Revista D

Elena III, la marquesa triste

La hija preferida del presidente Justo Rufino Barrios vivió rodeada de riquezas, pero fue una niña solitaria.

Por Claudia Palma

¿Quién de las dos niñas es Elena Barrios? Tanto la de la izquierda atrás como la de la derecha tienen similares edades.
¿Quién de las dos niñas es Elena Barrios? Tanto la de la izquierda atrás como la de la derecha tienen similares edades.

Elena fue la primogénita del general Justo Rufino Barrios. Una fotografía guardada celosamente durante más de un siglo por la familia de Francisco Quezada, quien fue jefe político de aquel gobierno, retrata a los Barrios y Aparicio. Una de las dos niñas de la imagen es Elena.

En el dorso de la postal sepia que conserva Juan Manuel Quesada Fernández —en la actualidad el apellido está escrito con S— , heredada de su bisabuelo Francisco Quezada, está escrito el año 1883.

La niña Elena

Elena nació el 22 de junio de 1875. Fue el fruto de un matrimonio que se certificó el 24 de julio de 1874, y que, a decir de algunos biógrafos del general Barrios, se consumó en contra de la voluntad de Francisca Aparicio, quien en aquella época tenía 14 años, y no sentía atracción por el general, de 37.

Fue bautizada el 19 de julio de 1875, en la parroquia El Sagrario, de la Ciudad de Guatemala.

Víctor Manuel Díaz, en su libro Barrios ante la posteridad, describe el acontecimiento así: “Al llegar (Francisco) Quezada a la mansión presidencial escuchó asombrado la súplica del general Barrios, para servir de padrino a su hija, a quien se debía bautizar ese mismo día”.

“No valieron las excusas del modesto obrero, quien inmediatamente, en compañía de una india mixqueña y de otras personas humildes, se encaminó al Sagrario”, agrega Díaz.

“Quezada iba bien vestido: lo primero que hizo al llegar a la iglesia fue ponerse de acuerdo con el sacerdote encargado de la capilla, a efecto de que ordenase un solemne repique de campanas. Este repique provocó la curiosidad de numerosas personas que apresuradamente concurrieron al templo”.

“Ese día Quezada llevaba en el bolsillo todas sus economías, que ascendían a más de doscientos pesos en pesetas, reales y cuartillos de plata. Terminada la ceremonia el padrino comenzó a repartir dinero en el atrio con gran alegría de los chicuelos”, detalla Díaz.

Según este autor, muchos censuraron a Barrios la ocurrencia de convertir a un sastre en su compadre, pero en realidad no se trataba de un simple artesano.

En sus memorias, escritas con su puño y letra, que están en poder de su bisnieto, se lee: “Durante muchos años a contar del 71 (1871) mi casa y mi taller fueron puntos de reunión de varios patriotas y otras personas que también mostraban interés por las cosas del país”.

“Era una tertulia diaria en la que hasta se discutían algunas leyes que el Gobierno proyectaba emitir y que el Ministro Samayoa me las daba para que recabara la opinión acerca de ellas”.

Quezada ocupaba el cargo de Regidor de la Municipalidad desde 1874. De esa época, en marzo de 1875, data la moción que presentó para dar nuevos nombres y nomenclaturas a las calles. El expediente aún se conserva en el Archivo General de Centroamérica.

Catalina Barrios y Barrios, autora del libro Estudio histórico del periodismo guatemalteco, asegura que la avenida Elena, zona 1 capitalina lleva ese nombre en homenaje de la hija favorita de Barrios.

Luis Alfonso Ortega, quien se dedica a documentar la genealogía de la familia Aparicio, indica que nombraron esa calle así efectivamente por Elena, “pero eso no está documentado”.

Un retrato idéntico

Elena tenía 8 años cuando fue tomada la fotografía en cuestión. Su hermana María de la Luz, quien nació en 1876, tenía 7.

“¿Qué quiere saber de ella? Pensé que me preguntaría por las otras niñas“, respondió José Raúl Barrios Pernillo —quien se ha dedicado a reconstruir el árbol genealógico de los Barrios— al ser consultado por Revista D.

Una semana después, el biógrafo, un tanto emocionado, respondió por teléfono: “¡En Francia hay un retrato idéntico al que ustedes enviaron y tiene a los niños identificados!” Sin embargo, la esperanza de reconocer a la pequeña Elena volvió a desvanecerse: la computadora donde se encuentra guardada la fotografía estaba en servicio.

Las investigaciones en Madrid tampoco dieron muchos frutos.

Una nueva vida

Elena, la mayor de siete hermanos, perdió a su padre cuando tenía 9 años. La familia abandonó el país casi inmediatamente tras los funerales de Barrios y se marchó hacia Nueva York, donde residía parte de los Aparicio, quienes se dedicaban a la exportación de café desde Guatemala.

Familiares de los Aparicio en Francia confirmaron que antes de la muerte del caudillo las relaciones con sus suegros estaban muy deterioradas.

Carlos Aguilera de León, en el Libro Centenario, describe a Elena como “la compañera constante” de Francisca Aparicio, quien heredó una fortuna de 30 millones de pesos y falleció en 1943. Elena murió un año después.

La pista que dejó durante esos años es casi imperceptible, unas cuantas crónicas de la época, como las recopiladas por Barrios y Barrios, permiten hacerse una idea del entorno que la rodeaba.

Francisca Aparicio se instaló con sus hijos en una hermosa casa ubicada en la 5ª avenida número 855, frente al Parque Central de Nueva York. “Sus bailes fueron siempre un acontecimiento. Ella se presentaba lujosamente vestida acompañada de su mamá y las señoritas Aparicio… Los salones estaban adornados con plantas raras, en un escenario decorado por un tramoyista de la Metropolitan Ópera House”. Esa misma orquesta amenizaba las fiestas en donde “se servían cenas suculentas”, cita Barrios y Barrios.

Los Barrios y Aparicio se trasladaron a España, en donde el ministro liberal Antonio Cánovas del Castillo fue su enlace con la nobleza española.

En 1892, Francisca, que ya tenía 34 años, celebró sus segundas nupcias, en Nueva York, con José Martínez de Roda, Marqués de Vistabella y quien representaba a Granada en la cámara de diputados. Para entonces Elena estaría por cumplir 18 años.

La hemeroteca digital del diario español ABC guarda en sus archivos crónicas que narran que la casa de los Barrios se convirtió en “la primera en Madrid” a donde las jóvenes de la época acudían solas a fiestas que organizaba Francisca, quien solía dedicar los martes por la tarde a sus hijas y a las amigas de estas.

Una  vida solitaria

Dos de los hermanos de Elena estudiaron en el colegio de Charmatín en Madrid, a cargo de los jesuitas, a quienes, irónicamente, su padre Justo Rufino Barrios, había expulsado de Guatemala. José Ignacio, el mayor, murió ahí de una afección pulmonar el 2 de julio de 1895, a los 17 años. Dos años después falleció Carlos de 16 en circunstancias que se desconocen, según Barrios Pernillo.

Francisca enviudó nuevamente en 1899, siete años después de haberse casado. Como Martínez de Roda, marqués de Vistabella, no tuvo hijos, fue autorizado para designar a Justo Rufino, el único varón sobreviviente de los Barrios y Aparicio, como su sucesor, pero este murió en 1909, en París, Francia.

Fue así que Elena se convirtió en Elena III, marquesa de Vistabella, según cita el libro Elenco de Grandezas y títulos nobiliarios españoles, editado en el 2008, en Madrid. Nunca se casó, nadie recuerda que haya tenido algún amor, y su único sobrino murió durante la Guerra Civil Española.

A través de las crónicas del diario ABC es posible obtener detalles de la boda de la hermana que le seguía, María de la Luz, con el conde de Romila y la menor, María Josefa, con otro noble: Tomás de Terrazas, marqués de la Ensenada. El compromiso de María de la Luz fue anunciado en junio de 1916. El enlace se celebró con toda pompa en París.

La vida de Elena transcurrió entre Madrid y Suiza. Falleció por causas naturales el 24 de abril de 1944 y no el 26 como erróneamente se ha consignado durante años.

La esquela publicada por sus hermanas, María de la Luz y María Josefa, para ese entonces viudas, anunciaba que el cortejo saldría de su casa en Amador No. 5 al cementerio de San Justo.

La solariega casa en Madrid donde vivió Elena ya no existe; en su lugar hay un moderno edificio, corroboraron sus familiares en la búsqueda de esta niña perdida.

¿Quién es?

  • En el retrato hay dos  niñas de rasgos  físicos parecidos y vestidas de manera  similar. Una  es delgada, frágil, menuda, casi etérea y de mirada arcana.  Está de pie  detrás de Francisca Aparicio, su madre, como si quisiera esconderse.
  • La otra,  a la  diestra de la madre, pero ligeramente separada, tiene una expresión angelical. Es carirredonda y un pequeño flequillo despeinado cae sobre su frente.   
  • Una de ellas es la hija predilecta del caudillo  Barrios,  quien  para inmortalizarla   bautizó con su nombre la hoy popular  avenida Elena.