Películas, documentales y otros archivos de Guatemala que están en peligro (y qué se necesita para rescatarlos)

En el país se producen cerca de cinco películas anuales y se tiene por ahora rollos de nitrato con materiales de la primera mitad del siglo XX, entre otros archivos de proyectos importantes que podrían perderse de no prestar atención a su resguardo.

Cine guatemalteco
El cine nacional tiene un legado audiovisual que comienza desde principios del siglo XX. (Foto Prensa Libre: Cinemateca Enrique Torres).

En 1990 la Federación Internacional de Archivos Fílmicos consideró a Guatemala como la segunda prioridad de rescate audiovisual en América Latina porque se tienen 500 rollos de nitrato de películas de 1928 a 1950 que muestran tres periodos presidenciales desde Lázaro Chachón, Jorge Ubico y parte del gobierno de Juan José Arévalo y que están en la Cinemateca Universitaria Enrique Torres -que guarda más de 18 mil piezas más-.

“Desde ese momento se reconoció que Guatemala tiene un valioso tesoro no solo para el país sino para el mundo”, dice Edgar Barillas, historiador y coordinador ejecutivo de la RED Centroamericana y del Caribe del Patrimonio Fílmico y Audiovisual.

En general la historia del cine en Guatemala ha pasado por diversas etapas. Barillas comenta que también se tienen entre 1949 y 1948 más de 40 largometrajes, no todos están resguardados.

Compartimos el video de un fragmento de El Sombrerón, una película de 1950 considerado uno de los tesoros cinematográficos del país.

Por su parte Elías Jiménez, director y productor de cine, así como director de Casa Comal y del famoso Festival Ícaro que anualmente ha motivado la creación de audiovisuales desde 1998. Comenta que gracias al Festival suman más de 3 mil títulos no solo de Guatemala sino de Centro América. 2003 y 2004 fue una época simbólica porque solo en ese año se estrenaron tres producciones nacionales en donde se empieza a ver cada vez más entusiasmo por la creación fílmica, en este tiempo se estrenó Donde acaban los caminos, de Carlos García Agraz, El silencio de Sebastián, de Rodrigo Rey Rosa y La casa de enfrente, del propio Jiménez.

El 2014 marca otra fecha importante y se estrenan 14 películas guatemaltecas, en promedio el resto de años desde el 2008 se estrenan cinco películas anuales. Para el director de Ícaro existe un gran reto porque aunque la mayoría del archivos con los que cuentan están digitalizados, no se tiene todavía un orden o sistema que asegure su futuro.

Para la Asociación Guatemalteca del Audiovisual y la Cinematografía, Agacine, se estiman que desde el 2001 se han grabado 68 largometrajes en Guatemala, aunque en este conglomerado no se toman en cuenta documentales y otros materiales importantes que se han desarrollado.

La importancia de proteger

Los archivos documentales y audiovisuales que no están protegidos se enfrentan a grandes amenazas, no solo por el paso del tiempo sino por saqueos, tráfico ilícito, fenómenos o desastres naturales, desastres tecnológicos e incluso los efectos del cambio climático, así lo dice la Unesco.

Pamela Guinea, diseñadora y productora audiovisual, actualmente presidenta de la Asociación Guatemalteca del Audiovisual y la Cinematografía, Agacine, comenta que desde el 2009 comenzó la iniciativa para crear una ley, pero no avanzo dentro del congreso debido a una campaña de desinformacion en su contra.  En este tiempo se han dado otros intentos.

La última propuesta empezó en 2018 con la participación del Programa Nacional de Competitividad, Pronacom, el Ministerio de Economía e Icrea-Agexport, en la que Agacine también acompaña.  La misma se encuentra en la Comisión de Cultura del Congreso y está en modificaciones para que entre en el proceso de aprobación.

Joaquín Ruano, secretario de Agacine y productor explica que esta ley promueve la creación de un Instituto de Cine, que además de velar por la conservación de materiales por medio de una Cinemateca Nacional, también sería de gran apoyo para la promoción y difusión de las películas guatemaltecas en salas propias, así como generar espacios itinerantes e ir por colegios, escuelas y barrios para favorecer la creación de públicos y la cultura audiovisual general y local.

El resguardo de estos materiales a nivel nacional necesita de la aprobación de la ley porque por ahora todo está disperso. Para Guatemala no será inmediato por los tiempos políticos que se necesitan. Por el momento Agacine, con mas de 70 miembros agremiados ha tomado parte de los roles de difusión y también de espacios de profesionalización.

Al respecto, Lidia Camacho, quien ha dirigido en México la Fonoteca Nacional, el Festival Internacional Cervantino  y el Instituto Nacional de Bellas Artes comenta en un seminario virtual organizado por Unesco, “todos los acervos están en peligro de extinción, tanto los analógicos como los digitales. Los primeros porque hay que pasarlos a digital y los digitales hay que tener un cuidado extraordinario, la norma marca tener por lo menos cuatro copias y una fuera del país por cualquier situación que llegara a suceder y estar constantemente migrando estos acervos porque el ámbito tecnológico es traicionero.  Implica recursos, una decisión política y que todos trabajemos en el mismo sentido”.

 

A nivel gubernamental

El departamento de Apoyo a la creación artística es una dependencia de la Dirección General de las Artes, del Ministerio de Cultura y Deportes, que surge en el año 2006, aunque la unidad de cine se crea hasta el 2014.

Por el momento no está unida con ningún proyecto que motive el resguardo de patrimonio audiovisual. El presupuesto que manejan es de Q7 millones 134 mil quetzales, el cual esta dividido en seis disciplinas del arte como danza, teatro y música, entre otras.

En los últimos tres años se han dado aportes a algunos cineastas en boletos aéreos para participar en festivales internacionales, en la película Temblores se apoyó un día, con un tiempo de comida y se paga una cuota para que Guatemala sea parte del Programa Ibermedia, un programa de financiación de estímulo a la coproducción de películas de ficción y documentales en veintiún países, entre ellos Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Italia, México, entre

La búsqueda de material

Anaïs Tarecena es cineasta documental.  Ella estudió ciencias políticas, pero siempre le gustó el cine documental.  Participó en talleres y otros cursos hasta que se animó a filmar su primer trabajo audiovisual con sus propios medios.

Se ha especializado en el tema, ha recibido talleres y a la fecha es reconocida nacional e internacionalmente por sus producciones en cortometrajes y mediometrajes.   Sus propuestas le han llevado a explorar de cerca la gran importancia del valor histórico de los materiales audiovisuales y de las dificultades en conseguirlos.

Uno de sus últimos trabajos es 20 años después, un corto documental seleccionado en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, Festival Internacional de Cine Político de Argentina, Chiapas Film Festival, México y en el Festival Internacional de Cine Centro Americano, Los Ángeles – EE.UU., entre otros.  En este se buscaron historias de vida de personajes, 20 años después de la firma de la paz.

Otro documental es Los médicos de la montaña, habla de temas de memoria y salud comunitaria.  Muestra cómo las personas trabajaron resistiendo en la montaña durante la guerra interna, cómo hacían para operar, nacimientos de los bebés o resistir ciertas enfermedades.  Una mezcla de salud occidental y ancestral.  Ella ha explorado el pasado y una de las etapas más sangrientas de Guatemala.

Escena de Los médicos de la montaña, una película documental de AnaÏs Taracena. (Foto Prensa Libre: cortesía).

En esta línea del tiempo, Taracena, nacida en 1984, todavía tiene la posibilidad de entrevistar a algunos de los protagonistas reales de esa época de la guerra, además requiere de acercarse a los archivos que existen a nivel nacional, una tarea nada sencilla.

“En Centroamérica no hay una política de estado que se enfoque en resguardar los archivos, audiovisuales, sonoros, existe un vacío muy grande en ese sentido”, dice la cineasta.

Comparte que para ella ha sido vital el acercamiento a proyectos que existen gracias a fondos privados como el Centro de Investigaciones Regionales de Centro América, Cirma, que durante más de 40 años cuenta con una biblioteca de ciencias sociales con más de 70  mil volúmenes, el archivo histórico con más de 8 millones de documentos y de mapas y la fototeca con 200 colecciones que suman 1.5 millones de fotografías, y que crece cada día.

Otra de sus fuentes ha sido la Asociación para la Comunicación, el Arte y la Cultura, Comunicarte, que ha centrado su trabajo en la recuperación de la memoria histórica y reúne documentación como archivos audiovisuales para la difusión de la realidad guatemalteca.

Y entre sus aliados también está la Cinemateca Universitaria Enrique Torres, de la Universidad de San Carlos, un proyecto que se considera uno de los grandes tesoros y que durante medio siglo cuenta con material valioso de la historia de Guatemala y de la que describiremos más adelante.

Taracena comparte que existen otros proyectos de personas particulares que buscan guardar esta memoria.   También ha encontrado material en el extranjero, “durante la guerra que se vivió en el país se perdieron muchos materiales, a algunos periodistas se les quitaron sus archivos, otros los quemaron por temor a parecer subversivos, existe una época en que los telenoticieros no tienen registros”, dice la cineasta.

Los materiales también se enfrentan al reto de ser considerados un estorbo, que ocupa mucho lugar y en ocasiones son borrados por desconocimiento.

La cinemateca Enrique Torres

Walter Figueroa, director de la unidad cinematográfica, explica que el audiovisual es reconocido como un material que sirve para conservación de la historia de la humanidad y el rostro de un país.

La Cinemateca resguarda parte de este tesoro con un amplio catálogo de ficción, documentales y películas históricas. De estas, un 80 por ciento son obras guatemaltecas. El restante son producciones realizadas con otros países, entre ellos, México.  Por ahora es la cinemateca más grande de Centro América.

Este lugar ha existido por medio siglo.   En la actualidad tienen 18 mil rollos de películas guatemaltecas que tratan de conservar, una gran mayoría de estos materiales está siendo digitalizado y preservado para futuras generaciones.

Además, cuentan con un museo para conocer la historia de la cinematografía y en la que observa la réplica de un proyector de 1913 y otros materiales que han sido parte de esta historia.

La cinemateca nace bajo la iniciativa del periodista Enrique Torres.  Él estuvo exiliado en Buenos Aires, Argentina, ahí conoció a Guillermo Jurado, quien era presidente de la Fundación Cinemateca Argentina.

Cinemateca Enrique Torres guarda una colección impresionante de material audiovisual. (Foto Prensa Libre: Cinemateca E. T.).

Torres a su regreso a Guatemala a finales de 1960 creó un club de cine en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos. Con el tiempo, el espacio evolucionó y por acuerdo del Consejo Superior se dictó la fundación de la Cinemateca Universitaria el 9 de marzo de 1970.

Parte de la colección son 500 rollos creados durante el mandato de Jorge Ubico.  Ahí se observan actividades como visitas a los departamentos del mandatario, entre otras actividades.

En la actualidad algunos cineastas como Elías Jiménez, de Casa Comal y Rodolfo Espinosa se han acercado a compartir parte de los materiales, pero es una decisión propia de cada creador.

Al respecto del tema del cuidado del patrimonio, Figueroa comenta que “somos país sin política de conservación, lo que no sirve se ve como viejo, se tira y no se da relevancia de los materiales históricos, todo eso no permite el conocimiento de las futuras generaciones”.

Insiste en la necesidad de una reforma educativa no solo para que se conozca a nivel educativo sobre la historia del cine de Guatemala sino de toda la historia de la pintura, la música, el deporte y otras áreas, para que así las nuevas generaciones conozcan el talento y el valor de personajes guatemaltecos que ayuden a crear una identidad nacional.

También habla de la necesidad de la aprobación de la Ley de cine que permita que se genere una industria cinematográfica que por ahora está limitada, en especial a proyectos individuales que son únicamente para quienes consiguen los recursos económicos y tienen “agallas” de hacerlo, expresa.

Conocer a un país  

Stephanie Falla, directora de la escuela de cine y artes visuales, Universidad Francisco Marroquín explica que los audiovisuales en el transcurso de los años y la historia son valiosos para entender la cultura, la historia y hacia dónde vamos.

Consideran que ellos como escuela de cine tienen el desafío de tener esta consciencia.  Es una carrera nueva parte de sus estrategias buscan la conservación de los proyectos y ejercicios que los estudiantes desarrollen.

Desde 2001 como universidad también tienen un archivo y recursos por medio de newmedia.ufm.edu, “es uno de nuestros mayores aportes audiovisuales de actividades en el campus en las que se encuentran seminarios, entrevistas, presentaciones de libros, y el acceso es gratuito”, explica.   Esta biblioteca virtual tiene más de 10 mil videos y cada año crece con 500 producciones más.

Stephany Falla, irectora de la escuela de cine y artes visuales, Universidad Francisco Marroquín durante una conferencia en la institución.  (Foto Prensa Libre: cortesía).

“Todos los creadores audiovisuales deben tener cierta consciencia del valor histórico de la conservación de su material, creamos proyectos que a veces menospreciamos que somos parte de la historia”, agrega.  Una de sus recomendaciones es buscar una metodología para resguardarlo, así como acercarse a proyectos como la Cinemateca de la Universidad de San Carlos para asegurar los mismos.

A nivel familia el resguardo de todo lo que pasa hoy también es importante.  Los videos que hoy existen tomados desde los teléfonos se convertirán en testimoniales de gran valor cuando se analicen situaciones como la pandemia.  “Vienen generaciones que no sabrán qué paso en esta época y dentro de una década esto nos ayudará a ver todo lo que sucedió”, agrega Falla.