Compasión por los animales

Desde hace nueve años rescata a perros y gatos de las calles de la Ciudad de Guatemala.

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Maricela López posa con Canchito, el primer animal que rescató de las calles.
Maricela López posa con Canchito, el primer animal que rescató de las calles.

Un gatito ronroneaba afuera de la casa de Maricela López, en la zona 21 de la capital. “Lo que vi fue a un hermoso cachorrito bastante rubio. Lo llamé Canchito“, cuenta.

Desde entonces —hace nueve años—, el minino vive con ella; fue el primer animal que rescató de las calles. “Siento compasión por ellos”, asegura.

Hasta ahora, López ha recuperado a más de 70 animales, entre perros y gatos, pero la cifra se eleva aún más si se cuentan los rescates efectuados con otros compañeros.

El caso de López, aunque no es el único, no deja de ser especial, ya que es de las pocas personas que se preocupan por los canes y gatos que deambulan por ahí, sin hogar ni comida, y que deben soportar los malos tratos de las personas.

Su labor se agranda porque lo hace por el simple gusto de ayudar, ya que no recibe paga alguna —tiene su trabajo aparte—. De hecho, los gastos los sufraga de su bolsillo. Acepta, sin embargo, donaciones de concentrado, colchitas, ropa usada, vacunas, desparasitantes, antipulgas y otros medicamentos veterinarios específicos, así como artículos de limpieza, como escobas, cloro, detergente y desinfectante.

Incomprensión

Muchas veces López se encuentra con gente que le dice que mejor ayude a los niños, aunque ella cree que lo expresan por criticar. “Les respondo que esta es mi manera de contribuir”, refiere. “Si alguien quiere solucionar los problemas de la infancia, que lo haga, pues es necesario”.

También ha debido afrontar ciertos altibajos con la familia, porque no le permiten tener tantos animales dentro de casa.

Aún así, ella se mantiene en la lucha. Por eso, es común verla sentada con un perro o gato de la calle, alimentándolo, dedicándole tiempo y cariño, y si es necesario, llevándolo al veterinario. Pero lo mejor es cuando les encuentra un hogar temporal o permanente.

“Es impresionante cuando los veo por primera vez. Muchos tienen golpes, y por eso se tornan agresivos. A otros se les ve la tristeza en la cara. Pero las cosas cambian cuando una familia los adopta. Es entonces cuando se les nota la felicidad… ¡Están llenos de amor!”, exclama.

Cuidados

Mientras están con López, los animalitos pasan por un período de adaptación. También se les brindan los cuidados veterinarios adecuados.

“La gente debe ser más responsable con las mascotas. Algunos las compran cuando son cachorros, pero al crecer las descuidan y las abandonan. Luego dicen que ‘tan fea’ que se ve la calle con estos pequeños ‘vagabundos’, pero no piensan que eso se da por la falta de educación del ser humano”.

Así que, cuando desee donar algo o bien colaborar con la causa, será bienvenido. Por supuesto, si quiere adoptar también se le responderá. A cambio recibirá muchísima alegría y amor con su nueva mascota.