¿Elegimos lo que nos gusta o nos gusta porque fue lo que elegimos?

Si crees que entre dos cosas similares eliges lo que más te gusta, puede que estés equivocado.

Elegir algo entre dos cosas similares puede resultar difícil...
Elegir algo entre dos cosas similares puede resultar difícil...

En realidad lo que sucede es que te termina gustando después de haberlo elegido. Y lo que no elegiste, automáticamente no te gusta.

Existen varias investigaciones que muestran que los adultos desarrollan sesgos inconscientes a lo largo de su vida cuando eligen entre cosas que son esencialmente iguales.

“Como adultos, elegimos una cosa sobre otra y luego la justificamos diciéndonos a nosotros mismos que debe gustarnos la cosa que elegimos, y que la otra cosa no es tan buena”, dice Alex Silver, una de las autoras del estudio “Cuando no elegir conduce a que no guste: preferencia inducida por la elección en la infancia”, publicado en la revista Psychological Science.

Esta nueva investigación reveló, además, que esta manera de selección no es exclusiva de los adultos, sino que sucede desde muy temprana edad, lo que sugiere que la forma de justificar una elección es intuitiva y de alguna manera básica en el desarrollo humano.

¿Cuál fue el experimento?

Un equipo del Departamento de Piscología de la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos, diseñó una serie de experimentos para probar si los bebés cambiaban de opinión en sus preferencias hacia un juguete.

Bebé con un libro y juguetes.

Getty Images
Los bebés que analizaron los investigadores no cambiaron de opinión en sus elecciones.

Primero, le dieron a un grupo de bebés -de entre 10 y 20 meses de edad- la opción de elegir entre dos bloques de juguetes igualmente brillantes y coloridos.

Colocaron los bloques en el piso muy separados entre sí para que los bebés se arrastraran hacia uno, haciendo así su elección.

Luego, los investigadores tomaron ambos bloques y les dieron una segunda opción entre el bloque que no eligieron en la primera ronda y uno nuevo, igualmente brillante y colorido que no habían visto antes.

“Descubrimos que, abrumadoramente, los bebés preferían jugar con el nuevo bloque en lugar del bloque no elegido anteriormente. Parecían haber menospreciado el bloque no elegido, por lo que continuaron evitándolo en la segunda opción”, explica Silver a BBC Mundo.

Bebé gatea hacia los juguetes.

Getty Images
Los bebés estudiados descartaron siempre el mismo elemento.

Los especialistas continuaron las observaciones y pruebas en las que demostraron que los bebés no solo estaban eligiendo el nuevo bloque porque era llamativo y nuevo, sino que también corroboraron que evitaban el bloque no elegido al principio.

“Estos hallazgos fueron sorprendentes porque mostramos que incluso sin mucha experiencia en la toma de decisiones por sí mismos, los bebés ya eligen en patrones similares a los adultos. Esto sugiere que este fenómeno es realmente un proceso cognitivo básico”, añade la investigadora.

Justificar las elecciones

Dicen que las generalizaciones son malas, por lo que no podemos decir que nunca elegimos algo que verdaderamente nos gusta, pero tendemos a justificarnos si entre dos cosas similares elegimos una cosa y dejamos la otra a un costado asegurando que no nos gusta la segunda.

“Elegí esto, así que me debe gustar. No elegí esta otra cosa, por lo que no debe ser tan bueno. Los adultos hacen estas inferencias inconscientemente”, dice la líder del estudio Lisa Feigenson que es científica cognitiva de Johns Hopkins especializada en el desarrollo de los niños.

“Y justificamos nuestra elección a posteriori”, añade en un comunicado de la universidad.

Selección de camisas.

Getty Images
Entre dos opciones, los adultos solemos justificar que nos gusta lo elegido después de haber tomado la decisión.

Este fenómeno de cambiar cómo nos sentimos acerca de nuestras opciones después de que las elegimos (o no las elegimos) se llama “cambio de preferencia inducido por la elección” y existen estudios previos que indican que este proceso ocurre de forma relativamente automática en el cerebro.

“No parece ser algo en lo que pensamos o decidimos hacer conscientemente, es un proceso más bien automático. No creo que sea un caso de que nuestro cerebro nos mienta, sino un ejemplo de cómo nuestro cerebro justifica nuestras decisiones para hacernos sentir que tomamos la decisión correcta“, detalla Silver.

En resumen, buscamos parecer coherentes, por eso nos gusta tener una razón en nuestras elecciones.

Pero según el análisis de las especialistas, la parte sorprendente de este estudio es que, al igual que los adultos, los bebés también parecen hacerlo.

“Dado que está presente tan temprano en la vida y en bebés con una experiencia tan mínima, este fenómeno claramente no parece requerir de gran experiencia en la toma de decisiones” durante la vida, subraya Silver.