Ganadores y perdedores en las monedas de Centroamérica durante la pandemia

La pandemia dejó secuelas en la economía mundial, si bien no con la profundidad que se esperaba, pero sí con caídas del -3.8% del PIB mundial y del -6.1% en promedio de los principales socios comerciales de Guatemala.

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Monedas como el quetzal, lempira y córdoba sortearon mejor la emergencia originada por el covid-19. Foto: Hemeroteca Prensa Libre
Monedas como el quetzal, lempira y córdoba sortearon mejor la emergencia originada por el covid-19. Foto: Hemeroteca Prensa Libre

En América Latina causó la peor crisis en los últimos 120 años, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En este contexto, las monedas centroamericanas dieron una nueva prueba histórica de su resiliencia al sostenerse, en general, sin cambios profundos.

A la larga historia de conflictos armados, golpes de Estado, terremotos y tormentas se sumó una pandemia cuyo impacto fue similar al de una tempestad en medio del mar de la cual, en su inmensidad, las pequeñas barcazas de bandera centroamericana consiguieron mantenerse en la superficie y, lo más importante, avanzar en las inciertas pero prometedoras aguas del horizonte del 2021.

Si bien el colón costarricense y el peso dominicano cerraron 2020 con devaluaciones respecto del dólar de Estados Unidos, de 6.28 y 9.91%, respectivamente, en comparación a diciembre de 2019, la caída no fue tan severa como la experimentada por otras monedas latinoamericanas (37.65% del peso argentino y 25.15% del real brasileño), en momentos en que también el dólar estadounidense se debilitó.

El quetzal conservó su constancia con un descenso de 1.43% y el lempira hondureño se apreció en 2.07%, según datos del Consejo Monetario Centroamericano (CMCA) con base en los datos de los bancos centrales de los países de la región. A su vez, el córdoba nicaragüense sufrió una variación negativa de 3.21% que obedece a su propia política cambiaria. En el caso de El Salvador y Panamá, su rumbo está regido por el dólar de EE. UU.

En este marco, destaca el papel relevante de los bancos centrales de cada país, que se erigen como gigantescos guardianes de armadura impenetrable que velan por la seguridad y estabilidad de sus monedas, teniendo en el centro de su celosa mirada el nivel general de precios a fin de que la variable cambiaria no incida y cause inflación.

“Los bancos centrales de la región suelen tener como principal objetivo la estabilidad de precios; es decir, que la inflación sea baja y estable en el tiempo”, hace ver Domingo González Hidalgo, secretario ejecutivo del CMCA.

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Esta estrategia se deriva de la relación entre dinero e inflación, la cual es determinante en la economía. Esto, porque se considera que la principal consecuencia de la inflación es la pérdida de poder adquisitivo de la moneda.

De ahí que los bancos centrales ejecutan acciones para “mantener un equilibrio en el mercado de dinero consistente con la estabilidad de precios”; es decir, “que la oferta y demanda de dinero en la economía estén relativamente equilibrados”, explica González.

En el caso de Guatemala, Sergio Recinos, presidente del banco central, precisa que la institución, de acuerdo con los lineamientos de su órgano rector, la Junta Monetaria, tiene “el objetivo explícito de mantener la estabilidad en el nivel general de precios” con una política monetaria dedicada “exclusivamente” a que se cumpla con la meta de inflación.

Recinos hace hincapié en que Guatemala fue “pionero en la región” en implementar este esquema monetario de manera oficial, y que otros países han adoptado o están en proceso de implementar esquemas de metas de inflación. Cita los casos de Costa Rica, República Dominicana y Honduras.

Para González, cada país ha manejado “con relativo éxito la estabilidad de precios, en tanto que la inflación se ha mantenido baja y estable por tiempo extendido, incluso en momentos de crisis a nivel internacional, como sucede en la actualidad”.

Por eso, resalta la “gran resiliencia” de los bancos centrales en la implementación de una política monetaria y cambiaria en apoyo a las políticas gubernamentales para enfrentar la pandemia y apoyar los sistemas financieros, la producción y el consumo, en circunstancias demarcadas por el “shock sanitario internacional”.

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Vientos de inflación

Los resultados de la política por el control inflacionario fueron, en general, acertados. Guatemala cerró a diciembre con una tasa del 4.82% (superior a la registrada en 2019, de 3.41%, pero dentro de la meta de 4.0% +/- 1 punto porcentual -pp-); Honduras con tasa del 4.01% (más baja a la de 2019, de 4.08%, pero en el rango previsto de 4.0 +/- 1 pp); Costa Rica finalizó con 0.89%; mientras, Nicaragua lo hizo con una tasa del 2.93%, inferior al 6.13% de 2019. El Salvador y Panamá obtuvieron una variación negativa del indicador con tasas de -0.09% y -1.96%.

El único país que no logró un buen resultado fue República Dominicana, al haber cerrado con una tasa del 5.55%, superior al 3.66% en 2019 y arriba de la meta establecida de 4.0 +/- 1 pp. No obstante, el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) informó en enero que la inflación interanual cerró el 2020 en 4.63%, según la serie analítica de la nueva base referencial, dentro del rango de la meta establecida en el Programa Monetario.

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Monedas sólidas

Este manejo por parte de los bancos centrales, relativamente exitoso, permite que las monedas de la región conserven su estabilidad, sin que por esto deban considerarse como “fuertes” o “duras”, como sí corresponde con el dólar estadounidense o el euro.

El quetzal, creado como nueva unidad monetaria mediante la Ley Monetaria y de Conservación en noviembre de 1924 con igual valor a un dólar de los Estados Unidos, y cuya creación dio paso a la fundación del Banco Central de Guatemala, es actualmente un referente en la región.

Recinos refiere, con cautela, que, en efecto, el quetzal ha sido “una de las monedas más estables y sólidas de la región”.

Así se interpreta el valor que conserva al inicio del año y que equivale a 3 lempiras hondureños, 4.50 córdobas nicaragüenses, 7.46 pesos dominicanos y 79 colones costarricenses. Esta cotización le permite situarse, junto al dólar estadounidense adoptado por El Salvador y Panamá, como una moneda líder en el Istmo.

La moneda nacional no está exenta de turbulencias. Ricardo Rodríguez, analista económico sénior de la Central American Business Intelligence (CABI), señala que sí hubo países donde se observó un movimiento importante en el tipo de cambio en 2020. Guatemala es uno de ellos. En noviembre y diciembre últimos se registró un alza “no tan fuerte” (Q7.81 por US$1), pero “el más alto en cinco o seis años”. Por eso, lo considera “relevante”. El 25 de marzo pasado llegó a Q7.93, lo que considera que se trató de un día puntual, que no perduró. “El Banco Central entró a intervenir ese mismo día y lo normalizaron para el día siguiente”, explicó.

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Condición ventajosa

En el corto plazo, el quetzal no enfrenta amenazas de una devaluación profunda y en parte tiene que ver con el tamaño de la economía del país. “Estas economías suelen tener mercados cambiarios pequeños y poco líquidos y profundos, lo cual los hace vulnerables a cambios relativamente pequeños en los flujos de divisas”, precisa Recinos.

“La participación del Banco de Guatemala en el mercado cambiario ha sido efectiva para moderar la volatilidad del tipo de cambio, sin modificar la tendencia de dicha variable, dado que se basa en una regla transparente y simétrica, que permite que los agentes económicos perciban que el Banco Central no persigue un objetivo cambiario”, sino propiciar una inflación “baja y estable”.

Los economistas y expertos en planificación financiera no ven riesgos de que el quetzal pueda depreciarse, al menos en el futuro inmediato, por lo que hasta lo sugieren como medio de inversión en depósitos a plazo con bancos locales.

“La tasa que se recibe en quetzales es levemente mejor que en dólares y demuestra la baja expectativa para los agentes del mercado de una devaluación”, indica Carlos Enrique

Newbill, gerente de Inversiones de Grupo Progreso y catedrático de Mercado de Capitales en la Universidad Francisco Marroquín y en la Escuela de Negocios.

Herencia con valor

Con frecuencia, los signos monetarios de un país representan momentos cruciales de su historia o factores sobre los que se ha formado su cultura. El quetzal, signo monetario de Guatemala, tiene la particularidad de inspirarse en el ave símbolo nacional, pero más allá, su adopción como tal en 1924 tiene un fundamento real.

“En Guatemala, los mayas utilizaron como moneda plumas de quetzal, sal, obsidiana, piedras preciosas, jade y, en especial, el cacao”, anota en su sitio web el Banco de Guatemala. Este dato relacionado con las plumas de quetzal es, en general, poco recordado por los guatemaltecos.

De igual manera, el lempira, signo monetario de Honduras, surge del nombre de un cacique hondureño, “Señor de la montaña”, que se opuso a los conquistadores españoles y es sinónimo de orgullo nacional.

El córdoba, signo monetario de Nicaragua, fue nombrado así en honor a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de Nicaragua, en tanto que el colón costarricense se origina en 1896 y debe su nombre al almirante Cristóbal Colón, el primer europeo que llegó a América.

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El Salvador y la dolarización

Este país cumple este año una década desde que optó por adoptar el dólar de Estados Unidos como moneda oficial, lo que equivalió a su renuncia a aplicar una política monetaria y cambiaria independiente. La medida no registra mayores efectos negativos, pero tampoco en extremo positivos, según Ricardo Rodríguez, analista económico sénior de la Central American Business Intelligence (Cabi), quien se declara no partidario de la dolarización.

Rodríguez justifica la decisión de El Salvador porque el tipo de cambio “se estaba saliendo de las manos”. La renuncia a su propia política monetaria y cambiaria tiene inconvenientes como que el Banco Central queda “con las manos atadas” para responder en momentos críticos, expone Rodríguez al comparar cómo, por iniciativa del Ejecutivo y con la aprobación del Congreso, el Banco de Guatemala inyectó Q11 mil millones para los programas de alivio económico frente al impacto del covid-19, una acción que El Salvador no tuvo a su alcance porque el único autorizado para emitir dólares es la Reserva Federal de Estados Unidos.


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