Pregunta de altura: ¿qué es una cumbre?

No existe un organismo rector del montañismo. El éxito se juzga por una combinación de dificultad, imaginación y estilo. Pero la cumbre es un logro poco común. Puede convertir a los humanos en héroes. Puede otorgar fama y forjar reputaciones.

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 En 2016 se reportó que 175 personas dijeron haber llegado a la cumbre del Manaslu. Ninguno lo hizo, dicen expertos hoy. (Marton Monus/EPA, vÍa Shutterstock)
En 2016 se reportó que 175 personas dijeron haber llegado a la cumbre del Manaslu. Ninguno lo hizo, dicen expertos hoy. (Marton Monus/EPA, vÍa Shutterstock)

Ed Viesturs cree saberlo. Es uno de los 44, el único estadounidense en la lista. En 1993, escalando solo y sin oxígeno suplementario ni cuerdas, Viesturs alcanzó la “cumbre central” de Shishapangma, la decimocuarta montaña más alta del mundo. La mayoría de los escaladores se dan la vuelta allí y lo dan por bueno.

Ante él había un estrecho espinazo de unos 100 metros, un filo de nieve en cornisa con caídas libres de ambos lados. Al final estaba la verdadera cumbre de la montaña, unos metros más alta que donde él se encontraba.

Demasiado peligroso, se dijo Viesturs a sí mismo. Dio marcha atrás.

“Puedes olvidarte de ello o no”, dijo Viesturs. “Y yo era uno de esos tipos para los que si no se ha clavado el último clavo, no está hecho”.

Ocho años después, Viesturs volvió a ascender al alcance de la cumbre de Shishapangma. La cresta parecía factible. Con una pierna de cada lado —“à cheval” en montañismo, “a caballo” en francés— la recorrió. Tocó el punto más alto de Shishapangma y regresó rápido a donde estaba relativamente fuera de peligro.

Hay una cumbre. Y luego está todo abajo de ella.

¿Puede estar cerca ser suficiente?

Las revelaciones de un equipo de respetados investigadores han sacado a la luz esa pregunta como nunca antes, poniendo especial atención en las montañas más altas del mundo y los alpinistas más aclamados.

Al hacer una pregunta que suena sencilla —¿qué es la cumbre?— los investigadores están planteando dudas sobre logros pasados y elevando los estándares para los futuros.

‘Decir la verdad absoluta’

Las cordilleras del Himalaya y Karakórum de Asia albergan los 14 picos de 8 mil metros de altura del planeta, con nombres familiares que evocan asombro: Everest, K2, Annapurna y Lhotse entre ellos.

A miles de kilómetros de distancia, en un pequeño pueblo alemán, vive un hombre de 68 años llamado Eberhard Jurgalski. Tiene barba blanca y espesa y se recoge el cabello en una cola de caballo.

Lleva 40 años registrando los ascensos de los picos de 8 mil metros. No ha escalado estas montañas, pero es muy respetado por recopilar los registros de los que sí lo han hecho.

Él puede decirle los nombres de diversas expediciones, las fechas, las rutas y si se utilizó oxígeno. Ha estudiado fotografías, videos, coordenadas de satélite y relatos de alpinistas y testigos.

Y tiene una noticia impresionante: es posible que nadie jamás haya estado en la verdadera cumbre de los 14 picos de 8 mil metros.

Algunos se detuvieron en la cima central de Shishapangma, sin atreverse a montar a horcajadas la cresta como lo hizo Viesturs. Algunos, sin saberlo, fueron al lugar equivocado de la amplia cima del Annapurna. Algunos se detuvieron en un poste plantado en Dhaulagiri que los confundió y los hizo creer que era la cima. Algunos se dieron la vuelta en un lugar popular para tomarse selfies en Manaslu sin escalar la cresta oculta un poco más allá.

Pocos, si es que alguno, intentaron mentir. Simplemente no llegaron a la cima en todos los casos, dicen Jurgalski y otros. Se detuvieron unos metros antes, ya sea por accidente o por tradición.

A decir verdad, el montañismo se basa en la integridad y el poder de una conciencia culpable. Las afirmaciones de ascensos provienen de una combinación imprecisa de fotos y selfies, coordenadas satelitales y testigos.

Eso deja lugar a dudas.

Durante décadas, a Jurgalski le preocupaba que los estándares de una cumbre de clase mundial se estuvieran volviendo laxos. Hace varios años, reclutó la ayuda de voluntarios, incluyendo Rodolphe Popier y Tobias Pantel, de la Base de Datos Himalaya, y Damien Gildea, el explorador australiano.

Ellos están estudiando todos los ascensos clave, tratando de colocar a los alpinistas en ubicaciones precisas.

Las revelaciones ponen nervioso a Jurgalski. Sabe que reputaciones y sustentos dependen de reclamar las cumbres. Confían en su lista.

“Soy fan de todos ellos”, dijo Jurgalski. “Pero cuando hay algo mal, yo como cronista, como cronista aceptado, debo hacer hincapié en decir la verdad absoluta”.

Jurgalski quiere que el registro histórico refleje precisión. También quiere establecer un estándar firme para futuros montañistas, una expectativa de lo que constituye una cumbre.

Montaña como metáfora

¿Qué significa exactamente llegar a la cima? Es una cuestión tanto sencilla como cósmica.

“La cumbre sí importa”, dijo David Roberts, un alpinista que ha escrito docenas de libros sobre expediciones al Himalaya. “¿Por qué importa? Porque es el objetivo del montañismo. Es el objetivo que define a un ascenso”.

No existe un organismo rector del montañismo. El éxito se juzga por una combinación de dificultad, imaginación y estilo. Pero la cumbre es un logro poco común. Puede convertir a los humanos en héroes. Puede otorgar fama y forjar reputaciones.

Existe como la máxima metáfora del logro, una línea de meta vertical. No hay lugar más alto a donde ir.

Guy Cotter, que alcanzó la cumbre del Everest cinco veces, dijo que “los estándares se vuelven laxos”. (Prakash Mathema/Agence France-Presse — Getty Images)

Cumbres laxas

De los 14 picos de 8 mil metros, “6 o 7”, dijo Gildea, son perfectos para falsas cumbres. La diferencia es 1 o 2 metros verticales en algunos de ellos. Esos pocos metros pueden estar a un ascenso de una hora —o un peligroso deslizamiento a horcajadas— de distancia.

Los investigadores se han enfocado, hasta ahora, en Annapurna, Dhaulagiri y Manaslu.

Manaslu puede ser el ejemplo más flagrante de cumbres laxas. El fondo de la mayoría de las fotos de la “cumbre” muestra hoy, claramente, más montaña por escalar. Manaslu, ubicado en Nepal, es la octava montaña más alta del mundo. Su cumbre se encuentra al final de una peligrosa cresta.

En 2016, la Base de Datos Himalaya reportó que 175 personas afirmaron haber ascendido a Manaslu. En realidad, dicen los investigadores, nadie alcanzó la verdadera cumbre. Algunos llegaron a un lugar común para tomar fotografías, a menudo adornado con banderas de oración.

“La gente se detiene en seco porque es demasiado difícil”, dijo Gildea. “Ésa no es realmente una buena excusa para un alpinista”.

Por el contrario, los problemas con Annapurna y Dhaulagiri han sido principalmente de confusión, no de engaño. La cresta del Annapurna tiene accesos desde diferentes direcciones. Una vez allí, puede ser casi imposible discernir el punto más alto, incluso sin factores debilitantes como el agotamiento, los vientos y las condiciones de baja visibilidad, y la falta de oxígeno que debilita el cerebro.

El Centro Aeroespacial Alemán proporcionó a Jurgalski elevaciones precisas a lo largo de la cresta del Annapurna. El Centro distinguió dos puntos altos, a unos 30 metros de distancia entre sí. Los investigadores descubrieron que más o menos la mitad de los que recibieron el crédito de alcanzar la cumbre nunca llegaron a ninguno de los dos.

Encontraron problemas similares en Dhaulagiri, en parte porque un poste de metal plantado hace décadas hizo creer a los montañistas que era el punto más alto.

Guy Cotter ha alcanzado los puntos más altos en los siete continentes y ha llegado a la cumbre de siete de los picos de 8 mil metros, incluyendo el Everest cinco veces. Es director de Adventure Consultants, una compañía de expediciones fundada por su ex compañero alpinista Rob Hall, uno de los ocho que murieron en una desastrosa expedición al Everest en 1996.

“Hay una diferencia entre pensar que estás en la cumbre y que no hay más por recorrer, y saber que hay más por recorrer y no ir más allá”, dijo Cotter. “Los estándares se están volviendo laxos”.

Cada montaña conlleva retos singulares en la cumbre. En Kangchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo detrás del Everest y K2, existe la tradición de no tocar la cima. Viesturs es uno de los que dijeron haberse detenido.

“Los lugareños nos pidieron, mientras caminábamos hacia la montaña, que por favor no perturbáramos el hogar de sus dioses, que era la cumbre verdadera”, escribió Viesturs vía correo electrónico. “Por respeto a sus deseos, nos quedamos a unos metros de distancia”.

El año pasado, Gildea escribió un ensayo en la prestigiosa revista American Alpine Journal, dando voz a un tema delicado: el ensayo sugirió que ningún humano ha estado en la verdadera cumbre de los 14 picos de 8 mil metros, socavando las afirmaciones de docenas de aclamados montañistas.

Gildea eliminó todos los nombres del ensayo por temor a una reacción negativa. Es por eso que el ensayo está lleno de descargos de responsabilidades y cumplidos.

“El lugar de estos alpinistas en la historia está establecido, y las dudas sobre los detalles topográficos precisos de ciertos ascensos no deberían cambiar la importancia cultural de sus hazañas”, escribió Gildea.

‘Zonas de tolerancia’

También es la razón por la que Jurgalski creó la idea de “zonas de tolerancia” retroactivas. Los investigadores determinaron, pico por pico, qué sería considerado como una cumbre —lo que sería lo suficientemente cerca.

“Pero no para el futuro”, dijo Jurgalski. “Sólo para el pasado”.

La idea de Jurgalski podría inadvertidamente iniciar una nueva competencia. ¿Quién será el primero en demostrar haber estado en lo alto de todas las cumbres verdaderas?


Ed Viesturs cree saberlo. Es uno de los 44, el único estadounidense en la lista. En 1993, escalando solo y sin oxígeno suplementario ni cuerdas, Viesturs alcanzó la “cumbre central” de Shishapangma, la decimocuarta montaña más alta del mundo. La mayoría de los escaladores se dan la vuelta allí y lo dan por bueno.

Ante él había un estrecho espinazo de unos 100 metros, un filo de nieve en cornisa con caídas libres de ambos lados. Al final estaba la verdadera cumbre de la montaña, unos metros más alta que donde él se encontraba.

Demasiado peligroso, se dijo Viesturs a sí mismo. Dio marcha atrás.

“Puedes olvidarte de ello o no”, dijo Viesturs. “Y yo era uno de esos tipos para los que si no se ha clavado el último clavo, no está hecho”.

Ocho años después, Viesturs volvió a ascender al alcance de la cumbre de Shishapangma. La cresta parecía factible. Con una pierna de cada lado —“à cheval” en montañismo, “a caballo” en francés— la recorrió. Tocó el punto más alto de Shishapangma y regresó rápido a donde estaba relativamente fuera de peligro.

Hay una cumbre. Y luego está todo abajo de ella.

¿Puede estar cerca ser suficiente?

Las revelaciones de un equipo de respetados investigadores han sacado a la luz esa pregunta como nunca antes, poniendo especial atención en las montañas más altas del mundo y los alpinistas más aclamados.

Al hacer una pregunta que suena sencilla —¿qué es la cumbre?— los investigadores están planteando dudas sobre logros pasados y elevando los estándares para los futuros.

‘Decir la verdad absoluta’

Las cordilleras del Himalaya y Karakórum de Asia albergan los 14 picos de 8 mil metros de altura del planeta, con nombres familiares que evocan asombro: Everest, K2, Annapurna y Lhotse entre ellos.

A miles de kilómetros de distancia, en un pequeño pueblo alemán, vive un hombre de 68 años llamado Eberhard Jurgalski. Tiene barba blanca y espesa y se recoge el cabello en una cola de caballo.

Lleva 40 años registrando los ascensos de los picos de 8 mil metros. No ha escalado estas montañas, pero es muy respetado por recopilar los registros de los que sí lo han hecho.

Él puede decirle los nombres de diversas expediciones, las fechas, las rutas y si se utilizó oxígeno. Ha estudiado fotografías, videos, coordenadas de satélite y relatos de alpinistas y testigos.

Y tiene una noticia impresionante: es posible que nadie jamás haya estado en la verdadera cumbre de los 14 picos de 8 mil metros.

Algunos se detuvieron en la cima central de Shishapangma, sin atreverse a montar a horcajadas la cresta como lo hizo Viesturs. Algunos, sin saberlo, fueron al lugar equivocado de la amplia cima del Annapurna. Algunos se detuvieron en un poste plantado en Dhaulagiri que los confundió y los hizo creer que era la cima. Algunos se dieron la vuelta en un lugar popular para tomarse selfies en Manaslu sin escalar la cresta oculta un poco más allá.

Pocos, si es que alguno, intentaron mentir. Simplemente no llegaron a la cima en todos los casos, dicen Jurgalski y otros. Se detuvieron unos metros antes, ya sea por accidente o por tradición.

A decir verdad, el montañismo se basa en la integridad y el poder de una conciencia culpable. Las afirmaciones de ascensos provienen de una combinación imprecisa de fotos y selfies, coordenadas satelitales y testigos.

Eso deja lugar a dudas.

Durante décadas, a Jurgalski le preocupaba que los estándares de una cumbre de clase mundial se estuvieran volviendo laxos. Hace varios años, reclutó la ayuda de voluntarios, incluyendo Rodolphe Popier y Tobias Pantel, de la Base de Datos Himalaya, y Damien Gildea, el explorador australiano.

Ellos están estudiando todos los ascensos clave, tratando de colocar a los alpinistas en ubicaciones precisas.

Las revelaciones ponen nervioso a Jurgalski. Sabe que reputaciones y sustentos dependen de reclamar las cumbres. Confían en su lista.

“Soy fan de todos ellos”, dijo Jurgalski. “Pero cuando hay algo mal, yo como cronista, como cronista aceptado, debo hacer hincapié en decir la verdad absoluta”.

Jurgalski quiere que el registro histórico refleje precisión. También quiere establecer un estándar firme para futuros montañistas, una expectativa de lo que constituye una cumbre.

Montaña como metáfora

¿Qué significa exactamente llegar a la cima? Es una cuestión tanto sencilla como cósmica.

“La cumbre sí importa”, dijo David Roberts, un alpinista que ha escrito docenas de libros sobre expediciones al Himalaya. “¿Por qué importa? Porque es el objetivo del montañismo. Es el objetivo que define a un ascenso”.

No existe un organismo rector del montañismo. El éxito se juzga por una combinación de dificultad, imaginación y estilo. Pero la cumbre es un logro poco común. Puede convertir a los humanos en héroes. Puede otorgar fama y forjar reputaciones.

Existe como la máxima metáfora del logro, una línea de meta vertical. No hay lugar más alto a donde ir.

Guy Cotter, que alcanzó la cumbre del Everest cinco veces, dijo que “los estándares se vuelven laxos”. (Prakash Mathema/Agence France-Presse — Getty Images)

Cumbres laxas

De los 14 picos de 8 mil metros, “6 o 7”, dijo Gildea, son perfectos para falsas cumbres. La diferencia es 1 o 2 metros verticales en algunos de ellos. Esos pocos metros pueden estar a un ascenso de una hora —o un peligroso deslizamiento a horcajadas— de distancia.

Los investigadores se han enfocado, hasta ahora, en Annapurna, Dhaulagiri y Manaslu.

Manaslu puede ser el ejemplo más flagrante de cumbres laxas. El fondo de la mayoría de las fotos de la “cumbre” muestra hoy, claramente, más montaña por escalar. Manaslu, ubicado en Nepal, es la octava montaña más alta del mundo. Su cumbre se encuentra al final de una peligrosa cresta.

En 2016, la Base de Datos Himalaya reportó que 175 personas afirmaron haber ascendido a Manaslu. En realidad, dicen los investigadores, nadie alcanzó la verdadera cumbre. Algunos llegaron a un lugar común para tomar fotografías, a menudo adornado con banderas de oración.

“La gente se detiene en seco porque es demasiado difícil”, dijo Gildea. “Ésa no es realmente una buena excusa para un alpinista”.

Por el contrario, los problemas con Annapurna y Dhaulagiri han sido principalmente de confusión, no de engaño. La cresta del Annapurna tiene accesos desde diferentes direcciones. Una vez allí, puede ser casi imposible discernir el punto más alto, incluso sin factores debilitantes como el agotamiento, los vientos y las condiciones de baja visibilidad, y la falta de oxígeno que debilita el cerebro.

El Centro Aeroespacial Alemán proporcionó a Jurgalski elevaciones precisas a lo largo de la cresta del Annapurna. El Centro distinguió dos puntos altos, a unos 30 metros de distancia entre sí. Los investigadores descubrieron que más o menos la mitad de los que recibieron el crédito de alcanzar la cumbre nunca llegaron a ninguno de los dos.

Encontraron problemas similares en Dhaulagiri, en parte porque un poste de metal plantado hace décadas hizo creer a los montañistas que era el punto más alto.

Guy Cotter ha alcanzado los puntos más altos en los siete continentes y ha llegado a la cumbre de siete de los picos de 8 mil metros, incluyendo el Everest cinco veces. Es director de Adventure Consultants, una compañía de expediciones fundada por su ex compañero alpinista Rob Hall, uno de los ocho que murieron en una desastrosa expedición al Everest en 1996.

“Hay una diferencia entre pensar que estás en la cumbre y que no hay más por recorrer, y saber que hay más por recorrer y no ir más allá”, dijo Cotter. “Los estándares se están volviendo laxos”.

Cada montaña conlleva retos singulares en la cumbre. En Kangchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo detrás del Everest y K2, existe la tradición de no tocar la cima. Viesturs es uno de los que dijeron haberse detenido.

“Los lugareños nos pidieron, mientras caminábamos hacia la montaña, que por favor no perturbáramos el hogar de sus dioses, que era la cumbre verdadera”, escribió Viesturs vía correo electrónico. “Por respeto a sus deseos, nos quedamos a unos metros de distancia”.

El año pasado, Gildea escribió un ensayo en la prestigiosa revista American Alpine Journal, dando voz a un tema delicado: el ensayo sugirió que ningún humano ha estado en la verdadera cumbre de los 14 picos de 8 mil metros, socavando las afirmaciones de docenas de aclamados montañistas.

Gildea eliminó todos los nombres del ensayo por temor a una reacción negativa. Es por eso que el ensayo está lleno de descargos de responsabilidades y cumplidos.

“El lugar de estos alpinistas en la historia está establecido, y las dudas sobre los detalles topográficos precisos de ciertos ascensos no deberían cambiar la importancia cultural de sus hazañas”, escribió Gildea.

‘Zonas de tolerancia’

También es la razón por la que Jurgalski creó la idea de “zonas de tolerancia” retroactivas. Los investigadores determinaron, pico por pico, qué sería considerado como una cumbre —lo que sería lo suficientemente cerca.

“Pero no para el futuro”, dijo Jurgalski. “Sólo para el pasado”.

La idea de Jurgalski podría inadvertidamente iniciar una nueva competencia. ¿Quién será el primero en demostrar haber estado en lo alto de todas las cumbres verdaderas?


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