Remembranzas

Remembranza: Franklin Édgar Estrada Zaparolli

La vida del sacerdote Franklin Édgar Estrada Zaparolli estuvo llena de anécdotas que demostraron su afinidad por las bellas artes y la religión.

La vida del sacerdote Franklin Édgar Estrada Zaparolli  estuvo llena de  anécdotas que demostraron  su afinidad  por las bellas artes

La vida del sacerdote Franklin Édgar Estrada Zaparolli estuvo llena de anécdotas que demostraron su afinidad por las bellas artes

Sus hermanos recuerdan cómo Estrada, desde temprana edad, era el primero en levantarse para cumplir con su responsabilidad como acólito en la iglesia del Cerrito del Carmen. Ellos reconocen que su vocación religiosa siempre fue evidente. “No le gustaba madrugar para otra cosa que no fuera para estar puntual en la misa. Asistíamos a la procesión de niños de la Parroquia Nuestra Señora de Candelaria. Todos lo hicimos una vez, pero él continuó por cuatro años consecutivos”, asegura Fernando, su hermano mayor.

“Era una persona cariñosa que se preocupaba por los detalles de la familia. Estaba dispuesto a sacrificarse por cualquier ser querido”, afirma Giovanni, otro de sus hermanos.

Su hija Claudia comparte que su hogar está lleno de retratos familiares, pues tenía esa habilidad artística que cultivó en la Escuela Nacional de Artes Pláticas. “Sabía captar las expresiones correctas y plasmarlas en sus obras”, agrega. También manifiesta que su padre podía ver detalles especiales en las cosas comunes. “Encontraba la belleza de las piedras, y por eso las guardaba”. Su oficina está decorada con una colección de carros, los cuales reflejan su espíritu inocente y auténtico.

Tenía mucha “chispa” y expresividad, por lo que en la década de 1980 se convirtió en el Rey Feo de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Su experiencia como vendedor le permitió relacionarse con muchas personas y aprender varios chistes que contaba con elocuencia.

VOCACIÓN RELIGIOSA

“Siempre estaba pendiente de los asuntos de Dios, así que después de formar parte activa en la iglesia católica romana, se integró a la ortodoxa, donde se convirtió en sacerdote. En su iglesia en la zona 1, se dedicó a cuidar a la gente”, comenta Giovanni.

Según el sacerdote Antonio Javier Martínez-Ramírez, del Monasterio Ortodoxo de la Santa Trinidad, Estrada era un hombre alegre, a pesar de que su salud se deterioraba a consecuencia del cáncer.

“Franklin se dedicaba a visitar enfermos, sin importar la hora. También donaba comida a las personas de la calle, después de haberles compartido la palabra de Dios”, asegura el religioso.

Cuando fue ordenado sacerdote ortodoxo recibió el nombre de Serafín, por lo que para sus familiares y amigos no es ninguna coincidencia que haya fallecido el Día de San Serafín.

“Fue un hombre feliz, amable y cordial, con una esperanza ilimitada, que en esta vida emuló a su santo patrono San Serafín de Sarov”, recuerda Inés Franklin, su madre.

Después de su deceso, por un paro cardiorespiratorio, el 1 de enero de este año, en la familia y amigos descansa el recuerdo, las enseñanzas y la convicción de que los 61 años de Franklin Édgar Estrada Zaparolli estuvieron llenos de satisfacciones que le permitieron pasar en paz a la vida eterna.

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