Filósofo del arte

El escritor Juan B. Juárez juzga las expresiones artísticas guatemaltecas desde hace más de 30 años. 
Foto Prensa Libre: Esbin García
Foto Prensa Libre: Esbin García

Más que un crítico es un filósofo del arte, pues busca la verdadera razón de una obra, analiza la técnica empleada por un artista plástico, así como el momento histórico en la que la creó.

El nombre de Juan B. Juárez denota autoridad en el ambiente artístico nacional. Aunque a veces suena contundente o severo, sus palabras siempre llevan elegancia y fundamento.

Juárez ha escrito más de mil artículos que documentan alrededor de tres décadas de la plástica guatemalteca. Entre estos “ensayos con pretensiones literarias”, como él los define, se encuentran Pintura viva de Guatemala (1984), Carlos Mérida (1992), El Centro Mítico de Guatemala o fichas para obras privadas de Efraín Recinos.

“Ocasionalmente —dice— he redactado cuentos y poesía, pero esto último lo hago secretamente, pues lo considero más íntimo y arriesgado”.

Pese a que no suele exponer sus versos, en esta ocasión hace una excepción. De su poema Recontrablues de J y B comparte este fragmento: “Ya solo soy mi calavera / bailando aunque no quiera/en el flojo pellejo que me cubre / y me llega hasta las rodillas”.

También pinta, pero lo hace para comprender mejor el trabajo de los artistas. “Hace solo ocho años que empecé con mis pinceladas”, refiere.

Hoy, Juan B. Juárez viste con sombrero, aunque comenta que es por receta médica. “Llevo un tratamiento de quimioterapia y por eso no tengo cabello”, declara. Aún así mantiene un espíritu combativo y optimista. “Es mi nuevo look”, agrega con una sonrisa.

¿Cuál es la función de un crítico de arte?

En mi caso, soy un escritor que aborda temas artísticos, pero con pretensiones literarias y no tanto como crítica en sí. Lo que intento, en todo caso, es comprender una obra para luego transmitir su significado a la gente.

Pero una obra de arte debería hablar por sí sola, ¿no cree?

Ese es el ideal. Sin embargo, también considero que debe haber una comprensión más profunda del trabajo de los artistas, tanto en sus manifestaciones culturales como sociales.

¿El crítico está por encima del artista o viceversa?

Son disciplinas complementarias. Solo creo necesario que alguien facilite el entendimiento de una obra.

Ahora bien, existen ciertos críticos demasiado técnicos, por lo que redactan documentos espesos y que no logran transmitir el mensaje; es como si quisieran robarse el show.

De hecho, es común leer textos enredados.

Exacto, y al final no dicen nada. Lo que un crítico redacta debe ser simple, pero sin perder su rigor analítico, conceptual y expresivo.

El artista francés Marcel Duchamp, en parte confrontando la labor de los críticos, decía: “No hay que venerar el arte solo porque alguien dice que eso es arte”. ¿Usted qué opina?

Estoy de acuerdo. Pero también hay que tomar en cuenta que detrás de una obra existe todo un sistema de legitimización, por ejemplo, tomar en cuenta la hoja de vida del artista —estudios, maestros, exposiciones o premios—.

¿Cree que esa legitimización pueda ser manipulada?

Frecuentemente es así. Lamentablemente, muchos pseudoartistas se la creen.

Entonces, ¿un crítico de arte podría “inventar” a un artista?

Teóricamente, sí. También puede inventar obras, sobre todo ahora con eso del arte conceptual.

Algo así como decir que una caja de zapatos vacía refleja el hartazgo, las manifestaciones y la crisis económica.

Sí. Fíjese que hace algún tiempo se dio una situación en Guatemala, la del artista Aníbal López, quien fue a los supermercados a recoger unas cajas de cartón y las firmó. Las puso en una exposición y las vendió. En este caso, no se trataba de la caja autografiada, sino el gesto del artista al elegir…

¿Eso es arte?

Para mí no, pero lo que hizo fue para denunciar el mercado del arte.

¿Cree, entonces, que ahora vivimos en el mercantilismo del arte y no en la creación de este como tal?

Sí, esa es una perspectiva interesante. Mire, arte y mercado son términos antagónicos, pero en la práctica somos una sociedad de mercado y, al mismo tiempo, los artistas sobreviven de su trabajo. Así que deben crearse obras que circulen, que se vendan y que a la vez no pierdan su pureza expresiva.

¿Una galería puede decir que determinada obra “es arte” tan solo para ganar dinero?

De hecho, así sucede. Las galerías se mueven dentro de ese mercado, son agentes poderosos y pueden manipular a los medios de comunicación, a los coleccionistas o las subastas.

Como el caso de Damien Hirst, quien, por US$15 millones, vendió un borrego inmerso en una vitrina con formol.

Sí… Muchas galerías no venden arte sino prestigio. Imagínese, hay personas que adquieren obras y las guardan en bodegas. En Guatemala, incluso, son pocos los que conservan sus colecciones de forma responsable.

¿Considera que el mercado de arte está acabando con la creatividad e, incluso, con la inteligencia misma?

El mercado en general, no solo el artístico, nos pone ante falsas necesidades. De esa cuenta, muchos caen dentro del círculo del consumismo sin sentido.

Al final de cuentas, ¿qué puede considerarse como bello? ¿Qué es una pieza de arte?

La belleza es difícil de definir; es como la armonía de los elementos que están dentro de una obra. Filosóficamente, es aquello que merece ser visto simplemente por ser como es. Ahora bien, una pieza de arte, como le mencioné antes, debe pasar por un proceso de legitimización. Por eso, yo trabajo de cerca con un artista y, así, puedo saber si actúa con autenticidad o si es un farsante.

Robert Hughes, uno de los críticos de arte más afamados, era despiadado con sus palabras. Cierta vez dijo que las técnicas del arte posmoderno eran el vómito de los ochentas. ¿Usted ha sido así de severo con sus comentarios?

No soy escandaloso ni polémico.

Pero una polémica genera debate y eso, en parte, es lo que pretende un crítico.

Sí, pero no me agradan las expresiones del tipo de Hughes. Para mí, el análisis de una obra forma parte de un esfuerzo por comprenderla. No se trata de exponer prejuicios, sino de superarlos.

¿Los críticos tienden a favorecer más a ciertos grupos artísticos que a otros?

Cuando un crítico empieza en el oficio es más afín con el arte de su generación, a su momento histórico, y por tales razones apoya las manifestaciones que están en consonancia con eso. En mi caso, pertenezco a la generación de los artistas plásticos de los setentas, pero me deslindé porque mi trabajo requiere comprender a los artistas de todas las épocas.

¿Se ha llevado mal con algún grupo por haberle expresado una crítica desfavorable?

Los artistas en general son emotivos y les disgusta que les digan que no son unos genios. Entonces, se resienten y surgen los malos entendidos. Lo ideal es que todos sean tolerantes.

Ante todo esto, ¿quién critica al crítico de arte?

—Ríe—. Es una situación divertida, porque entre nosotros mismos nos damos duro. De los que escribimos crítica artística, ninguno mencionamos a la competencia.

¿A quiénes considera los máximos exponentes del arte guatemalteco?

No mencionaré nombres, pero le diré que el panorama de los últimos años ha cambiado de forma significativa. En este siglo ha habido una especie de “democratización de la expresión”, pero eso no necesariamente quiere decir que haya calidad. Hoy, los artistas a los que se les puede considerar con una obra válida y que, además, tienen una cultura rica, diversa y que no ejecutan cosas al aire sino con fundamento filosófico, sociológico o político, son solo unos 150.