La guatemalteca Alejandra Sierra y su llamado a la ciencia

Para ella, el miedo solo es un pretexto para dar el siguiente paso.

PL Plus
Alejandra Sierra es graduada por la Universidad de San Carlos, tiene un posgrado en Biología molecular y genética, en el Instituto de Investigación Genética, Invegem, y un máster en biotecnología, en la Escuela Aliter, en España.
Actualmente es coordinadora del área de Biología de la Universidad Mariano Gálvez.  (Foto Prensa Libre: cortesía).
Alejandra Sierra es graduada por la Universidad de San Carlos, tiene un posgrado en Biología molecular y genética, en el Instituto de Investigación Genética, Invegem, y un máster en biotecnología, en la Escuela Aliter, en España. Actualmente es coordinadora del área de Biología de la Universidad Mariano Gálvez. (Foto Prensa Libre: cortesía).

María Alejandra Sierra Aguilera es una química bióloga guatemalteca que recientemente ha sido seleccionada como una de los  100 líderes en el Global Biotech Revolution, de Cambridge, Inglaterra.

Esto incluía participar presencialmente en el  GapSummit 2020, pero la pandemia lo transformó en una experiencia virtual.

El GapSummit es la única conferencia intergeneracional que selecciona a personalidades de todo el mundo de la comunidad biotecnológica, para inspirar a la próxima generación.

“Uno piensa que la ciencia es para gente que tiene mucho dinero o de élite, pero en realidad no es así, está al alcance de todos cuando se tocan las puertas adecuadas”, Alejandra Sierra, científica guatemalteca.

Su vida le ha llevado a crear una lista de posibilidades para crear su camino.  Si surge una situación que le produce cierto temor, la enfrenta y la vence.  Tenía temor a independizarse, y lo hizo. A  vivir y estudiar en el extranjero, y también se hizo realidad. Ir por aquello que “nunca” ha hecho y que le ayudará a crecer es parte de su filosofía de vida.

A principios de noviembre organizó junto a la Comisión Técnica Intersectorial de Biotecnología, el I Congreso en línea de Biotecnología, con cerca de 40 invitados de la Universidad de Harvard y científicos de la región hablaron sobre cómo la biotecnología forma parte de  nuestro diario vivir. El evento era gratuito para que más personas se acercaran a esta disciplina.

Pero no es lo único en que se encuentra trabajando, según comparte en esta entrevista.

¿Cómo descubre su pasión por una carrera científica?

Siempre he sido curiosa de saber el porqué de las cosas. Se me facilitaba la ciencia en el colegio.  Participaba en competencias de biología y química. Nunca gané los primeros lugares, pero me gustó mucho.

Al entrar a la universidad no sabía qué estudiar e investigando descubrí la carrera de químico biólogo.

La carrera me gustó, pero para la aplicabilidad quería algo que tuviera un impacto.  Sé que los químicos biólogos  lo tienen. Por ejemplo, con el covid-19 ahí están los profesionales  en primera línea, pero yo quería algo que involucrara a la sociedad y como químicos biólogos la mayoría del tiempo estamos dentro del laboratorio y pocas veces salimos de allí para trabajar directamente con comunidades o en política.

Además de la biotecnología, disfruta de leer, cocinar y viajar, actividades que le sirven para relajarse.

 

A la hora de hacer mis prácticas me decidí por ser forense y después trabajé en ello cinco años, en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala (Inacif).

Después busqué  otros proyectos y así me encontré con  la biotecnología, al principio  en una búsqueda de Google.  Leí cómo impacta en temas como la seguridad alimentaria, en mejorar la salud, en hacer diseños, economías sostenibles, utilización de desechos, y me aventuré a   aplicar a una beca  en España para una maestría en esta rama, enfocada   en la dirección de proyectos.

¿Qué significó trabajar el tema de la violencia desde el Inacif?

Nuestro país necesita que se resuelvan los casos de violencia.  En ese entonces buscaba fluidos biológicos como sangre, semen, pelo, saliva y otros indicios que encontraban en la escena del crimen. Es una experiencia fuerte, un antes y después.  Cada caso era único, pero sin duda  te desarma cuando sabes que la víctima es un niño.

En el evento de líderes en biotecnología  en Inglaterra era la única guatemalteca.  ¿Cómo fue esa selección?

El científico Juan Pablo Arocha nos representó hace dos años en este evento.  Gracias a él me enteré, envié mi perfil y estuve seleccionada entre 600 personas aproximadamente.  Es importante seguir pasando la voz.  Estoy segura que existen muchos guatemaltecos que no se enteran de estas convocatorias y lo más que puede pasar es que te digan que no, pero ganas experiencia.  Para la próxima es posible prepararse, hacer más actividades  extracurriculares y una clave es que  no se trata de ser el mejor científico en un laboratorio, sino cómo  se comparten los conocimientos.

Agradezco la atención que se le ha dado a este evento, pero mi sueño es que esta plataforma me acerque a más personas, que si tienen algún proyecto en mente les pueda orientar. No lo sé todo, pero conozco personas y podría decirles con quién hablar.

¿Cómo se enseña biotecnología en América Latina?

No puedo entrar a la comunidad diciendo que estudio biotecnología y quiero usar biosensores, sino que el ideal es involucrar a las personas en una temática que enseñe cómo los beneficiará.  Perú, por ejemplo, cuenta con un programa para mejorar los cultivos y encontrar metales pesados a través de biosensores.

En Guatemala se necesita hacer un mapeo para crear en conjunto proyectos que les ayuden.  El reto es cómo llegar a las comunidades, que les interese, les apasione y se beneficien de ello.  Pienso en la necesidad de la democratización de la ciencia.  Estamos trabajando como comisión para hacerlo, y que cuando se hable de enzimas y sensores no lo entienda solo un círculo.

En su agenda también da clases en la Universidad.  ¿Qué piensa de esta nueva generación de estudiantes?

Ellos vienen con menos miedo al riesgo.  Como docentes, nuestra responsabilidad es guiarlos para que  se expresen y aprovechar esa valentía para que alcancen lo que se proponen.

Les podemos dar la dirección y mostrarles cómo aplicar la ciencia en infinidad de áreas.  Por ejemplo, los lideres en biotecnología no tienen que ser biotecnólogos. Yo no estudié eso sino cómo aplicarlo en la administración, y de igual manera existen otros campos en que se puede aplicar, como en arquitectura, diseño, leyes, medicina.

Actualmente apoyo a cuatro estudiantes para que se preparen a competir.  Es una especie de coaching para que en su tiempo libre  se empoderen, adquieran experiencia, conozcan cómo hacer su currículum y  se involucren en cursos, conferencias en línea y otros recursos.

¿Actualmente en qué trabaja?

Estoy en la Universidad Mariano Gálvez, en el Instituto de investigaciones y también practico la docencia y laboro en un área de servicios dedicados a la salud humana.  Allí hacemos proyectos de secuenciación de ADN, identificación de enfermedades raras y proyectos de investigación para pacientes con cáncer, entre otros.

Tengo un equipo de 25 personas a mi cargo. En el laboratorio también se trabaja en la creación de espacios abiertos de trabajo de laboratorio, y creación de alianzas estratégicas para la implementación de la biotecnología. Uno de los últimos proyectos es con la Universidad de   San Carlos de Guatemala con quienes trabajamos en investigar cuál es la cepa de covid-19 que entró a Guatemala. Es decir, reconocer si vino de Europa, de Sudamérica o de qué otro lugar.  En unión con otras universidades desarrollamos otro proyecto llamado derrotando al covid-19 en la búsqueda de ideas  para paliar las consecuencias de la pandemia.

Sierra está involucrada en múltiples proyectos para dar a conocer más de la ciencia. (Foto Prensa Libre: cortesía).

Estoy como presidenta de la Comisión Técnica Intersectorial de Biotecnología y además participo en  el proyecto de salud y mujer con un mapeo de salud, de la Organización para las Mujeres en Ciencia para el Mundo en Desarrollo (OWSD).

Además quiero hacer la estrategia de bioeconomía en política, pero  no es que yo esté trabajando sola todo esto; en su  mayoría son proyectos que están liderados por diferentes personas.

 ¿Cuál es el futuro que desea para Guatemala?

Me gustaría dejar un espacio para que los  estudiantes compitan y tengan  asesoría de científicos guatemaltecos o extranjeros para llevar a cabo sus proyectos.  Que conozcan otros países y se emocionen con todas las oportunidades y el hecho de  compartir con otros expertos.

La científica también ha participado en múltiples presentaciones a nivel mundial. (Foto Prensa Libre: cortesía)

 ¿Tiene alguna anécdota que le haya marcado en los diferentes viajes que ha hecho?

Pasan muchas cosas que nos van formando, pero eso es lo que te lleva al punto donde estás actualmente.    Al salir del país me di cuenta que en Guatemala vivimos con miedo.  Un día me quedé esperando para ver si alguien podía acompañarme para regresar a casa porque era tarde, y me comentaron que eso no se acostumbraba en Europa.  En este continente se puede vestir como uno quiere y regresar con más tranquilidad a casa. Claro, no quiere decir que no exista violencia, pero los niveles son diferentes.  Me gustaría tener un país más seguro y nunca había sido consciente que no es normal la manera temerosa en que vivimos y salimos a las calles.

Este año veremos recoger un premio Nobel a científicas.  ¿Qué le hace pensar este momento?

Me hace sentir emocionada.  Las mujeres siempre han estado en la ciencia, pero ha sido  complicado que sean reconocidas.  No es una competencia con los hombres, sino  ser valientes y encontrar nuestros propios espacios…es un momento importante para que las niñas se den cuenta que es posible alcanzar estos niveles de excelencia.

0