Interactivo | El mapa de la oferta electoral para las Elecciones 2023: muchos partidos, pero poca ideología

En Guatemala, que un partido político se identifique como de izquierda, centro o derecha, sigue siendo manejado con cautela durante los procesos electorales.

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Así se autodefinen ideológicamente los partidos políticos de Guatemala.
Así se autodefinen ideológicamente los partidos políticos de Guatemala. (Imagen: Prensa Libre)

No es fácil para los partidos políticos dar a conocer cuál es su ideología, ya sea de izquierda, centro o derecha. La definición ideológica se desvaneció en 1993, cuando el presidente Jorge Serrano dio un autogolpe de Estado y luego de su destitución y exilio, se depuró el Congreso. En aquel momento desaparecieron partidos históricos que habían sobrevivido desde la Revolución de Octubre y surgirían nuevos.

El politólogo y antropólogo Ricardo Saénz de Tejada expone que las agrupaciones, aunque sí tienen definidas sus ideologías a la hora de gobernar, se las han guardado para explicarlas en público y convertirse en maquinarias con objetivos clientelares.

En Guatemala, dice el profesional, existen las ideologías, pero aparecen menos en el debate. “Pareciera que polariza mucho. El asunto es que si hay 20 partidos todo se complica, porque hay señalamientos de anticomunismo o ultraderechistas y conservadores para descalificar a sus posibles adversarios, pero en realidad son grupos de personas que buscan llegar a posiciones de Gobierno para el beneficio privado”, añade.

En los últimos años otros países de Latinoamérica, en especial del Sur, no esconden si son de izquierda o derecha. Al final, han llegado el poder con esos discursos y el último fue Colombia, donde el exguerrillero Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda de dicha nación.

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México, Honduras, Chile y Argentina son otros ejemplos de cambio de rumbo y eso aumenta el debate en el país, refiere Sáenz de Tejada, para recurrir a mensajes que menoscaban a una u otra corriente de pensamiento.

Guatemala celebrará, dentro de un año, un nuevo proceso electoral en el cual, según el análisis de varios analistas consultados, habrá una mayoría de partidos vinculados con la derecha y el resto con la izquierda, sin que eso implique sacarlo a la luz en concentraciones y mítines.

 

El génesis ideológico

“Para analizar las ideologías en el país, en cuanto a partidos de derecha o izquierda, hay que remontarse a la década revolucionaria de 1944 a 1954”, añade Sáenz de Tejada.

Considera que debe analizarse desde el derrocamiento de Jacobo Árbenz, en 1954, cuando cobraron vida las grandes matrices políticas que tendrían continuidad hasta finales del siglo XX.

Esa postura la respalda Roberto Alejos, exconstituyente en 1985 y extitular del Congreso. “En aquella época la Guerra Fría ayudó a asumir esas posturas ideológicas, que eran formas de hacer gobierno”, indica.

Por ello, estima necesario regresar a esa forma de gobernar con base en lineamientos ideológicos y no como ahora, que se restringe a “posturas personales como la pena de muerte, el aborto, la diversidad sexual, que no son formas de hacer Gobierno, sino de remitirse a temas específicos”.

 

Si no se regresa a la ideología política ni se hacen reformas a la Constitución, o por lo menos a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el país va a permanecer en una especie de anarquía, asevera Alejos.

“El país vive una anarquía y estas complican todo, porque se convierten en dictaduras y toda dictadura lleva a una revolución. Todo esto solo llevará a un choque social y no a uno ideológico”, subraya Alejos.

A su criterio, ese enfrentamiento se ve en otras partes del mundo, sobre todo en el Cono Sur. Allí se ha manifestado en las urnas, pero aquí, como somos más desunidos, no es tan fácil que se dé por esa vía sino de otra manera, lo cual sería grave para el país.

“Romper el orden constitucional e irnos a ese extremo ya no es el camino. Tenemos que crear conciencia para regresar al tema ideológico en el corto plazo”, remarca.

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Las matrices

Las matrices a partir de 1954 dieron vida a los partidos que surgieron de esa gesta, dice Sáenz de Tejada. “Una de las tres principales vertientes de la izquierda fue el Partido Revolucionario (PR), que llegó a la presidencia con Julio César y Mario Méndez Montenegro, participantes activos en la Revolución de Octubre”, indica.

“La segunda tiene que ver con los partidos socialdemócratas en donde aparecen Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr que van a liderar, respectivamente, al Frente Unido de la Revolución (FUR), que tuvo distintos nombres a lo largo del siglo pasado, y el Partido Socialista Democrático (PSD)”, recuerda.

Esta vertiente de la izquierda, añade, fue golpeada en 1979 cuando a sus dos principales figuras las asesinaron.
“Y la tercera es la marxista, que en 1940 se funda en el Partido Comunista de Guatemala y que en 1951 se pasó a llamar Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT)”, refiere.

Según Saénz de Tejada, a partir de esa estructura, de su juventud y de distintos grupos se desprende la izquierda guerrillera. Las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y la Organización del Pueblo en Armas (Orpa), que en 1982 fundan la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

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En 1996 firman los Acuerdos de Paz y en 1998 se convierte en el partido político URNG que sigue vigente y lo paradójico es que en la actualidad es uno de los partidos más antiguos de Guatemala”, comenta.

La siguiente vertiente es la social cristiana, que se empieza a configurar en la década de 1950 y se convierte en el partido Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG).

“Esta agrupación tiene una situación extraña, porque es de centro derecha, pero como en Guatemala estaba todo tan derechizado, los etiquetaron como de izquierdas”, relata.

Entonces, prosigue Sáenz de Tejada, en 1966 se les prohíbe participar en las elecciones. “En 1970 propone como candidato presidencial al coronel Jorge Lucas Caballeros —que pierde ante Carlos Arana Osorio, representante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN)— y en 1974 esta agrupación lidera el Frente Nacional de Oposición que postula a Efraín Ríos Montt y Alberto Fuentes Mohr, pero por un fraude electoral pierden la elección”.

Añade que la DCG continúa su participación hasta que en 1985 gana la presidencia Vinicio Cerezo Arévalo, quien se convierte en el primer mandatario de la discutida era democrática. La DCG desapareció en 2003 por falta de apoyo electoral al no haber llegado al 4 por ciento de los votos.

“La tercera vertiente del siglo XX es la anticomunista, que se expresa en los partidos de derecha Movimiento Democrático Nacionalista y de Liberación Nacional (MLN).

El MLN se funda en 1958. Es el partido más longevo de la derecha anticomunista. Son parte de la coalición gubernamental en 1970 y en 1974, y pierden el registro electoral en los comicios de 1999.

De esta forma el politólogo encuadra las tres grandes tradiciones políticas “que con la democratización se expresaban los partidos que estaban en la legalidad, que eran el PR, la DCG, el MLN y los grupos que estaban en la guerrilla, en la clandestinidad.”

 

La herencia de derecha e izquierda

Sin embargo, si se da un salto hasta la actualidad en el siglo XXI hay algunos partidos que mantienen su ideología, que viene desde que se dio el golpe de Estado a Jacobo Árbenz.

Cita como ejemplo que del MLN se desprendió Alejandro Maldonado Aguirre, exmagistrado de la Corte de Constitucionalidad (CC) y presidente interino después de la renuncia de Otto Pérez Molina en el 2015. Fundó el

Partido Nacional Renovador (PNR) y de este surgió el exalcalde capitalino Álvaro Arzú, ya fallecido, que a su vez le dio vida al Partido de Avanzada Nacional (PAN), “otro de los más antiguos de Guatemala hasta hoy”, señala.

El PAN se escindió y de ahí surgió el Partido Unionista, que sigue vigente y cuyo lema es el mismo del MLN: ‘Dios, Patria, Libertad’. Ahí se ve la continuidad de las ideologías en estos partidos”, aseveró.

Asimismo, destaca que otra continuidad que puede observarse en los partidos de matriz comunista y de la izquierda guerrillera es la URNG.

“De la URNG se han desprendido varios partidos y algunos líderes y lideresas que ahora se han unido al MLP. Esa es la otra gran matriz. Hay ciertas continuidades, pero por supuesto también rupturas”, enfatiza.

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El fin de las ideologías

El momento crítico de la ruptura política e ideológica tuvo lugar entre 1993 y 1995. En mayo de 1993 el presidente Jorge Serrano Elías dio un autogolpe de Estado y días más tarde fue destituido. Había llegado al poder en 1990 con el Movimiento de Acción Solidaria (MAS).

Alejos hace ver que el caso de Serrano Elías fue similar al de Jimmy Morales en el 2015, aunque los cambios que se esperaban en cada época fueron muy distintos.

“Jorge Serrano fue el primero que ganó las elecciones producto de la decepción de la sociedad hacia la clase política, en aquel entonces la Democracia Cristiana”, señala.

“Cuando llega la DC se abren las puertas a la libertad de prensa y de expresión. Se conoce cómo se manejan las cosas, se desprestigia a la clase política. Los políticos nos peleamos entre sí y gana. Serrano, que iba como en cuarto lugar, y al igual que Jimmy Morales, gana también por ese hartazgo, esa decepción de la población”, manifiesta.

Serrano Elías “llega al Congreso sin diputados y es el primero en empezar a comprar voluntades, a manejar el tema con dinero. Por eso es que cuando da el autogolpe y disuelve el Congreso, la gente le aplaude”.

No obstante, fue el propio Serrano Elías quien estableció la pauta de convertir a los partidos en maquinarias electorales y el que dejó en la memoria de la gente el depurar al Congreso, evoca Alejos.

“Jorge Carpio —Nicolle—, que en paz descanse, fue el que encareció las campañas. Las volvió económicas, porque fue el rey de la publicidad y el que empezó a manejar el tema de forma mediática. Porque era el centrista, el que dijo no a las ideologías, aunque formaba parte de la Internacional Neoliberal, pues en ese tiempo las ideologías todavía pesaban. Por lo tanto, no podía ser centrista, pero el centrismo lo volcó sobre campañas publicitarias”, expone.

“En ese proceso de depuración se aniquilaron los partidos que tenían un programa, una ideología clara y definida”, menciona Saénz de Tejada.

A partir de ese momento, sostiene, el sistema de partidos se convirtió en un mercado de quien pudiera financiar a las agrupaciones para llegar al poder.

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Los errores de los constituyentes

“La Constitución tenía prohibición para ciertas agrupaciones de carácter socialista. Quisimos entonces hacer tan amplia la participación que cometimos errores”, admite Alejos.

Esos yerros permitieron que un candidato no necesitara estar afiliado al partido político que lo inscribía, por ejemplo. “Ahí anulamos la identidad entre la persona y el partido”, dice.

Entonces, hace ver, si no hay identidad y el partido no tiene necesidad de venderse como tal con su ideología y todo, lo que venden son los cargos de elección.

Otro error fue haber dejado distritos electorales grandes, “enormes, buscando la participación de la minoría, porque tampoco se daba. Eso permitió que cualquier partido metiera por lo menos un diputado y salvarse de su cancelación”, manifiesta.

También habría sido un error permitir que el candidato pueda participar en un distrito del cual no es vecino. Esos yerros se suma a otro de la época de 1993, que fue reformar la Ley Orgánica del Congreso para crear la instancia de jefes de bloque. Con ello se terminó de destruir a los partidos políticos, porque las decisiones las toman ahora ellos y la bancada, y no los comités ejecutivos.

“El Comité Ejecutivo del partido ya no vale nada. El secretario general del partido tiene que ser diputado o pierde su valor. Pierde don de mando sobre quienes están en el Congreso, porque son los jefes de bloque los que ahora negocian y ya no consultan nada con el Comité Ejecutivo”, lamenta.

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Desde entonces

Carlos Mendoza, de la organización Diálogos, comparte el planteamiento de Sáenz de Tejada y estima que el sistema político electoral de ahora promueve la creación de partidos solo como vehículos electorales “para llegar al poder”.

“Se forman para las elecciones. Esas agrupaciones, además, una vez creadas, dependen de caciques o líderes de las comunidades para alcanzar su formación como lo establece la ley”, explica Mendoza.

Con ello, más que una formación política con ideología definida las agrupaciones nacen por dinero y con ciertos liderazgos locales para captar las afiliaciones que requieren.

Mendoza coincide en que los partidos de hoy no hablan de izquierda o de derecha. El discurso no es ese, sino que optan por el clientelismo, el que consiste en comprar el voto por medio de objetos.

En la actualidad no se habla de la ideología ni de la preparación política de un partido, sino que todo radica en asistir a una actividad para recibir alimentos, materiales de construcción y otros objetos, “cosas que solo van a beneficiar a ese individuo o a esa familia que está ofreciendo el apoyo, ya sea para crear el partido o para votar por ellos.

Mendoza hace énfasis en que los partidos dejan de lado lo que en verdad importa, que es una ideología identificable, con sus principios y lineamientos, y programas de gobierno que puedan ser conocidos por la población antes de ejercer su derecho al voto.


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