Fernando Archila: Un artista en búsqueda de la transformación musical

Desde la dirección, gestión y divulgación de proyectos musicales Archila propone la transformación de quienes integran proyectos corales.

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El  arreglista, compositor, director e intérprete musical ha participado en eventos corales en 18 países y ha sido consultor de diversos proyectos corales. (Foto Prensa Libre: María José Bonilla)
El arreglista, compositor, director e intérprete musical ha participado en eventos corales en 18 países y ha sido consultor de diversos proyectos corales. (Foto Prensa Libre: María José Bonilla)

Pragmático, docente, compositor, director, intérprete y gestor son algunos de los términos que definen la experiencia de Fernando Archila, un guatemalteco apasionado por la música de coro, y quien, desde esa trinchera artística, ha fomentado espacios donde más personas puedan sentirse convocadas para su transformación desde el canto individual y colectivo.

Prueba de los esfuerzos artísticos y de transformación de Archila están presentes en Corodemia, un proyecto que desarrolló hace veinte años para acercar a más personas a la música. Más allá de ese espacio, Fernando también se ha involucrado en la dirección de otros proyectos musicales y también en la composición. En esta charla nos cuenta acerca de su desempeño y su comprometida carrera musical.

¿Cómo se dieron sus primeros acercamientos a la música?

Mis padres estuvieron en una iglesia evangélica, donde cantaban en distintos grupos. Me involucré en esos espacios musicales de alabanza donde cantaba y tocaba instrumentos. En la iglesia aprendí “al oído” y también por mi papá y mamá, que me enseñaron las bases de la guitarra, el teclado y el bajo eléctrico.

Estudié la carrera de magisterio de educación musical y también estuve en el Conservatorio Nacional de Música. En el magisterio en educación musical aprendí guitarra, piano, marimba y flauta. Cuando los maestros se gradúan de ahí, deben poder interpretar al menos cuatro instrumentos. Luego en el Conservatorio me especialicé en piano y fagot.

¿Como determinó que la música sería su campo de acción?

Fue cuando salí de tercero básico y decidí estudiar magisterio en educación musical. Ese fue mi punto de inflexión, porque mi otra opción era estudiar para perito contador. Me decidí por la música porque es cautivadora. Estudiarla fue muy agradable, no difícil.

¿En qué punto surgió su afinidad por la música de coro?

Entre los cursos de la Escuela Normal para Maestros de Educación Musical se incluía la práctica y dirección coral. Además de estudiar esos cursos, decidí participar en coros particulares. Uno de ellos fue el coro Victoria, que lo dirigía uno de los maestros de la escuela. Era un trabajo y un repertorio exigente. Posteriormente busqué otros proyectos en los que me involucré en hacer arreglos e incluso a componer. Encontré satisfactorio probar mi propia música a través de la combinación de otras voces.

Archila se ha especializado en la musicalización de distintos instrumentos, entre ellos el piano y el fagot. (Foto Prensa Libre: María José Bonilla)

¿Qué apreciaciones tiene de formación académica musical en Guatemala?

En el Conservatorio es una línea más académica, y no se imparte música popular. Si alguien quiere conocer de ese estilo, debe hacerlo en una academia privada. La parte académica está concentrada allí, pero también, en menor medida, en algunas universidades con carreras que tienen ciertas vinculaciones con Educación o la carrera instrumentista.

Siento que estamos en vías de desarrollo, como dirían los economistas. Hay deficiencias, pero se destacan avances importantes durante los últimos años por la proliferación en tecnología, tanto en la creación de partituras o de arreglos con software.

A propósito de la tecnología, ¿en qué medida cree que pueda ser una oportunidad y un desafío para el desarrollo musical?

La tecnología debería tener ventajas en todos los campos. En el caso de la música, veo una grande con la facilidad de compartir materiales y para reunirnos con personas que están lejos. Nos ha venido a salvar parcialmente de esa gran posibilidad de desaparecer. Es algo que me ha permitido ensayar en línea con el coro de la Universidad Da Vinci. En este tiempo también he liderado capacitaciones para otros coros y agrupaciones privadas, con el fin de darles recomendaciones para impedir que los coros virtuales desaparezcan.

Pero por otro lado hay una desventaja en cuanto a la insensibilización en la práctica colectiva. Por ejemplo, el empaste vocal, que es la mezcla del sonido de las voces para lograr una mezcla heterogénea u homogénea en el coro, es algo que se puede lograr fácil en vivo, pero que la pandemia vino a destruir. La diferencia es notoria. Ahora, en el caso de los coros se deben cumplir condiciones como el distanciamiento, el estar en espacios abiertos, el uso de mascarilla y la vacunación.

Es profesor en Historia y Ciencias sociales, y a la vez administrador educativo. ¿Cómo han complementado estos conocimientos a su compromiso con la divulgación musical?

Soy una persona pragmática y por eso he buscado aprender de muchas cosas que puedan servirme. Me capacité con otros colegas desde la música en talleres dentro y fuera de Guatemala, especialmente en el tema de la dirección coral. Cuando me iba por temporadas comenzaba a pensar en la idea de Corodemia, un proyecto que surgió de la visión y misión por hacer coros.

La forma en que me pareció viable concretarlo fue en una plataforma que promoviera coros de niños y jóvenes, y en donde yo pudiera poner en práctica lo que sabía de dirección coral, administración y composición. El objetivo de Corodemia está resumido en los conceptos detrás de su nombre —coro— y —epidemia—. Al combinarlos pensábamos que los coros debían ser como una epidemia, algo que se expandiera y pudiera transformar comunidades. Fue así como lo planteamos con un grupo de amigos y desde 2001 estamos en este proceso.

Archila dirige el coro de la Universidad Da Vinci desde el 2018. (Foto Prensa Libre: María José Bonilla)

¿Cuáles son los retos que ve para la creación de música coral en un contexto como el de Guatemala?

Desde la parte creativa he promovido que los grupos desarrollen sus propios repertorios y que estrenen con regularidad. Me refiero a que puedan realizar una pieza nueva, cada vez que haya una temporada coral. En cuanto a composición, el país está en pañales. Si lográramos convencer a las personas que les gusta la composición para que dediquen más tiempo a esta actividad, el movimiento sería mucho mejor; habría una identidad bien clara que estará presente en la identidad de cada comunidad.

Sería ideal que hubiera un escenario propicio para componer, ya sea a través de subvenciones o puestos de trabajo dedicados a eso, pero como no se trata de un material visto bajo los conceptos capitalistas, no es algo a lo que se le ponga mucho interés en Guatemala.

¿Cuál es el valor que tiene un intérprete musical frente a la sociedad?

Podría decir que en los coros que dirijo se valora más la persona que la música. Lo que más me interesa es el integrante. Tratamos de que la participación sea una situación que produzca transformaciones en la persona, que se sienta bien en el grupo y que afecte positivamente en su entorno.

La personalidad de un coro es la suma de las personalidades de sus integrantes. Cada vez que se agrega un coralista, esa personalidad sufre una modificación, la cual todos debemos adaptar. Se debe tomar en cuenta la tolerancia, aceptación, colaboración, camaradería, solidaridad y cariño.

Cada vez que alguien llega, cambiamos un poco. E incluso, cada vez que alguien se va, perdemos una parte de nosotros mismos. Ese concepto al hacer música coral puede ser de beneficio para quienes participan en el proyecto porque amerita un involucramiento con los demás.

¿Cree que la música es bálsamo en procesos de vida drásticos?

Creo que para toda situación de la vida hay un canto, y si no lo hay, se puede crear. Así que estos son medios de expresión que permiten liberar, compartir e integrar emociones. Es un canal ideal para promover la socialización y el compartir la vida con otras personas desde un canto grupal. En el caso de la pandemia hemos propuesto cantar a pesar de lo que sea.

Y aunque no hay conciertos, estamos grabando, editando y publicando vídeos. Quienes participan en los grupos agradecen que sigamos trabajando aun de esta manera porque encuentran en la práctica, ya sea virtual o presencial limitada, un alivio, un descanso y una familiaridad que les hace sobrellevar de mejor manera la crisis.