El icónico teatro de Xela

El Teatro Municipal de Quetzaltenango, construido por iniciativa de Manuel Estrada Cabrera, es un emblema de la ciudad altense. 

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Los quetzaltecos están orgullosos de su clima, tradiciones, gastronomía y arquitectura. Una de sus maravillas es el Teatro Municipal, un monumento de piedra con corazón de madera donde se han organizado fastuosos eventos desde finales  del siglo XIX.
Esta joya, localizada en la Calle Cajolá y 14 avenida del centro de Quetzaltenango, empezó a construirse el 4 de mayo de 1891, cuando en un acto simbólico fue colocada la primera piedra por parte de Manuel Estrada Cabrera, entonces jefe edil de esa localidad y quien, con el correr de los años, llegó a convertirse en presidente de Guatemala, cargo al que se aferró por 22 años.
Antes de aquella estructura, ya habían existido otros dedicados al arte y la cultura. En esa misma calle —en la Cajolá—, se abrió en enero de 1854 un teatro provisional en la Casa Ocampo. “Estuvo abierto por corto tiempo”, refiere René Merlos, historiador quetzalteco.
Después, don Eusebio Ibarra, el famoso don Chebo –—el de los chistes—, estableció el Teatro Ibarra en la Calle Real del Cantón de San Nicolás, el cual funcionó en la década de 1880. Por aquellos años (1887) también fue inaugurado el Teatro Meléndez, en la Calle de las Escaleras, donde hubo una presentación de Reinaldo Rebagliatti con su compañía de zarzuela cómica. Más tarde, ese edificio fue la sede de la Radio Morse y de la TGQ, la voz de Quetzaltenango. Al final, fue demolido.
Estos establecimientos, sin embargo, no se ajustaban a los requerimientos de la población. Por ello, en 1878, la Sociedad Literaria El Trabajo solicitó a la municipalidad que se construyera un gran teatro. La respuesta fue negativa.
Se efectuó otro intento en 1884 mediante la Junta directiva de la obra del Teatro Nacional de Quetzaltenango, presidida por Manuel Lisandro Barillas, pero nada se concretó.
La población continuó con las presiones pero, ante la pasividad de la municipalidad, Estrada Cabrera se lanzó a la alcaldía prometiendo diversas obras a sus paisanos. El resultado: victoria en 1891.
Entre sus primeras acciones fue levantar el Teatro Municipal a través de la firma Joaquín Rigalt, Felice & Durini. El 14 de septiembre de ese año, el Señor Presidente —en ese entonces, el Señor Alcalde— inauguró la construcción de forma simbólica en un terreno donde, hasta antes de eso, hubo casas viejas que fueron demolidas.
En 1894 surgieron los problemas. “Los constructores no pudieron cumplir con los plazos, por lo que se decidió contratar al inglés Enrique M. Jones para que continuara con los trabajos”, refiere el historiador Francisco Cajas Ovando.
El Teatro Municipal de Quetzaltenango, aún sin fachada, fue inaugurado el 19 de julio de 1895, fecha en que se conmemoraba el natalicio de Justo Rufino Barrios —en esos años, el gobernante era José María Reina Barrios, sobrino del Reformador—.
Elfego José Polanco, alcalde primero,  dijo: “En las postrimerías del siglo XIX inauguramos un templo que será legado que dejaremos a los que nos sobrevengan, para que inspirados en esta prueba tangible, tengan aliento en sus afanes y acendrada fe en la perseverancia de un pueblo virtuoso y esforzado”.
Luego, la compañía italiana Azzali presentó la obra teatral Hernani, escrita por el célebre escritor y dramaturgo francés Victor Hugo. En los días siguientes ofrecieron 19 funciones más. “Entre sus miembros estaban los padres del destacado dramaturgo Adolfo Drago-Bracco”, comenta Cajas Ovando.
La fachada fue construida poco después con estilo ecléctico, con aires del Renacimiento francés.
Esos fueron los primeros días de esta hermosa estructura, icono de Xela.

¡Terremoto!

El 18 de abril de 1902, a eso de las 20.25 horas, el suelo empezó a temblar en Los Altos. Muchas estructuras cayeron. La segunda ciudad más grande del país estaba en ruinas. “Noche horrenda, un verdadero cataclismo del que por milagro escapamos”, escribió luego Federico Gamboa, entonces embajador de México en nuestro país.
El fotógrafo Julio Yaquier salió a las calles de Quetzaltenango y retrató la aflicción de los sobrevivientes que deambulaban al lado de los escombros. Los muertos se contaron por cientos.
Aquel episodio también afectó al Teatro Municipal. “Hubo fisuras y se habló de demolerlo, pero al final se prefirió repararlo”, dice Cajas Ovando.
Eso sí, la fachada no es la misma, ya que Estrada Cabrera mandó a que se construyera una de estilo neoclásico; muy similar al griego, pues era de su gusto —se dice que el presidente era masón—.
“Su pórtico está conformado por un grupo de columnas jónicas que soportan el entablamiento”, refiere el Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala.
“Un impuesto al tabaco y al licor, creado luego del terremoto, ayudó a sufragar los gastos”, comenta Merlos.
Aquello estuvo a cargo del arquitecto inglés-italiano Thomas Stick Bonelli, quien, a su vez, subcontrató a Agatón Boj.
Las obras empezaron el 21 de noviembre de 1906 y concluyeron dos años más tarde —ese día era el cumpleaños del entonces Señor Presidente—.
La reinauguración también incluyó un nuevo vestíbulo y un frontispicio.

Época dorada

Para Cajas Ovando, los tiempos de oro del Teatro Municipal de Quetzaltenango fueron desde su inauguración hasta 1931, cuando empezó la era ubiquista.
Hasta entonces hubo teatro, óperas, operetas, sinfónicas, ballet y zarzuelas, así como conciertos de canto y piano. Incluso, se dice que si algo se presentaba en el Teatro Colón, en la capital, también se hacía en el Municipal quetzalteco. “Así fue hasta que llegó Jorge Ubico al poder; por eso, el Teatro se empolvó por 14 años”, cuenta Cajas Ovando. “El inmueble se reabrió con los revolucionarios”, agrega.
Merlos, no obstante, alarga los tiempos dorados hasta 1960. En  cualquier caso, el Teatro cayó en cierto descuido  desde entonces.

Detalles neoclásicos del Teatro de Xela. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

El recinto, hoy

Entre los eventos más importantes que ahora se celebran están las elecciones y coronaciones de la Señorita Quetzaltenango, Reina del Deporte y Reina Nacional de las Fiestas de Independencia. Por supuesto, su gran gala anual es con los Juegos Florales Hispanoamericanos, los cuales se celebran desde 1916 y que son parte de la Feria Centroamericana de la Independencia.
Últimamente se han organizado conciertos de marimba que han sido exitosos.
Pese a ello, existe preocupación por este icono de piedra. “Gente de otros departamentos rentan las instalaciones, pero no las cuidan”, expresa Merlos, a lo cual Cajas Ovando añade: “Ni la municipalidad ni la Casa de la Cultura le dan un mantenimiento adecuado”.
De hecho, la duela, las alfombras y los objetos de madera están visiblemente sucios. Las sillas también están manchadas.
La comuna quetzalteca, a través de su departamento de Comunicación Social, indica que en el recinto hay personal permanente que brinda mantenimiento. “Para este año, el Teatro tiene un presupuesto de Q192 mil 435, incluyendo gastos administrativos”, refiere su comunicado, enviado por correo electrónico. “El año pasado, a través del Concejo Municipal y la Comisión de Señorita Quetzaltenango, se logró la renovación de butacas e instalación de iluminación y extintores”, agrega. Asimismo, se gestionan donaciones para remozar el exterior.
Cajas Ovando, en tanto, propone una comisión fiscalizadora. “Si los quetzaltecos no nos preocupamos, nuestro patrimonio podría tener daños irreversibles”.
Fuentes: Breve historia de nuestro Teatro Municipal, en el libro Poesía de América, Juegos Florales Centroamericanos 1916-1965, de Gerardo Hurtado Aguilar. / Tesis José María Reina Barrios, un presidente guatemalteco olvidado por la Historia, de Lorena Castellanos.

Distribución del teatro

Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

– Lámpara europea. Sobre la madera del techo hay lámina galvanizada.
– Aforo. Originalmente, el teatro tenía capacidad para mil 50 personas. Hace casi una década se redujo a unas 800. Hoy, por seguridad, acoge a 600.
– Atrás del palco hay un foyer (vestíbulo) que es utilizado, principalmente, para las grandes galas. Adentro están los retratos de Manuel Estrada Cabrera y de dos militares, el de J. Mariano Molina y de alguien hasta ahora desconocido.
– Luneta. La panorámica es ideal desde cualquier punto.
– Anfiteatro. Ya no se emplea este sitio.
– Palco alto y bajo. Cada una de estas localidades tiene una llave propia. En el siglo XIX, los palcos fueron distribuidos por sorteo a cada una de las familias que abonaron 20 mil pesos cada una para financiar parte del Teatro.
– Antes era usual que los teatros se incendiaran debido al uso de lámparas de kerosene. Para prevenir un siniestro, abajo del escenario se instaló una pileta, la cual hoy aún existe.
– Foso para músicos
– Las actas de la Municipalidad local refieren que el interior del teatro (prefabricado) fue adquirido
en San Francisco, California, por 40 mil pesos plata. Las piezas entraron por el puerto de Champerico a finales del siglo XIX y luego transportadas a San Felipe, Retalhuleu. “Desde ahí las llevaron en mulas y carretas hasta Xela”, dice el historiador Jorge Valverde.
– En la década de 1980 se remozó gracias a la iniciativa del quetzalteco Domingo Lima. En esa ocasión se reforzaron los niveles y se instaló nueva duela. La fuente y el graderío exterior también se mejoraron. En 1995 hubo otra restauración liderada por Esmirna Barrientos y Ezequiel de Paz.

Además

– El Teatro Municipal de Quetzaltenango fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Ministerio de Cultura y Deportes, según decreto 425.
– Osmundo Arriola, Carlos Wyld Ospina, Werner Ovalle y Belisario Soto, entre otros, presentaron sus obras en este recinto.

Plaza de los poetas

Fotos Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

Estos son los bustos y estatuas que se encuentran en el exterior del Teatro Municipal quetzalteco.
– Poeta Osmundo Arriola (1965). Ganador de los Juegos Florales 1916 y 1927.
– A la memoria del maestro Jesús Castillo, exponente de la música maya-quiché y creador de la primera ópera vernácula. El busto data del 9 de septiembre de 1958.
– Dedicatoria a Alberto Velázquez, periodista, escritor, banquero, comerciante y militante del partido Unionista. Placa de bronce (12 de septiembre de 1969).
– Rosario de Paz Chajchalac,  primera Reina indígena (septiembre de 1985).