Los retos de aprender y enseñar

Desde la perspectiva de las universidades se analiza el mayor desafío que ha tenido la educación a todo nivel con la llegada del covid-19.

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Los retos de aprender a enseñar
Lo más importante es el aprendizaje, que se da a partir de lo que se vivió en los propios contextos. Ilustración Prensa Libre: Benildo Concogua.

UNIVERSIDAD RAFAEL LANDÍVAR

La perspectiva del aprendizaje en el país en la presente coyuntura

El aprendizaje es un hecho de vida que tiene múltiples perspectivas. 


Aprendemos de nuestra cultura; transformar la cultura es transformar el aprendizaje y la vida.

Por Dr. Augusto Montenegro, director del Departamento de Educación, Universidad Rafael Landívar

Breves aclaraciones. Hablar de perspectiva es referirse a un punto de vista. Todo pensamiento es dado desde una perspectiva, lo ideal es ser conscientes desde la perspectiva que vemos determinada situación.  Estar abiertos a distintas perspectivas es tener amplitud de pensamiento, deseable para cualquier diálogo y reflexión; cuando solo tenemos una perspectiva de las cosas nos privamos de sus matices y posibilidades y caemos en cierta estrechez de pensamiento. Constantemente debemos ampliar nuestros puntos de vista, el diálogo con quien ve distinto. La lectura y reflexión desde otras miradas enriquece nuestras perspectivas, por eso es que ninguna afirmación ni acercamiento a la comprensión de una realidad tiene en cuenta “todas” las perspectivas y el diálogo se vuelve imprescindible.

Coyuntura actual: En este momento, ¿qué está pasando que afecta el aprendizaje? Pasan muchas cosas interdependientes.

En nuestro país algunas situaciones que deberían ser coyunturales han pasado a formar parte de una “normalidad” y de estructuras de vida que no parece que fueran a cambiar, al menos no sin acciones conscientes y decididas de transformación.

Coyunturas interconectadas: De salud —pandemia—, políticas —Gobierno, legislación—, económicas —trabajo, pobreza, producción—, de ciencia y tecnología, de justicia, de globalización, de deterioro ambiental y cambio climático, y tantas como quieran mencionarse están relacionadas con la educación y nuestros aprendizajes y “conforman los contextos que vivimos y desde donde aprendemos”.

Vivir es aprender. Este principio es el fundamental y el punto de partida. En nosotros, “todo es aprendido” desde nuestra natural vinculación a grupos sociales y pertenencia cultural. Así que el aprender es connatural a la vida misma, aprendemos por el hecho de vivir y nuestra vida está vinculada a la sociedad, cultura e historia, así como al entorno natural. Es decir, que vivimos en contextos percibidos de los cuales siempre estamos aprendiendo.

El aprendizaje no se limita al sistema educativo; es más, nuestra forma de pensar, sentir, actuar, hablar y relacionarnos con los demás no es otra cosa que el reflejo de lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida en la sociedad y cultura en que vivimos.

De ahí que resulta imprescindible evaluar críticamente nuestra cultura para transformarla y que se posibiliten aprendizajes que construyan nuevas y satisfactorias formas de vida. La cultura es “la forma de vida de un pueblo”, y lo aprendido a partir de nuestras formas cotidianas de vida refleja que nuestras experiencias de aprendizaje están marcadas por exclusión, discriminación, agresión, aprovechamiento y privilegios, descuido, individualismo, consumismo, irrespeto, corrupción y muchas más realidades.

Enuncio los elementos por transformar que hemos aprendido y que empobrecen nuestra experiencia de vida. No olvido que también hay elementos por seguir fomentando y que podemos valorar como positivos y enriquecen la vida.

Los centros educativos —escuela, colegio, instituto—, unos más y otros menos, terminan pesando cada vez menos en la forma en que vivimos y los terminamos teniendo para cumplir requisitos, obtener notas, hacer tareas, cumplir con niveles de “estudio del sistema”, entretenimiento de niños y niñas, pero el impacto en la transformación de la vida es poco, casi imperceptible, porque seguimos aprendiendo dentro de la forma de vida de nuestra cultura.

Aquí es necesario reflexionar, dialogar y construir juntos otros modelos y procesos de aprendizaje, como qué educación y qué sistema educativo serán más adecuados en estos tiempos que exigen una radical transformación, de mayor autonomía, criticidad, creatividad y trabajo en equipo.

Lo más importante es el aprendizaje, que se da a partir de lo que vivimos en nuestros contextos, pero que debería implicar una transformación, un cambio para la vida, propia y comunitaria, una vida de mayores posibilidades, más satisfactoria, más plena, porque no solo “Vivir es aprender”, sino que debemos “Aprender a vivir”, y la forma en que estamos aprendiendo nos conduce a la autodestrucción personal y social.

Debemos prestar más atención a todos los aprendizajes dañinos que se dan en nuestras experiencias cotidianas, una atención social y personal para aprender y construir otra realidad posible.

 

UNIVERSIDAD GALILEO

Retos de una educación virtual de calidad

Por  Dr. Jorge Samayoa y Dr. Rocael Hernández, directivos en Universidad Galileo.

La pandemia ha reducido significativamente la brecha digital y tuvo un impacto importante en la educación. Muchas instituciones educativas nos vimos forzadas a innovar en nuestros procesos de enseñanza y ofrecer todos nuestros programas de manera virtual, manteniendo la calidad que buscamos.

Como en muchos cambios sociales, surgieron ventajas y desventajas en esta reducción abrupta de la brecha digital. Afortunadamente las desventajas son manejables, ya que dependen de que la sociedad se instruya y aprecie las ventajas tecnológicas que tenemos hoy en día; es decir, es un tema de tiempo. Dos grandes ventajas que les ofrece a los estudiantes la educación virtual son la flexibilidad y la accesibilidad. Poder tener acceso a material educativo de alta calidad, para estudiar en los momentos libres era algo inimaginable hace algunas décadas.

Las instituciones educativas tienden a ofrecer programas académicos en modalidad hibrida (presencial y virtual) permanentemente, ya que el estudiantado ya demanda las ventajas que esta ofrece. Obviamente, implementar los sistemas necesarios para tener una educación virtual manteniendo la calidad académica, no es trivial. Existen varios retos que tenemos que tomar en cuenta para mantener una educación híbrida actual y del futuro:

  • Analítica de aprendizaje: tenemos que analizar, a través de datos, el proceso de aprendizaje, para generar una mejora continua. Esto nos permite determinar oportunidades de mejora para los estudiantes, docentes y administrativos, así como tener la capacidad de poder determinar estudiantes que puedan estar en riesgo y brindar el apoyo necesario.
  • Calidad en aprendizaje híbrido: La calidad educativa virtual se logra teniendo procesos adecuados de implementación de educación digital y las herramientas tecnológicas necesarias. Las instituciones educativas necesitan diseñar procesos de aprendizaje modernos y asegurar la calidad de sus egresados.
  • Flexibilidad: en horario y tiempo para aprender, tanto en formato virtual, presencial o híbrido. También, tenemos que ofrecer la posibilidad de poder combinar distintas áreas de conocimiento que son necesarias en los roles de trabajo. Tener equipos interdisciplinarios es vital para las empresas hoy en día.
  • Trabajos futuros: Se necesita la formación con enfoque en los trabajos del futuro, altamente influenciados principalmente por tecnologías revolucionarias como lo son la ciencia de datos, inteligencia artificial y la robótica.
  • Aprendizaje activo y personalizado: Esto se logra con el uso de herramientas tecnologías, e incorporando el uso de laboratorios innovadores, por ejemplo, los “maker spaces”. Tenemos que aprovechar las tecnologías disponibles para mejorar el proceso de aprendizaje. Los estudiantes de hoy tienen habilidades en el uso de la tecnología que los habilitarán para resolver problemas que hace algunos años no se podían ni imaginar.

Estos retos nos instan a buscar soluciones innovadoras en la educación, sin embargo, no podemos perder de vista que tenemos que esforzarnos para que la interacción humana se fortalezca y nos permita, como sociedad, resolver problemas grandes utilizando la tecnología que tenemos al alcance hoy en día. Pudo haber sido complicado al principio, pero tenemos, como sociedad, que aprender a aprender de forma virtual para incrementar el impacto de nuestras ideas.

La educación superior sufrió un cambio positivo – los cambios son turbulentos al principio, pero se estabilizan. En nuestro caso, dada nuestra experiencia, nos hemos estabilizado bastante rápido.  Ahora más personas tendrán acceso a carreras que no tenían acceso antes. Mejor aún, pudimos abrir nuestras puertas al mundo y ofrecer programas a toda la comunidad de habla hispana, y eso fue fantástico.

UNIVERSIDAD MARIANO GÁLVEZ

La formación docente y la emergencia sanitaria

Dra. Nidia Irasema Giorgis Ramazzini, decana de ña Facultad de Humanidades y directora de Maestrías en Educación, UMG

En esta crisis de salud mundial que vivimos hago un llamado a mantener la esperanza.  Con la perseverancia que nos caracteriza como guatemaltecos saldremos de esta crisis y lograremos avanzar, porque valoramos la vida humana y lo demostramos al tomar medidas de resguardo de la salud, incluida la suspensión de las clases presenciales.

Esta medida agudizó los problemas arraigados en nuestro sistema educativo y mostró las inequidades y la fragilidad del sistema educativo nacional.  Quienes tenían mayores recursos encontraron formas para continuar aprendiendo, mientras los más vulnerables se quedaron fuera.  Se hicieron aún más evidentes las carencias de infraestructura, acceso a la tecnología y de ciudadanía digital.  Se develaron los mitos sobre la educación virtual, la educación a distancia y el aprendizaje.  Por otro lado, los docentes con vocación mostraron su creatividad para encontrar nuevas formas de enseñar y que los estudiantes a su cargo aprendieran.

Como decana de la Facultad de Humanidades de la UMG, mi consejo a todas las personas que se desempeñan en educación es aprovechar esta coyuntura actual para centrarnos en el aprendizaje y bienestar de los estudiantes.

Creo que los estudiantes no deben pasar horas sentados enfrente de las pantallas para aprender.  Creo en la aplicación de diferentes formas de evaluar para valorar los aprendizajes y desempeños, no solo con exámenes o pruebas objetivas, para basarse en las evidencias de aprendizaje en lugar de las calificaciones.  Es necesario enfocarse más allá de los aspectos académicos y atender las necesidades emocionales de los estudiantes.   Nuestros salones de clase, ya sea presenciales o virtuales, deben ser laboratorios de aprendizaje colaborativo y creativo.  Además, las lecciones de los docentes deben estar enfocadas en resolver dudas y proveer realimentación para que los estudiantes vivan experiencias de aprendizaje.

Es necesario el uso de las herramientas y recursos tecnológicos de vanguardia para promover el aprendizaje, aprender del error, dar y recibir feedback, la selección y preparación de materiales de excelente calidad para orientar a los estudiantes en la consecución de sus metas, y la selección y la adaptación de las estrategias a los contextos de los estudiantes con la suficiente flexibilidad, sin perder el rigor académico y la sensibilidad humana.

Además, la aplicación de metodologías activas acerca al estudiante a su realidad y le inyecta confianza para que se sienta capaz de transformarla con el apoyo de otros.  Buscamos que cada estudiante sea autodidacta, autorregulado, con autocontrol y que, asimismo, al ser docente, él promueva esto en sus estudiantes.

La situación actual es una oportunidad única para replantearnos cómo educamos a nuestros niños y jóvenes, e incluso a nuestros estudiantes adultos en la universidad.  Esta crisis sanitaria es el reto más importante para la educación en los últimos tiempos.  Por ello, quienes tenemos a nuestro cargo los programas de formación docente en el nivel universitario debemos realizar propuestas académicas realistas que permitan la continuidad educativa, manteniendo siempre el cuidado y la protección, hasta que la crisis termine.  Asimismo, para un regreso a las aulas reformadas.

Si queremos impactar positivamente el aprendizaje de los niños y jóvenes en Guatemala, todos los actores de la sociedad debemos unir esfuerzos y proponer iniciativas para remediar los rezagos en el aprendizaje, proveer acceso a internet y las nuevas tecnologías para cerrar las brechas existentes, mejorar las condiciones laborales de los maestros y el proceso de selección, mejorar las aulas y los recursos educativos, e invertir en la formación docente de calidad de los futuros profesores.

UNIVERSIDAD DEL VALLE DE GUATEMALA

Integralidad de los aprendizajes en la pospandemia

Carolina Roca, decana de Educación de UVG

En enero del 2020, Ana María iniciaba el cuarto año de Licenciatura en Educación Inclusiva. Había empezado con ilusión la práctica III en una oenegé de apoyo a niños con discapacidad auditiva, donde asistiría en diagnósticos. En marzo, por la pandemia, se suspendieron las clases y la práctica.

Desde entonces, sus profesores desarrollaron habilidades para las clases virtuales. Algunos adaptaron sus programas y dieron mejores ejemplos y ejercicios. Además, usaron simulaciones, aplicaciones y recursos tecnológicos. En su facultad adelantaron los cursos con menos intensidad práctica y difirieron otros. Vieron videos por Zoom de diagnósticos y tutoriales en línea.

En la oenegé iniciaron actividades remotas, pero no fue sino hasta el 2021 cuando —dependiendo del semáforo y los aforos— que se pudo atender laboratorios y asistir a la práctica, donde les asignaron actividades que presuponían que las había practicado en diagnóstico.

Durante la pandemia, Ana María sufrió y aprendió mucho, perdió a su papá, los ingresos familiares disminuyeron, extrañó a sus amigos y se volvió más retraída. A su vez, aprendió a valorar la salud y la familia. Admiró lo que su universidad logró al pasar a la virtualidad, pero también se percató de que en algunos cursos no logró aprender tanto como lo hacía antes. Asimismo, no haber realizado las horas de práctica de cuarto año afectará sus cursos y sus prácticas profesionales en quinto año.

Los procesos de formación universitaria que buscan el desarrollo de competencias generales, específicas y profesionales integran conocimientos, habilidades y actitudes. Es decir, se espera que el estudiante, progresiva y simultáneamente, sepa, sepa-hacer y sepa-ser. Este enfoque integral se aplica tanto al diseño global de los programas como a los cursos y a las experiencias o práctica del ejercicio profesional.

Por ello, los programas diseñados por competencias no pueden separar la teoría y la práctica, los principios normativos y conceptos se van aplicando simultáneamente. La formación integral y el aprendizaje profundo requieren que los estudiantes comprendan principios, conceptos, enunciados, leyes y teorías, mediante oportunidades de aplicarlos a la realidad, a otros campos y a diferentes contextos.

Este fue el reto enfrentado en la pandemia y se constituyó en uno de los principales argumentos para urgir el regreso a los campus, y en un aspecto insoslayable de considerar para el regreso a una presencialidad que no repita las carencias del sistema prepandemia.

La ingeniería educativa consiste en una educación repensada que aprovecha las ventajas de la integración de las tecnologías y de la combinación de lo sincrónico y lo asincrónico.

La identificación de las brechas en el desarrollo de competencias y el diseño de estrategias para reducirlas es crucial para que los saberes previos sean base de los más complejos, preservando el mutuo enriquecimiento entre aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.

Entre las estrategias de nivelación de conocimientos y habilidades críticas que las universidades utilizan están las tutorías, cursos complementarios asincrónicos, prácticas complementarias, grupos reducidos de aprendizaje, aprendizaje entre pares, boot-camps y experiencias de inmersión total.  Todas ellas con posibilidades de disminuir las brechas generadas en la pandemia y con efectos en los futuros profesionales. Este desafío requiere ser revisado y replanteado a nivel global del sistema educativo, y que en Guatemala necesitamos transformar como prioridad nacional.