negada por ambos en múltiples ocasiones.

¿Por quién votar?, se pregunta el ciudadano. Y es que las dos opciones tienen sus dimes y diretes. Jimmy es un inexperto, un neófito de la política, y carece, al momento, de equipo sólido e infraestructura partidaria. En todo caso, eso es superable, puesto que los equipos se conforman y la maquinaria se pone en marcha en la medida que se consolida el liderazgo. No debe haber problema en ello, aunque no sea la base de partida idónea para comenzar un gobierno o pedir un voto de confianza. Sandra cuenta con la experiencia del pasado, pero también con el recuerdo del votante, en ocasiones sumido en un fondo grisáceo que nubla el entendimiento. Fue la promotora de los programas sociales que terminaron siendo clientelares. Su partido (UNE) —o su gobierno— incluyó a figuras como Baldizón y Barquín, ahora pendiente de proceso; a la señora Blanco Lapola, acusada de ejecución extrajudicial; al ministro de Defensa Abraham Valenzuela, cesado en un incidente no aclarado, con llamadas de por medio a grupos de narcotraficantes y aquel episodio del divorcio exprés, fraude de ley que castigó en su momento la justicia y la ciudadanía, además de otras situaciones similares.

No quiero demeritar a la candidata Torres, pero sí aclarar que ese dicho de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” dudo que sea aplicable a la política. La experiencia de haber gobernado en un país donde la corrupción es la práctica, parece ser mal activo para incluir en un historial de vida. No creo mucho en The Matrix Reloaded o reinventos similares. La esencia del ser humano es la que es y muchas veces toma cierta apariencia para poder ser… la que es. ¡En eso no se cambia mucho!

Vivimos una revolución (quizá a la Tortrix) o un despertar primaveral, como otros lo han denominado, y me parece que ya que estamos intentando salir del lodazal, sería bueno no mirar mucho hacia atrás y apostar por algo nuevo, aunque admito que un tanto a ciegas. Como ciudadanos hemos arriesgado mucho —demasiado—, y lejos de ser conservadores hay que lanzarse a por todas en la convicción de que saldremos triunfantes de este reto que nos hemos impuesto.

Muchos escondidos: sindicados tradicionales y los grupos de presión habituales, querrán cooptar e hipotecar a los candidatos. Unos ya tienen experiencia de negociación con ellos; recordemos a Álvaro Colom y Joviel Acevedo negociando sobre un bus, o los negocios de las farmacéuticas y del Transurbano en tiempos de la UNE.

En una situación normal creo que no votaría por ninguno, pero no estamos en un escenario así. Me quedo más tranquilo con zapatos nuevos, aunque aprieten, que con zapatillas desgastadas que terminan por dañarme todo el pie, y la espalda. ¡Si celebramos felizmente la Independencia, mejor independizarse de una vez por todas!

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