Poesía: el maridaje entre versos y emociones

La poesía es un género literario que abre las puertas al mundo estético de la vida. Se caracteriza por transmitir emociones que quizá son difíciles de expresar, pero que al escribirlas son un respiro profundo de tranquilidad. Quien escribe y lee poesía, practica la empatía y aprende a manejar sus sentimientos.

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La poesía se caracteriza por crear emoción a través del lenguaje. Por ello es utilizada para expresar sentimientos que son difíciles de pronunciar o dar a conocer. (Foto Prensa Libre:Thought Catalog en Unsplash).
La poesía se caracteriza por crear emoción a través del lenguaje. Por ello es utilizada para expresar sentimientos que son difíciles de pronunciar o dar a conocer. (Foto Prensa Libre:Thought Catalog en Unsplash).

“La poesía es fuego, quema dentro de uno y dentro del otro. Si no, será cualquier cosa, no poesía”, dice uno de los poemas del guatemalteco Humberto Ak’abal. Este género literario se caracteriza por crear emoción a través del lenguaje. Los sentimientos son la herramienta ideal para acercarse a lo que se desea o alejarse de lo que no. Por ello, la poesía, además de agradar y hacer sentir emociones al lector, funciona como desahogo.

El poeta trata de utilizar las palabras adecuadas para generar las emociones deseadas en el lector. Quienes la practican lo describen como un maridaje entre sentimientos, lenguaje y escritura, que realizan con el propósito de expresar sus vivencias que más han marcado su existir o para provocar en la otra persona una sensación distinta a la habitual, que lo ayude a salir de su zona de confort y lo lleve a tener nuevas perspectivas sobre los acontecimientos.

“Para mí, la poesía fue la herramienta que me llevó a encontrar mi voz. Por medio de ella pude expresar lo que no me atrevía a hablar. Además, me condujo a personas que también estaban pasado por una depresión severa y se sentían como yo. Después de 2 años, me atrevo a decir que los poemas eran nuestro lenguaje, nuestra forma de comunicarnos y entendernos”, dice Carlos Samayoa, poeta.

El joven de 33 años incursionó en este género literario cuando su psicólogo le aconsejó escribir su diario personal, como un método para reordenar sus emociones. Recuerda que al inicio le costaba mucho llenar las hojas del cuaderno para plasmar cómo se había sentido en el día o lo que había hecho. “Entendía que el ejercicio me serviría para sanar mis heridas, por eso lo quería hacer, pero simplemente no podía. Así que un día pensé en cómo expresaría Javier Payeras, Vania Vargas o Francisco Méndez lo que yo estaba sintiendo. Tomé algunos de sus textos y me inspiré. Les copié algunos versos y palabras e hice mi primer poema, sin saber que realmente lo era. Para mí solo significaba un momento de catarsis”, relata.

Para Samayoa dichos autores se convirtieron en sus mejores amigos porque se identificaba con los libros o frases que escriben y, además, le ayudaban a expresarse. “La poesía se caracteriza porque es muy íntima. Siempre hablamos de emociones y vivencias y uno llega a sentir empatía con el autor. Dan ganas de abrazar y ser abrazado”, expresa.

La poesía también es considerada un método de introspección, ya que son los sentimientos los que motivan a la persona a escribirlo. De cierta forma, según Samayoa, el género literario enseña a cómo lidiar con las emociones negativas o “pesadas”, expresarlas con palabras y, sobre todo, reflejarlas de forma sencilla y básica.

Desde pequeños se ha tenido un acercamiento con la poesía, porque fomenta el hábito de la lectura y ayuda a tener un lenguaje más fluido. (Foto Prensa Libre: Rubén García en Unsplash).

“Escribir y leer poemas lo hace a uno más sincero, porque valora el sentido de las palabras. No es fácil poner en palabras todo lo que se piensa cuando siente que ya no hay salida del hoyo en el que se está. Desde mi experiencia digo que la poesía tiene un poder sanador y nos invita a ser más honestos con uno mismo y con los demás”, dice Samayoa.

Herramienta de aprendizaje

La poesía no se trata solo de versos románticos o de expresar sentimientos profundos. Este género literario ha estado presente en nuestra vida desde niños. ¿Recuerda que de pequeño era común recitar poemas en actos cívicos y eventos en la escuela, como para el Día de la Madre, Día de la Bandera o para celebrar el Día de la Independencia? ¿Incluso, en un día cualquiera frente a los compañeros de clase? La razón es que es considerada una de las herramientas más utilizadas en la educación infantil.

De acuerdo con Andrea Rosales, pedagoga, la poesía es un juego de palabras para los niños, los invita a aumentar su vocabulario y a estimular la memoria. “Al memorizar una poesía aumenta la capacidad de recordar lo que leen y eso los lleva a comprender el texto. Además, cuando son niños muy pequeños también se utiliza para que aprendan a leer más fluido”, explica la profesional.

Los poemas invitan a los niños a jugar con las palabras, crear sus propias rimas, emplear un lenguaje figurado, crear metáforas, expresar sentimientos. También se considera que favorece la comprensión de sus emociones porque mediante ellos pueden aprender a poner palabras a lo que sienten, a visualizar situaciones y a saber cómo reaccionar.

Mediante los versos y el juego de palabras se estimula la imaginación y la capacidad de interpretación. Por ello es común que las maestras, después de leer un poema, les pregunten a los niños qué entendieron o qué hubieran hecho en lugar del personaje del texto.

Beneficios de escribir

“La depresión y la poesía me llevaron a comprender que escribir es un acto liberador. No es necesario seguir un género literario en específico, estilo de redacción u ortografía. Lo importante es expresarse, poner en palabras todo lo que pasa por nuestra mente. Eso nos hace más humanos”, comenta Samayoa.

Los efectos que tiene la poesía en cada persona están muy relacionados con los beneficios que brinda la escritura. La característica de este género literario es que desarrolla la empatía porque también está pendiente de los sentimientos de los demás -más allá del autor del texto-. Para Gerardo Villagrán, psicólogo, esto es gracias al ejercicio de introspección que se realiza al escribir. “Si conocemos nuestras emociones, podremos llegar a conocer las de los demás. Eso nos hace más empáticos y nos conecta con el mundo que nos rodea. Dejamos nuestra burbuja personal”, expone.

Escribir, no solo poesía, genera muchos beneficios como liberar estrés, calmar la ansiedad, concretar ideas y aprender a expresarse. Tomarse 20 minutos al día para reflexionar y escribir acerca de cómo se siente o de lo que espera que suceda en las siguientes horas le ayudará a conocerse mejor, a cicatrizar heridas del pasado. Por ello, los psicólogos recomiendan llevar un diario personal porque es la herramienta para reordenar y conocer sus emociones.

Muchos consideran que solamente debe escribir el que sabe, lo cual no es así. Cuando se trata de escribir como terapia no es requisito no cometer faltas de ortografía, tener una buena redacción o saber crear oraciones. El único requisito es ser honesto con uno mismo.

Cuando se lleva un diario o una escritura constante, se organiza lo que se ha vivido y se relaciona con los sentimientos. Es decir, se es capaz de realizar una evaluación a las respuestas emocionales que se tienen según la situación vivida. Este análisis podría funcionar para determinar si ante una experiencia se dejó llevar por los sentimientos o si fue la manera más adecuada de actuar. “Si luego de escribir, leemos nuestro texto pondremos en perspectiva la situación. Nos podemos dar cuenta que quizá el problema no es tan grave o encontramos más fácil la solución”, argumenta el psicólogo.

Además de la empatía, con la poesía se desarrolla la creatividad. La búsqueda constante de una palabra que exprese justamente esa emoción que se quiere plasmar y el determinar el tema sobre el que se desea escribir son ejercicios creativos.

“La poesía nos hace más sensibles a todo, a los sentimientos, a la comunicación y nos enseña a valorar la belleza de todo lo que nos rodea. Es como si al leerla o escribirla nos conectáramos con un sentido estético de la vida”, manifiesta el joven poeta.

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