“Los libros de texto merecen una revisión”: La visión de Ana María Urruela de cómo se enseña historia

La presidenta de la Academia de Geografía e Historia comparte sus impresiones acerca de los retos frente a la divulgación de ciencias humanísticas en el país.

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Además de la investigación en temas históricos,  Ana María  Ururuela ha generado piezas de crítica literaria publicadas en Guatemala y en medios de  Puerto Rico y Colombia. (Foto Prensa Libre: Paulo Cesar Raquec Caal, cortesía MCD y Academia de Geografía e Historia)
Además de la investigación en temas históricos, Ana María Ururuela ha generado piezas de crítica literaria publicadas en Guatemala y en medios de Puerto Rico y Colombia. (Foto Prensa Libre: Paulo Cesar Raquec Caal, cortesía MCD y Academia de Geografía e Historia)

El 15 de mayo de 1923, trece intelectuales vinculados a las ciencias sociales en el país se reunieron en el Palacio Centenario para dar vida a la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. Más de medio siglo después, en septiembre de 1979, la sociedad pasó a llamarse Academia de Geografía e Historia de Guatemala (AGHG).

Lo que en principio fue concebido como una semilla de estudios sobre la construcción del tiempo sociopolítico en el país, terminó por expandirse con una ramificación de investigaciones histórico—humanísticas que mantienen un desarrollo hasta la actualidad.

En el presente, la misión de la AGHG es gestionada por una junta directiva de académicos, formadores e investigadores comprometidos con la historia, la cual es presidida por Ana María Urruela; especialista en Historia, Lengua y Literatura.

En esta entrevista, que se adscribe a la época del Bicentenario de Independencia de Guatemala, Urruela nos habla de su importancia detrás de la historia, la gestión de la AGHG y proyectos que podrían propiciar mayores acercamientos con las ciencias humanísticas en el país.

¿Qué acciones se han desarrollado desde la Academia de Geografía e Historia de cara a un evento cívico como el Bicentenario?

Creo que el Bicentenario debe ser celebrado. Cualquier país que rompa ataduras debería estar feliz de alcanzar su propia independencia. Hay múltiples opiniones, hay quienes están en contra de la celebración y otras que están a favor.

En el caso de la AGHG hemos conmemorado la independencia desde el año pasado con conferencias semanales sobre temas relacionados con el siglo XIX y también de la propia Independencia.

En esos casos hemos invitado a especialistas de varias universidades y del extranjero para que participen de los espacios que se han realizado vía Zoom. También se han publicado dos tomos en referencia al papel de la Iglesia en el Bicentenario.

Creo que todas las acciones podrían contribuir no solo a reunir distintas perspectivas, sino también a despertar un interés en la juventud para que conozca nuestra historia.

La Academia tiene 98 años. ¿Cuáles son los desafíos que se plantea en la actualidad?

Estamos por celebrar el primer centenario de la Academia y hemos discutido sobre la problemática de cómo tener la apertura para que la institución sea más apreciada y que sus conocimientos puedan llegar a más personas.

Para ello, lo primero es continuar con las publicaciones y contemplar folletos con temas breves de arqueología, historia o sociología.

Con eso, los formadores tendrían información más amplia y también existiría la posibilidad de instruirse y proyectarse mejor hacia los alumnos.

Además de las publicaciones, será importante programar actividades a distancia, ya que estos nuevos medios son facilitadores para llegar a un público mayor.

La Academia de Geografía e Historia se ubica en la 3ª avenida 8-35, zona 1 capitalina. (Foto Prensa Libre: Cortesía AGHG)

Por otro lado, seguimos insistiendo en la relevancia de crear conciencia de los archivos o las bibliotecas. Idealizamos que exista un mayor número de estas entidades para que personas de todas las edades puedan consultarlas, pero es un reto grande en el país. Para llegar a una mayor población debe haber una mejor planificación estatal.

En el país han existido desafíos en cuanto a los planes educativos desde la primaria hasta la universidad. Aun así, se ha podido ver que hay pocos estudiantes de ciencias humanísticas.

Por otro lado, valdría la pena reflexionar que no hay tantos puestos para investigar desde estos ejes profesionales. La investigación no se ha integrado a la forma de educación del país. También pienso que la iniciativa privada podría ayudar a que eso avance.

¿Qué esfuerzos diría se han trazado desde la AGHG para llegar a la juventud y acercarla a contenidos históricos?

Para lograrlo debemos tratar de abrir la academia para que no sea un centro en el cual estemos únicamente los investigadores de la historia y otras ramas.

Me gusta pensar que el Ministerio de Educación podría estar al tanto de lo que publicamos y que sembrara la necesidad de conocer más acerca de estos temas. De otro modo, resultaría imposible que una academia llegue a la juventud. Se necesita tener el nexo con otras autoridades.

Ana María Urruela ha presidido la AGHG en tres períodos. (Foto Prensa Libre: Paulo Cesar Raquec Caal, cortesía MCD y Academia de Geografía e Historia)

¿Considera que hay fugas en cuanto a la enseñanza de Historia y Ciencias sociales en los diferentes grados de las instituciones educativas del país?

Yo lo llamaría un “lapsus”. En los libros de texto hay información sobre historia, pero es lo mismo de siempre. Hay que conocer más: cómo ha sido el mundo, cómo han vivido las personas, qué pensaban y por qué hemos llegado a ser un sincretismo social. En Guatemala somos una mezcla maravillosa, pero seguimos peleándonos y discrepando, más que construyendo. Creo que los libros de texto merecen una revisión.

Ahora, tomando en cuenta los avances telemáticos, debería abrirse la oportunidad para que más estudiantes puedan acercarse a contenido como el que tenemos en la AGHG.

Pero para generar ese interés se necesita una educación escalonada desde temprana edad hasta la universidad. Actualmente las facultades de Humanidades tienen cada vez menos alumnos. Es algo que falta mucho.

¿Le resulta viable considerar una actualización curricular en Ciencias sociales, o cree que el compromiso por actualizar las perspectivas deba recaer en los formadores?

Creo que es dual, pero también pienso que los formadores son esenciales. Muchos de los maestros que enseñan historia en primaria no tienen ni el profesorado de enseñanza media en el tema.

En repetidas ocasiones, quienes sí tienen un profesorado de enseñanza media en Historia están en secundaria, pero no enseñan solo acerca de eso, sino cosas alrededor.

En el caso de la AGHG son estudios más especializados, si se comparan con los de un formador de jóvenes, pero esto no quiere decir que sean inaccesibles.

Cualquier educador interesado en mejorar su práctica puede hacerlo, incluso viniendo a la academia. Hay contenidos como la revista Anales, que podría ser un punto de partida para generar interés, pero la pregunta es cómo seguir despertándolo.

Aunado a esa pregunta podría agregarse que muchas veces las academias son vistas como espacios elitistas. ¿Cómo se puede sensibilizar el interés del que habla?

Es algo que podría surgir de acciones pequeñas. Por ejemplo, que los niños conozcan los monumentos de la Avenida de La Reforma o de Las Américas. Acercarse a medios auditivos y visuales. Es algo que puede resultar no tan fácil, pero se debe hacer desde temprana edad. Pero también hago un énfasis en la lectura que podría despertar más imaginación.

Desde 1923 se han publicado más de 90 volúmenes de los “Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala”. (Foto Prensa Libre: Cortesía AGHG)

En el caso de las academias, coincido en que son elitistas. En nuestro caso somos 90 académicos numerarios más los correspondientes que residen fuera Guatemala, y se trata de un número bajo. En las universidades se conoce la existencia de las academias, pero es algo que va más allá de la educación.

El conocimiento es importante para la formación más avanzada del ser humano. En el caso de los guatemaltecos es importante plantearse conocer más de lo que existe, como símbolos, textos y nexos, pero increíblemente no todos tienen acceso a ello.

Aun así, se puede apostar por un acercamiento con información como la que ha realizado la Academia de Geografía e Historia de Guatemala por cerca de 98 años.