Mónica José Llamas: iluminación que da oportunidad

La guatemalteca ha destacado por su trabajo y especialización en iluminación de espacios arquitectónicos en Nueva York.

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Mónica José Llamas Smith se graduó de arquitecta en la Universidad Francisco 
Marroquín y ahora reside en Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: cortesía Mónica Llamas).
Mónica José Llamas Smith se graduó de arquitecta en la Universidad Francisco Marroquín y ahora reside en Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: cortesía Mónica Llamas).

La pasión por vencer nuevos retos y estar siempre activa en su carrera han llevado a Mónica José Llamas Smith a desenvolverse de manera exitosa en el mundo de la arquitectura e iluminación, tanto en Guatemala como en Nueva York, Estados Unidos.

Durante los últimos seis años ha trabajado en firmas de arquitectos que ejecutan proyectos de diversos países y ciudades como Nueva York, Florida, California, Canadá y Arabia Saudita. Además, ha compartido varias conferencias y ha sido invitada en diferentes congresos que abordan su especialidad: iluminación en espacios arquitectónicos.

Desde pequeña sus padres la estimularon, junto con su hermana, a explorar, ser creativa, a luchar por lo que más desea y a terminar de buena manera todo lo que comienza. Además, aunque de forma inconsciente, el que la mayoría del tiempo estuviera acompañada por su caja de crayones y un libro para colorear, despertaron en ella el interés por lo estético, por diseñar y construir.

Debido a que la arquitectura siempre ha sido y será su primer amor, como Llamas lo describe, cuando terminó la carrera en la Universidad Francisco Marroquín, decidió estudiar su especialidad en el extranjero. En la Universidad de Parsons, Nueva York, descubrió su pasión por la forma en que la iluminación de un espacio puede crear diferentes atmósferas y hacer sentir cómodas a las personas.

¿Cómo llegó el amor por la arquitectura a su vida?

Creo que fue porque mis papás me enseñaron a mantenerme ocupada, por eso siempre andaba con una caja de crayones y un cuaderno para pintar y crear. Mi mamá tiene sensibilidad para diseñar, quizá ella me inspiró a prestar atención a los lugares, a su estética.

Aunque, cuando ingresé a la facultad de arquitectura, no sabía exactamente qué iba a estudiar. Sabía que me interesaba ser creativa y que ahí me iba a entretener, pero nunca había estado en contacto con algún arquitecto. Sin embargo, me gustó porque significaba un reto en mi vida y complementaba mi lado artístico, porque se basaba en conceptualizar ideas.

Twin Brook Capital. Diseño de iluminación “Cline Bettridge Bernstein Lighting Design”. Equipo de diseño: Francesca Bettridge, Renata Gallo y Mónica Llamas. (Foto Prensa Libre: Steve Hall).

Otro factor que me gustó de esta carrera fue que le invita a aprender nuevas disciplinas. Por ejemplo, si va a diseñar un colegio, no solo tiene que saber de arquitectura, sino que debe tener conocimientos acerca de cómo funciona esa institución, cómo son sus usuarios, su educación; para poder satisfacer sus necesidades. Esta carrera incentiva a tener nuevos aprendizajes con cada proyecto.

¿En qué momento decidió ir a estudiar a Nueva York, en la Universidad de Parsons?

Mientras estaba estudiaba la carrera, uno de los factores que llamó mi atención fue la iluminación, porque noté que es un elemento que afecta lo que se está diseñando. Si se está creando una oficina, por ejemplo, el lugar en donde se coloque la luz influye mucho, modifica el ambiente y la experiencia que las personas tendrán al estar allí.

Eso no lo tenía claro hasta que nos dejaron un proyecto en el segundo año de la carrera. Ahí comenzó mi interés por la iluminación, conforme más avanzaba en mi carrera, más investigaba de iluminación y más me gustaba, así que decidí que me quería especializar en eso, pero en Guatemala no existía una maestría en iluminación, entonces busqué oportunidades en el extranjero.

Después me gradué de arquitecta, comencé a trabajar en una firma acá en Guatemala y mientras laboraba con ello, tenía dos planes para la maestría: ir a estudiar a Chicago diseño en iluminación o ir a la Universidad de Parsons a estudiar diseño de iluminación en espacios arquitectónicos. Apliqué a las dos universidades y en las dos me aceptaron, pero al final me decidí por Nueva York.

¿Cómo la iluminación afecta el ambiente de un espacio?

El mejor ejemplo de iluminación es la luz natural, por excelencia esta es la que nos cambiará la percepción de los espacios, porque no es la misma a las 10 que a las 15 horas. La calidad, color y materialidad de cómo se transforma a lo largo del día y cómo cambia los lugares, ya sean interiores o exteriores, es un referente de cómo influye la calidad de iluminación.

Si la iluminación es buena en un lugar, ayudará a cumplir con el objetivo por lo que fue creado. Es decir, si va a un café a platicar con sus amigas, con el objetivo de relajarse, pero el lugar tiene una luz muy fuerte y homogénea, le será difícil relajarse porque se sentirá intimidado, porque el espacio será frío e impersonal. En cambio, si el lugar tiene una iluminación indirecta, sutil y tenue, será un espacio acogedor y no sentirá las horas pasar.

Mónica Llamas durante conferencia “Poetics of Darknes” con Florencia Castro en LEDucation 2019. (Foto Prensa Libre: cortesía Mónica Llamas).

Para decir que una luz es buena, tiene que integrarse en los espacios sin ser evidente. Si apaga la luz, el ambiente se transforma, al igual si es de día o de noche. Los retos son cuando hay que equilibrar la luz con los gustos del cliente, si este la quiere tenue, si desea sombras en el espacio o si la luz se modifica mucho a lo largo del día, además, hay que tomar en cuenta la función del lugar y las características de quienes lo visitarán. Con estos elementos comenzamos a introducir la iluminación para que apoye a la creación de espacios.

¿Cómo fue su nominación al premio Forty under 40?

Este premio es en base a nominaciones, es decir, que alguien de la industria lo postula a uno, tomando en cuenta su trayectoria o contribuciones específicas en algún proyecto. Uno no sabe quién lo postula, hasta que los organizadores hacen varios filtros y luego se ponen en contacto con usted y le anuncian que es uno de los 40 nominados. Parte del reconocimiento es que publican el perfil de los ganadores en la revista internacional Lighting Magazine.

Mónica José Llamas recibió el premio Forty under 40, en Nueva York, en el 2018. (Foto Prensa Libre: cortesía Mónica Llamas).

Mi nominación fue en el 2018. Me notificaron por correo electrónico, pero se fue a la bandeja de spam. Después de varios correos de parte de los organizadores y sin lograr contactarme, dejaron un buzón de voz en mi teléfono en el que me preguntaron si aún estaba interesada en la nominación, porque ya quedaban muy pocos días para entregar la papelería. Cuando escuché el mensaje no entendí nada, porque no sabía que había sido postulada, así que los contacté y en un par de días reuní mi papelería y la envié.

A los meses me llamaron para decirme que había sido una de las ganadoras y que publicarían mi perfil en la revista, además de que podría participar en la ceremonia de entrega.

¿Qué significó este premio para su carrera?

Significó nuevas oportunidades. Yo ya trabajaba para una firma de arquitectos acá en Nueva York cuando lo recibí, pero gracias a la publicación de mi perfil en Lighting Magazine, otra firma de arquitectos me contactó para formar parte de su equipo. Fue una decisión muy difícil, pero lo tomé como un nuevo reto, como una forma de salir de mi zona de confort. Ahora ya cumplí dos años de trabajar allí.

También fue una forma de validar mi esfuerzo de los últimos años. Trabajar en otro país como extranjero significa que necesita una visa. Necesita demostrar que se merece ese documento, aunque muchos otros también estén calificados para recibirlo. Además, poder mantenerla para seguir desarrollándose como profesional no es sencillo. Pero este premio me ayudó, de cierta forma, a demostrar que estoy haciendo las cosas bien.