Opinión: Por qué son importantes los casos más inusuales de covid-19

En vez de desestimarlos como casos extraordinarios, los casos inusuales deben ser tratados como indicadores.

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Como muchas personas en todo el mundo y en Brasil, donde ella vive, Parouhi Darakjian Kouyoumdjian se contagió del coronavirus el año pasado; tuvo síntomas leves y se recuperó. Sin embargo, su caso es notable: Kouyoumdjian es centenaria.

Aunque las personas mayores son más propensas a sufrir casos graves y mortales de covid-19, Kouyoumdjian no ha sido la única persona de su edad con una experiencia similar. Participa en un estudio dirigido por Mayana Zatz, directora del Centro de Investigación del Genoma Humano de la Universidad de São Paulo, que tiene como objetivo entender cómo personas muy mayores que han contraído el SARS-CoV-2 han podido salir indemnes.

Los científicos están examinando los genes de quince centenarios —incluidos los de una mujer de 114 años que también se recuperó de la covid-19— para ver si hay alguna mutación que les haya proporcionado protección contra el coronavirus.

“Sobrevivir hasta los 114 años no es fácil, y sobrevivir después de haber tenido covid-19 es aún más difícil”, comentó Zatz. “Quiero entender qué es lo que hace que alguien sobreviva”.

A lo largo de la pandemia, ha habido varios tipos de anomalías médicas. Hay personas que dan positivo durante meses y otras que nunca se infectan a pesar de vivir en espacios reducidos con enfermos de COVID. Esos casos sorprendentes a menudo se etiquetan como “atípicos” y se ignoran (y, de hecho, deben minimizarse a la hora de diseñar políticas de salud pública para la población en general), pero los ejemplos inusuales de cualquier enfermedad pueden ofrecer conocimientos importantes para los científicos y, lo que es más relevante, permitir la creación de nuevos medicamentos para esa enfermedad y otras.

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La magnitud devastadora de la propagación del coronavirus también ha supuesto una oportunidad única para que los investigadores avancen en el conocimiento del sistema inmunitario.

Un ejemplo famoso de un tratamiento surgido de alguien que al parecer era inmune a una enfermedad: Stephen Crohn, cuya pareja enfermó en 1978 de la enfermedad más tarde conocida como sida, se convirtió en un faro de esperanza para un nuevo medicamento. La pareja de Crohn murió, al igual que muchos de sus amigos de la comunidad gay, a medida que el VIH se extendía durante la década de 1980. Sin embargo, Crohn no enfermó.

Y cuando los científicos intentaron infectar sus células con el virus en un laboratorio, no pudieron. Una mutación genética en un receptor de la superficie de sus células impedía que el virus entrara en ellas. Esa rara mutación, llamada delta 32, inspiró un medicamento antiviral llamado maraviroc.

Esa no ha sido la única vez que rasgos genéticos singulares han inspirado un nuevo medicamento. Hace casi dos décadas, los científicos descubrieron una fascinante relación entre las mutaciones de un gen concreto y los niveles de colesterol sumamente elevados. Identificaron el gen mutado en un puñado de familias en las que muchos miembros padecían una afección denominada hipercolesterolemia, un factor de riesgo de enfermedades cardiacas.

Finalmente, las empresas farmacéuticas tomaron nota y desarrollaron nuevos medicamentos dirigidos a la misma vía que este gen, que pueden utilizarse para reducir el colesterol incluso en personas sin las mutaciones. El primer medicamento de este tipo fue aprobado en 2015.

Los casos atípicos pueden aparecer como casos únicos, pero en esta pandemia a menudo son los que marcan la pauta. En febrero de 2020, justo cuando la pandemia empezó a acelerarse, una mujer de 71 años inmunodeprimida por un tipo de cáncer que limitaba su capacidad de producir anticuerpos contrajo el coronavirus en una residencia de ancianos de Washington. Cuando los científicos informaron que había dado positivo en las pruebas del coronavirus durante al menos 105 días y había sido infecciosa durante al menos 70 días, pareció un caso extraordinario. Pero, desde entonces, ha habido numerosos casos de personas inmunocomprometidas que albergan el virus durante meses.

Por qué son importantes los casos más inusuales de covid. (Max Whittaker para The New York Times)

Según los autores de un estudio (que aún no ha sido arbitrado) sobre otro hombre inmunocomprometido que dio positivo durante más de 300 días hasta que recibió un tratamiento de medicamentos con anticuerpos, esto aporta pruebas de que la rama del sistema inmunitario que produce anticuerpos es fundamental para combatir el covid-19.

Los científicos también han aprendido que las infecciones de larga duración que se observan en algunos pacientes con sistemas inmunitarios debilitados proporcionan oportunidades para que el virus evolucione, lo que probablemente contribuye al surgimiento de nuevas variantes.

Se han dado casos de personas totalmente vacunadas que están sanas y son jóvenes, pero que siguen contrayendo el virus en lo que se conoce como “infecciones posvacunación”. Estos casos también son atípicos aunque esperados, ya que las vacunas son excelentes pero no protegen al cien por ciento. La identificación de estos individuos y el análisis de su respuesta inmunitaria podrían proporcionar una explicación de qué es lo que posibilita la infección después de haber recibido la vacuna.

La información en materia de inmunidad obtenida de los casos atípicos de covid-19 también podría ayudar a los científicos a desarrollar tratamientos y vacunas para otras enfermedades. Por ejemplo, la falta de protección tras la vacunación no es un problema exclusivo del covid-19.

Brianne Barker, profesora de la Universidad Drew de Nueva Jersey que imparte clases de Virología e Inmunología, dice que algunas personas que reciben la vacuna contra la hepatitis B, por ejemplo, no parecen producir anticuerpos. “Si pudiéramos entender por qué no responden, eso podría ayudarnos a comprender los factores que permiten la memoria inmunitaria y la protección de la vacuna”, explicó Barker. Saber qué elementos del cuerpo tienden a debilitar las respuestas inmunitarias también podría ayudar a los científicos a diseñar tratamientos para los trastornos autoinmunitarios.

El sistema inmunitario es complejo, con innumerables tipos de células y moléculas diferentes. “No se puede exagerar la complejidad del sistema inmunitario”, afirmó Kaitlyn Sadtler, inmunóloga del Instituto Nacional de Imágenes Biomédicas y Bioingeniería de Estados Unidos que ha estudiado el covid-19. “Esto hace que sea asombrosamente eficaz y a la vez asombrosamente difícil de entender”.

Sin embargo, hay estudios que empiezan a dar pistas, como uno publicado en julio pasado que encontró anomalías genéticas en dos parejas de hermanos jóvenes, de entre 21 y 32 años, que tenían covid-19 grave. Se sabe que los cambios genéticos afectan la función de una importante molécula del sistema inmunitario llamada interferón. Meses más tarde, en septiembre, otro artículo publicado en la revista Science identificó mutaciones genéticas que afectan la respuesta del interferón en personas que habían desarrollado covid-19 grave, incluyendo adultos jóvenes, lo que sugiere que la administración de estos interferones a personas que carecen de ellos podría funcionar como terapia.

Si bien es útil identificar los puntos biológicos débiles que hacen que algunas personas sean más propensas a padecer un caso grave de covid-19, es igual de importante detectar qué rasgos del sistema inmunitario podrían hacer que una persona resista más al virus.

La ciencia puede aprender tanto de los resultados más felices como de los más trágicos. Cada caso atípico es como una pieza de rompecabezas, y los científicos necesitan encontrar y conectar más que unas cuantas de ellas para ver la imagen completa.