La Monja Blanca, máxima joya de la flora guatemalteca

La Monja Blanca es una forma taxonómica que perdió su pigmentación rosada (o morada) y solo conserva su pigmentación amarilla.

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Monja Blanca
Monja Blanca reproducida por el orquideólogo guatemalteco Fredy Archila para su reintroducción masiva en la naturaleza. Foto Prensa Libre

Las orquídeas o plantas de la familia Orchidaceae se distinguen por la complejidad de sus flores compuestas de tres sépalos, dos pétalos y un labelo (pétalo modificado inferior). Son los seres más evolucionados del reino vegetal.

Han desarrollado interacciones ecológicas con insectos polinizadores específicos y con hongos con los que forman asociaciones llamadas micorrizas. Están presentes en todos los continentes excepto los desiertos y los polos.

Desde que llegaron los primeros europeos a América se sintieron fascinados por estas bellezas neotropicales, y su interacción pasó del ornamento en sus fincas y casas, para más tarde comenzar con el envío a Europa de cientos de miles de plantas para su comercialización. El saqueo no cesa, pero ahora se han sumado depredadores y coleccionistas ilegales locales.

La nívea orquídea Monja Blanca, de tamaño considerable, es una forma semialbina de la especie Lycaste virginalis que por lo general presenta flores moradas (forma virginalis y forma superba).

Se le nombra semialbina porque conserva el color amarillo en el centro de la flor. Su nombre científico correcto es Lycaste virginalis forma alba (Dombrain) Archila & Chiron. Su ausencia de color se debe a un accidente genético en sus 40 cromosomas: la pérdida de un gen responsable de la síntesis del pigmento antocianina que le da color a las flores.

Su polinizador es una abeja del género Bombus. Se le conoce de los bosques nubosos de Alta Verapaz desde tiempos antiguos. Todos los registros históricos se han efectuado en Guatemala, en las Verapaces y Quiché. Por su belleza y rareza fue declarada flor nacional por decreto presidencial del 21 de febrero de 1934. Su presencia en el imaginario nacional es abundante. Aparece en las monedas de 50 centavos, en nombres de negocios e instituciones, y se han emitido sellos con su imagen. El último fue dedicado al ingeniero agrónomo Fredy Archila.

Este eminente botánico orquideólogo guatemalteco no solo tiene el mérito de haber nombrado correctamente a la monja blanca, sino que además con su labor científica evitada su inminente extinción.

La Monja Blanca
El investigador Fredy Archila con una planta de nuestra
flor nacional, en su Estación Experimental de orquídeas en Cobán. Foto Prensa Libre

Dio inicio a un proyecto único en Guatemala, el banco de germoplasma de orquídeas, para rescatarlas de bosques talados antes de que estos fueran quemados. La Estación Experimental de orquídeas de la familia Archila, en Cobán, alberga 35 mil plantas rescatadas. Algunas de las especies que se encuentran en ella ya no existen en la naturaleza porque su hábitat desapareció.

La reproducción de la Monja Blanca no fue fácil, porque la germinación de las semillas requiere la alianza con un hongo microscópico y la raíz de un árbol. Se utilizó fecundación artificial y biotecnología para su reproducción in vitro en laboratorio. Después de siete años, en 2017, gracias al esfuerzo personal de Archila -quien ha sido llamado “guardián de las joyas del bosque”-, la Monja Blanca fue reintroducida sobre árboles de encino en los bosques utilizando la más alta tecnología de software predictivos de nichos reales y potenciales.

La máxima joya de la flora de Guatemala volvió a florecer en los bosques nubosos de las Verapaces. Este es un caso único en la historia medioambiental, que considera la trazabilidad de los ejemplares y garantiza su pureza genética.

 

*miftorres@hotmail.com