Juventud guatemalteca en la incertidumbre

El bienestar, la participación y el empoderamiento de los jóvenes son impulsores clave del desarrollo sostenible y la paz en todo el mundo.

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Guatemala y Honduras son los países de Centroamérica que poseen el mayor bono demográfico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)
Guatemala y Honduras son los países de Centroamérica que poseen el mayor bono demográfico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

La juventud tiene la creatividad, el potencial y la capacidad necesarios para desencadenar cambios para ellos, para sus comunidades, y para el resto del mundo. De acuerdo a consultas realizadas por la Unesco con jóvenes de ambos sexos y en todo el mundo, ellos piden el respeto de las libertades y los derechos fundamentales, mejores condiciones de vida y oportunidades de aprender, trabajar y participar en las decisiones que los conciernen. Al mismo tiempo, debido a las persistentes crisis, deben hacer frente a graves problemas que afectan aspectos importantes de sus vidas.

Más que nunca, es el momento de aumentar la inversión en la juventud con miras a crear un entorno propicio y basado en los derechos donde los jóvenes puedan prosperar, recuperar la esperanza y el sentido de la comunidad y comprometerse como actores sociales responsables e innovadores.

El 12 de agosto se celebró el Día Internacional de la Juventud, dedicado a escuchar las voces de la juventud sobre sus planes de vida, su compromiso con sus comunidades y sociedades y sus esperanzas para participar de manera plena en los procesos políticos, económicos y sociales, y acceder a sus derechos.

Nuestro país tiene grandes oportunidades y desafíos ante las posibles consecuencias socioeconómicas de la pandemia. Por ello es urgente recordar que un tercio de la población guatemalteca es joven y representa el bono demográfico que se extenderá hasta el año 2050. Pero para que el potencial de la juventud se desarrolle y su participación sea posible en el crecimiento económico de Guatemala se requerirá de mayor atención del Estado para generar oportunidades educativas y laborales.

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Sin embargo, el acceso a la educación sigue siendo una barrera para el desarrollo de las competencias para la vida de la juventud ya que, en promedio, a nivel nacional, solamente 4 de cada 10 estudiantes se matricula en secundaria básica y 2 de cada 10 en diversificado, y menos del 10 por ciento llega a la universidad.  Los porcentajes en áreas rurales, para los jóvenes indígenas y las mujeres son significativamente menores.

De acuerdo al Censo de Población 2018, más de la mitad de los jóvenes del país no asiste a servicios educativos, con lo cual aproximadamente 2 millones de jóvenes no se están preparando para afrontar los retos del futuro. Las razones son diversas, pues van desde la falta de dinero, la necesidad de trabajar, no contar con oferta educativa o maestro, por una enfermedad o discapacidad. En el caso de las mujeres, destaca que deban realizar quehaceres domésticos y de cuidado y los embarazos y uniones tempranas, entre otras.

Las barreras para la inserción laboral de la juventud se relacionan con su baja cualificación para el trabajo y la escasa oferta de empleos en sus comunidades, por lo que en su mayoría participa más ampliamente en la economía informal y labores agrícolas, espacios en los que generalmente no logran la movilidad social con la que sueñan para su vida.

A nivel mundial, la tendencia es que los jóvenes devengan salarios menores que los adultos, en particular las mujeres, y son más vulnerables a perder sus empleos durante la pandemia. De acuerdo con la OIT, uno de cada seis jóvenes en el mundo ha perdido su trabajo durante el confinamiento. En Guatemala, solamente el 25 por ciento de los jóvenes contaba con un empleo antes de empezar la crisis y aún no se tiene certeza de la situación post pandemia.

El riesgo en el momento actual es que, de no tomarse las medidas adecuadas para apoyar a la juventud guatemalteca, los sueños de una generación se vean frustrados al no encontrar las vías para construir su futuro.

El sistema educativo debe fortalecer la educación técnica y vocacional de los jóvenes para que puedan afrontar su futuro. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández

Para brindar oportunidades a los hombres y las mujeres jóvenes que no han podido acceder a la educación y a quienes sí están estudiando, el sistema educativo debería fortalecer prioritariamente la educación técnica y vocacional, así como al Subsistema de Educación Extraescolar o alternativa, con la función de dar una segunda oportunidad a la juventud que por factores diversos se vio obligada a abandonar o a no matricularse en la escuela. Esto conllevaría la creación de nuevos programas flexibles, contextualizados e innovadores para todos los niveles que podrían apoyarse en los nuevos aprendizajes de la educación a distancia y en la experiencia de programas existentes con buenos resultados. Se requiere realizar un esfuerzo de la sociedad para construir el engranaje entre la oferta educativa y la laboral que facilite la inserción social y productiva de la juventud.

La crisis ha provocado un llamado internacional a realizar transformaciones profundas de la educación para que responda a las necesidades de formación de los estudiantes con un sentido más humanista, relacionado con la vida, el cambio climático y el desarrollo sostenible. También se ha evidenciado la necesidad de desarrollar competencias para una nueva etapa de revolución tecnológica, además de educar en ciudadanía y para afrontar la incertidumbre ante nuevas transformaciones de las sociedades y del mundo laboral.

Los jóvenes deben ser actores de esas transformaciones, contribuyendo con sus ideas, aspiraciones y recuperando la confianza en las posibilidades que la educación ofrece para su vida. Para ellos, según lo han expresado, la incertidumbre sobre el futuro se basa en cuestiones prácticas: oportunidades de empleo y de educación técnica y laboral.

Se hace urgente desarrollar las competencias de los jóvenes para el trabajo y el emprendimiento. Los gobiernos de todo el mundo están abordando las posibles consecuencias a mediano y largo plazo de la pandemia y los desafíos que plantean economías basadas cada vez más en el conocimiento. A fin de que crezcan y prosperen en un mundo en rápida mutación, los países deben prestar aún más atención al desarrollo de una fuerza laboral cualificada.

Y todos los jóvenes, dondequiera que vivan y cualquiera que sea su procedencia, necesitan adquirir competencias que los preparen para prosperar y participar plena y libremente en la sociedad.  Pero para ello, como dice Amartya Sen, debe comprenderse que la libertad implica tanto las oportunidades reales de las que gozan los jóvenes, como su autonomía para vivir de acuerdo a sus elecciones y dirigir su vida con los motivos para valorarla.


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