Víctor Muñoz: “Escribir fue accidental”

Víctor Muñoz, Premio Nacional de Literatura del 2013, es un narrador de conmovedoras historias del mundo urbano.

El escritor Víctor Muñoz, Premio Nacional de Literatura 2013 (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)<br _mce_bogus="1"/>
El escritor Víctor Muñoz, Premio Nacional de Literatura 2013 (Foto Prensa Libre: Edwin Bercián)

Los azares de la vida llevaron a Víctor Muñoz Cruz (1950), Premio Nacional de Literatura del 2013, a abrazar el oficio de escritor. Una vida llena de experiencias, afirma, le ha servido de inspiración para recrear con su pluma decenas de historias plasmadas en personajes de la Guatemala urbana.

Muñoz es reconocido entre los críticos como uno de los grandes narradores de la literatura guatemalteca contemporánea. A decir de la escritora Vania Vargas, “con un lenguaje vernáculo, coloquial, y sin malabares estructurales, ha logrado esbozar la vida de la clase media guatemalteca e invitar a la sensibilidad y el asombro…”. Esto, a propósito de su libro de cuentos más reciente, La reina ingrata.

En esta oportunidad, Muñoz comparte algunas de las anécdotas que definieron su vida y su peculiar estilo narrativo.        

Niñez rural

La infancia de Muñoz transcurrió en la finca Oná, en San Marcos, donde, recuerda que fue muy feliz, pues para entonces no tenían mayores preocupaciones.   La relación con los libros comenzó por su padre, quien se preocupaba porque sus hijos leyeran. “En casa no faltaban las —revistas— Selecciones y los clásicos de literatura juvenil”, comenta.  

Pero fue hasta primero básico, cuando lo enviaron a estudiar a Quetzaltenango, que empezó a encontrarse con las letras debido a que un libro de lectura  obligatoria hizo la diferencia: Hondura, de Rafael Arévalo Martínez. “Fue fundamental”, recuerda. Disfrutaba tanto de su lectura, que  se le volvió hábito. Lo leía dos veces al año.

Cuando Muñoz tenía 13 años, su familia se trasladó a la capital. Su padre perdió su trabajo y comenzaron las dificultades económicas que lo obligaron  a trabajar desde los 16 años y continuar sus estudios en la jornada nocturna.

Su primer empleo fue en un almacén de la 5a. avenida, zona 1. El siguiente paso fue el comercio, donde vendió vajillas, contratos funerarios, ladrillos y demás. “Andar en la calle me dio material para hilar muchas historias“, sostiene Muñoz.

Para entonces aspiraba a estudiar Ingeniería, por su habilidad con los números. Sin embargo, la necesidad de trabajar hizo que optara por  Administración de Empresas. “Nunca me gustó, ganaba mejor en la calle”, recuerda.

Su vínculo con las letras surgió como algo meramente “accidental”. Empezó cuando su hermano mayor y varios vecinos migraron a los Estados Unidos. A Muñoz le gustaba escribirles cartas de hasta tres páginas de extensión.

En una oportunidad, Mario Díaz, un amigo que residía en Nueva York, le contó que las cartas que mandaba eran leídas por muchos  latinos. “Nunca había pensado, por remoto, escribir algo, pero él  me animó“, refiere. 

Muñoz empezó a escribir a los 27 años. Era 1977, cuando después de varios intentos decidió acercarse a David Vela, en El Imparcial, para dejarle su primer cuento. “La primera vez no me hizo mucho caso, pero cuál no sería mi sorpresa al ver mis dos trabajos publicados”, recuerda Muñoz.

Con el tiempo las entregas se hicieron con regularidad y el escritor se integró al círculo literario del desaparecido diario El Imparcial, donde compartió tertulias con narradores como Rufino Guerra Cortave, Julio Fausto Aguilera, René Leiva y Óscar Arturo Palencia, entre otros.   

Disciplinado

Después de más de tres décadas dedicadas a la literatura, ocho libros de cuentos publicados y cuatro novelas, Muñoz reparte su tiempo con disciplina entre su carrera como corredor de seguros y la de escritor, los fines de semana.

Comparte lo dicho por Jorge Luis Borges en una ocasión: “La literatura, para que valga la pena, tiene que provocar sentimientos: sea risa, enojo, ira. De lo contrario, pierde su tiempo”.

“De alguna manera he tenido éxito, pues he manejado esto”, comenta Muñoz.

De esa cuenta, transita entre los temas divertidos y los de denuncia, como su más reciente novela, La noche del 9 de febrero, la cual, según cuenta, tardó tres años en escribirla.  

Por ahora Muñoz está concentrado en su próxima obra, la cual, asegura, está disfrutando y será divertida.