Arnoldo Ramírez Amaya:  “Nadie más lo hará por mí” 

El artista  celebra cinco décadas de trayectoria  y ocupará  el resto del 2016 en diferentes proyectos.

Archivado en:

arte.culturadibujo

Dos antologías de sus dibujos, un libro con sus memorias, dos exposiciones, un documental y un video musical. Estas son las prioridades artísticas de Arnoldo Ramírez Amaya, quien presenta El Quijote y yo, en la galería El Túnel, la más reciente de sus exhibiciones. Concluirá mañana y el tema de esta propuesta está ligado a la figura de El Quijote.

¿Por qué dibujar al hidalgo de la obra de Cervantes? Es un tema muy recurrente.

Nunca había querido trabajarlo  precisamente  por ser uno bastante trillado; si uno no lo aborda adecuadamente puede parecer oportunista, tanto como pintar a Blanca Nieves o a Caperucita Roja.

Pero este año se conmemora la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, ocurrida hace cuatro siglos. Es también una manera de recordar a mi amigo y pintor, Alejandro Urrutia, quien falleció en noviembre del 2011. A él le encantaba dibujar a El Quijote; dos de las piezas en exposición están trabajadas por ambos.

Además, este año celebro medio siglo de ejercicio profesional. La presentación de mi muestra El Quijote y yo, se dio de manera fortuita, pero está cargada de significado.

Hay más de 50 obras en su muestra. ¿Qué ve realmente en Don Quijote?

Tuve formación militar. Estudié en el Adolfo V. Hall y en la Escuela Politécnica.  Don Quijote también es militar. Uno digno, honesto, honrado. Tal vez loco, o con una lógica distinta. Su figura contrasta con la imagen que hoy se tiene del Ejército.

Los militares ahora están desprestigiados y se debe a sus malos integrantes. Pasa lo mismo que en otros campos, incluso en el arte; no se puede generalizar. La mayoría son imbéciles, pero uno que otro es bueno.

¿Puede mencionar un ejemplo de ambos casos?

Alejandro Magno conquistó el Imperio Persa, pero los dejó ser quienes eran, respetando su cultura. En cambio, los romanos fueron malos conquistadores; cuando tomaron Alejandría lo primero que hicieron fue destruir su biblioteca. 

Fui militar entregado y con visión, eso es lo que descubro en el personaje de Cervantes. Por eso no comparto que al expresidente Otto Pérez Molina se le esté juzgando como civil. Él juró ante la bandera, cuando era cadete, que jamás traicionaría a la patria; se le debe juzgar por alta traición.  Pero si lo juzga un tribunal militar, sería la misma bola de ladrones, para qué  m…

Cervantes también fue un combatiente.

Sí, así fue como ganó su apodo, en la batalla de Lepanto, donde perdió una mano. Encuentro similitudes entre él y yo. Imagine la cólera que debió haber guardado.

Pero también qué venganza más linda la que ideó. Cuatrocientos años después sigue burlándose de los militares. Don Quijote es una burla a los templarios, a los caballeros andantes, a la rimbombancia de las cortes, a la Iglesia también.

Si tanto admira la milicia ¿por qué fue parte de la guerrilla?

La guerrilla nació del Ejército, con tenientes y cadetes. Estábamos muy involucrados pero no teníamos ideología política. Sí, fui parte de la guerrilla.  Nunca peleé en la montaña, fui guerrillero urbano,  participé en las Fuerzas Armadas Rebeldes y yo no he firmado la paz.

Existen tragedias tremendas que determinan nuestra vida, por estas, algunos pararon de orejas (informantes), y en consecuencia otros murieron. Al final, tanto Ejército como guerrilla pusieron precio a mi cabeza y tuve que exiliarme.

Militares e izquierda resultaron ser la misma m… cuando tuvieron las armas, la tensión de darse a balazos fue inmediata.

Debería escribir sus memorias, compartir lo que vivió en ambos lados.

Lo estoy haciendo. Ese es otro de mis proyectos para celebrar 50 años en el arte. Espero que a finales del 2016 lo pueda publicar. El  libro se llamará Memorias de un aprendiz de asesino.

Tendrá anécdotas de todo tipo. Exiliado en México conocí las comodidades en la que vivían otros guerrilleros y que en sus libros, Marco Antonio Flores hizo muy bien en denunciar. Por eso lo llamaron traidor, como a mí. 

Allá, me mostraron una carta de alguien a quien había ayudado a salir de Guatemala, girando órdenes para mi muerte.
Incluiré  algunos recuerdos de mis años como estudiante.  Como la vez que, pasando armas a la guerrilla, en lugar de abrir la puerta de la armería con un balazo, usamos dinamita. Quedó un gran hoyo.

O la ocasión, estando en el cuarto año, cuando llegó a la Politécnica el mariscal británico Bernard Montgomery. Él participó en el Día D, la batalla que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, y me solicitaron gastarle una broma.

¿De qué tipo?

En el curso de Historia, dibujé en la pizarra la famosa operación en la que él participó. Pero para confundirlo usé navíos  egipcios mezclados con símbolos de otras civilizaciones pasadas. Montgomery se interesó por el mapa y la clase y preguntó qué batalla era. “La suya”, respondí.

Al ser sorprendido, lo tomó de buena manera y me hizo parte de su escolta durante el recorrido al establecimiento. También me ofreció una beca para continuar mi preparación en la Escuela Especial Militar de Saint-Cyr o ESM, en Francia, creada por Napoleón Bonaparte, en 1802.

Cuando sucedió, tenía al director de la Politécnica a la par, pero decliné su oferta.  “No mi comandante. Yo quiero la baja”, le dije.

En los anales de la  ESM he de figurar como el cadete de Guatemala que nunca llegó.

¿Ilustrará el libro con sus dibujos?

Eso aún está por definirse. Quiero que sea un trabajo más literario, pues se publicarán próximamente dos antologías con  varias de mis obras, cada una correspondiente a etapas diferentes de mi vida.

¿Cuáles son?

Yo me siento un poeta al dibujar, por ello, Antología de poesía gráfica, como tentativamente se llamará la primera, mostrará una selección de mi obra en los últimos 10 años.  Incluirá unos 250 dibujos y comprenden básicamente desde la época en que dejé de consumir droga al presente.

Esta etapa coincide con el reencuentro de mis hijos, desaparecidos por 10 años. Si no hubiera sido por la dependencia a la droga, me mato.

Lo que me hizo dejarla fue ver El pájaro sobreviviente, el documental que en el 2005 Luis Urrutia realizó sobre mí. Me dio mucha vergüenza y dije “hasta aquí”.

¿Mencionará esta etapa en su libro?

Por qué no. Tampoco es nada nuevo. Me metía un pipazo y al instante sentía que estallaban ampollas sobre mi espalda. Por eso me quedé sin dientes.

En esa etapa me perdí dos años. Viví cerca del borde de un barranco de Choacorral, camino a San Lucas Sacatepéquez. Carecía de luz eléctrica y servicio de agua potable, debía caminar un kilómetro para hallarla.

En esas condiciones, Gabriel García Márquez me visitó por una semana. Él escribió el prólogo de mi libro Sobre la libertad, el dictador y sus perros fieles.  Antes de su publicación (México, 1976) el montón de intelectuales y artistas de Guatemala se burlaban de mí, pero comenzaron a respetarme y a meterse la cola entre la boca.

¿Y la segunda antología?

En lo que queda del año, cada dos meses y medio espero  presentar un proyecto distinto. Y ese otro trabajo contará con el apoyo de la Universidad de San Carlos y recoge material que aporté a su revista Alero, así como documentación de  los murales que realicé en su facultad de Arquitectura y en la Plaza Rogelia Cruz.

El Museo de la Universidad de San Carlos montará una exhibición con algunas de las piezas. Aún no sé si serán parte de la impresión, pero quiero incluir algunas sátiras que hice sobre las caídas de Roxana Baldetti y Otto Perez Molina. Ningún medio quiso publicarlas, pero mostraré algunas en la exposición.

Me doy una zurrada en ellos, pero tengo que decirlo porque a lo mejor que voy a morir en cualquier momento, y nadie más lo hará por mí. La muerte no me asusta, me asusta morir con cólera; o que me dé un derrame y quede jodido toda la vida.

Le espera un año muy activo.

Y confío en que  me alcance para filmar un documental que se llamará El mundo maya de Ramírez Amaya, en el cual recorro  varios sitios arqueológicos de Guatemala  y México para hablar de los trazos prehispánicos que definen mi línea de trabajo.

Además, quiero rendir un tributo a México, agradecer a ese país por ser el lugar donde mis hijos pudieron nacer. Y lo haré dibujando las imágenes para un video animado como tributo  a Agustín Lara, a quien considero, además de cantante, un poeta. 

Maestro del dibujo

  • Nació el  26 de noviembre de 1944. Incursiona en la pintura, el dibujo, el grabado, la literatura y el muralismo.
  • Se formó  en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
  • Participó en   la I Bienal de Grabado, en Lieja, Bélgica (1969). Desde entonces ha hecho  muchos otros encuentros similares, tanto  internacionales como en Guatemala. Su obra fue censurada en la Bienal de Sao Paulo (1973).
  • Son libros     suyos El cantar del tecolote,  El pájaro sobreviviente, Sobre la libertad, el dictador y sus perros fieles, y Palic chirachic.  La primera versión de Memorias de un aprendiz de asesino se quemó; trabaja ahora en una nueva publicación.