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Qué otros países tienen elecciones este año, igual que Guatemala, y qué se espera del “súper ciclo electoral latinoamericano” que concluye en 2024

La región enfrentará múltiples retos este año, económicos, políticos y de gobernabilidad que podrían derivar en un aumento de la inconformidad y crisis sociales.

Guatemala renovará a sus gobernantes en las elecciones generales del próximo 25 de junio. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL/Esbin García)

Guatemala renovará a sus gobernantes en las elecciones generales del próximo 25 de junio. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL/Esbin García)

En junio próximo, Guatemala llevará a cabo sus elecciones generales en las cual se votará para elegir a presidente y vicepresidente, 160 diputados del Congreso de la República, 20 del Parlamento Centroamericano y las 340 alcaldías.

Es probable que la elección presidencial se defina en una segunda vuelta electoral que tendría lugar dos meses después. En la era democrática ningún binomio ha conseguido más del 50% de los votos para ganar la primera magistratura del país en la primera vuelta.

El proceso electoral guatemalteco tendrá lugar en medio de lo que analistas políticos en el continente llaman el “super ciclo electoral latinoamericano”, un periodo de cuatro años —en este caso de 2021 al 2024— en el que todos los países latinos relevan a sus autoridades. Bolivia es la excepción, ya que tuvo sus elecciones generales en 2020.

En 2021 se celebraron elecciones generales en Perú, Honduras, Chile, Nicaragua y Ecuador, mientras que el año pasado estos procesos se llevaron a cabo en Costa Rica, Colombia y Brasil.

En 2023 los procesos arrancan en Paraguay, el 30 de abril, con la elección de presidente y vicepresidente, senadores, diputados y gobernadores, entre otras autoridades, le sigue Guatemala y finalizan en Argentina el 22 de octubre —con una probable segunda vuelta el 19 de noviembre, cuando se elija a mandatarios, así como a sus representantes en el organismo Legislativo y en congresos provinciales y a gobernadores.

El súper ciclo se cerrará el próximo año con elecciones nacionales en El Salvador, México, Uruguay, Panamá, República Dominicana y Venezuela, estas últimas consideradas un examen para el régimen de Nicolas Maduro que pondrá a prueba, según críticos, la intención del régimen a abrirse a unas elecciones libres y democráticas.

Por aparte, este año, también tendrán lugar elecciones locales en países como Colombia, Ecuador, y particularmente en México, que podrían ser un termómetro que mida lo que puede suceder en 2024 actualmente gobernando por el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

¿Cuál podría ser la tendencia?

El actual super ciclo electoral latinoamericano ha inclinado la balanza hacia gobiernos de izquierda, algo que analistas han atribuido al descontento e incapacidad de satisfacer las necesidades sociales por parte de gobiernos de derecha.

En Guatemala, “las elecciones podrían brindar una oportunidad de mejora, o bien, acelerar el deterioro democrático y social del país provocado por los tres últimos presidentes”, Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, refirió Daniel Zovatto, en un análisis escrito para el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (Idea), del cual es director regional para América Latina y el Caribe.

En dicho análisis, el analista prevé que habrá un voto de castigo al oficialismo, aunque no correrá por cuenta de la izquierda. Además, considera que no se puede descartar que, similar a lo ocurrido en los procesos de 2015 y 2019, “surja un candidato que dé la sorpresa a último momento”.

El analista político e historiador, José Alfredo Calderón, no se puede hablar de una “ola roja” que domina el continente porque cada país es distinto y los resultados electorales deben analizarse según su contexto. Además, hay una amplia variedad de izquierdas que no se pueden comparar.

Expuso que es probable que los países de América Latina mantengan por algunos años más la tendencia “hacia lo social” —elegir a gobiernos considerados en centro hacia la izquierda— empujados por el desencanto general después de años de gobiernos de derecha; no obstante, descartó que Guatemala sea uno de ellos.

Hay un profundo espíritu anticomunista en países como Guatemala, y la gente liga al comunismo cualquier expresión de justicia social”, explicó Calderón. A eso se suma que en los partidos que se denomina de izquierda no ha habido coherencia entre el discurso y la práctica. “No se unen, cada uno va por su lado y agarra a un grupo del electorado, pero sin llegar a ser importante”, dijo.

Zovato prevé que en 2023 los “tiempos nublados” continuarán en la región y que “la combinación de calles calientes —protestas por inconformidades ciudadanas— y urnas procesos electorales tensos complicarán la gobernabilidad en los países, convirtiendo a esta en uno de los mayores dolores de cabeza para los gobiernos latinoamericanos, junto con el pobre crecimiento económico que se espera, la inflación y la inseguridad.

Para hacer frente a esta multiplicidad de desafíos, los mandatarios deberán reconquistar la confianza ciudadana en la política y sus instituciones, recuperar el crecimiento, mejorar la calidad de las políticas públicas, renegociar los contratos sociales, y proteger, fortalecer y repensar la democracia para adaptarla a las sociedades del siglo XXI”, indicó el especialista.

Crisis sociales

El especialista de Idea considera que este año será “complejo y retador” para Latinoamérica puesto que deberá enfrentar contextos internacionales desfavorables, con una desaceleración de EE. UU., China y la Unión Europea, las tres economías más grandes del globo, que afectará el crecimiento económico mundial.

La región, añade Zovatto, deberá seguir con atención cuatro temas cuyos efectos redundarán en el continente: los efectos del conflicto en Ucrania, la inflación y las tasas de interés, los desafíos de los mercados de la energía y el camino incierto post pandemia que tome China.

Policías antidisturbios se enfrentan a manifestantes en Brasil, inconformes por el triunfo de Lula da Silva en las elecciones. Expresiones como estas podrían replicarse en el resto de Latinoamérica. (Foto Prensa Libre: EFE)

Por si eso fuera poco, se prevé una tensa agenda geopolítica mundial, con tensiones entre EE. UU. y China, sistemas de seguridad colectiva inoperantes y y un fuerte aumento del gasto militar. “Todos estos eventos impactarán, en mayor o menor medida, a nuestra región”, precisó Zovatto.

Agregó que “la región acumulará una segunda década perdida en términos económicos (2014-2023) unido a fuertes retrocesos en materia de desarrollo social” por el débil crecimiento económico y la herencia de la pandemia.

El bajo crecimiento impactará negativamente en el nivel de pobreza, en el empleo, la desigualdad y la informalidad, lo que anticipa que el malestar social”, por lo cual las demandas seguirán presentes en las calles, y no se pueden descartar “nuevos estallidos sociales”.

En el plano político, Zovatto cree que el 2023 estará marcado por un contexto con alto nivel de incertidumbre, inestabilidad, volatilidad y riesgo político, y que “algunas democracias continuarán bajo asedio del populismo y del autoritarismo”, mientras que otras “podrían deteriorarse para convertirse en regímenes híbridos” y a su vez “algunos de estos podrían aumentar su deriva autoritaria”.

El 14 de enero de 2024, Alejandro Giammattei debe entregar el cargo a quien resulte ganador del proceso electoral que está por comenzar. (Foto Prensa Libre: EFE)

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