Campaña contra Arévalo

Durante las campañas electorales los golpes bajos entre los partidos políticos y sus candidatos, especialmente los presidenciales, han sido inherentes al paisaje de la época. En otras palabras, las campañas negras siempre han estado a la orden del día.

Juan José Arévalo
Juan José Arévalo

Cuando Juan José Arévalo fue proclamado candidato para la primera magistratura por el Frente Popular Libertador (FPL) y el Renovación Nacional (RN), residía en Buenos Aires, Argentina, donde obtuvo un doctorado en Ciencias de la Educación y trabajo como docente en las universidades de La Plata, Cuyo, Mendoza y Tucumán.

Para facilitarse la vida laboral obtuvo la nacionalidad argentina, la cual fue aprovechada por el Partido Liberal de los ubiquistas, que orquestó un campaña en la que aseguraba que no podía participar en las elecciones de diciembre de 1944, ni mucho menos ejercer como presidente porque era argentino.

Para contrarrestar este ataque, según documenta José Torón España en su tesis Partidos Políticos y Régimen Provisorio de Federico Ponce de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos, el FLP, así como el RN, a través de un comunicado, afirmaron que la ciudadanía argentina se le concedió a Arévalo: “…por sus altos méritos continentales y para que honrara con sus servicios a las universidades de aquel gran país. Pero la admisión de esa ciudadanía honorífica, de manera alguna supone naturalización en país extranjero, ni pérdida de la ciudadanía de origen”.

“Nuestra Constitución es clara a ese respecto. El doctor Arévalo no se ha naturalizado argentino. Ha recibido el goce de derechos políticos, lo cual no quiere decir que haya perdido la ciudadanía guatemalteca. Cumple, así, con los requisitos que la Constitución establece para ser presidente de la república en su artículo 65, porque es guatemalteco natural y está en el goce de los derechos de ciudadano”.

“Arévalo —agrega la proclama— llegó a las más altas dignidades universitarias argentinas, y mientras estuvo en el desempeño de ellas gozaba de los derechos ciudadanos en aquel país; pero no habiéndose naturalizado argentino, siguió siendo tan guatemalteco, como cualquier hombre honrado nacido en nuestra patria…”