10 pequeñas luchas que superamos todos los días

Todos los días son diferentes, pero se parecen en algo: siempre representan una lucha personal de la que debemos salir ganadores.

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Cada día nuevo viene con desafíos que debemos superar para acercarnos a nuestras metas personales. (Foto Prensa Libre: Servicios).
Cada día nuevo viene con desafíos que debemos superar para acercarnos a nuestras metas personales. (Foto Prensa Libre: Servicios).

Desde el momento en que suena la alarma, cada mañana, empieza esos retos cotidianos: un nuevo día que enfrentar y superar. Aunque suena sencillo, sobrevivir cada día representa una serie de luchas internas con nosotros mismos y con las personas más cercanas, incluso, contra aquellos extraños que nos encontramos en cualquier momento del día.

“Es importante superar las pequeñas luchas diarias para que precisamente se queden pequeñas, tolerables o manejables”, explica la psicóloga Claudia Melville.

Por difícil que suene, la posibilidad de disfrutar la vida está ligada a nuestra capacidad de enfrentar estas pequeñas luchas, sin las que podríamos vivir a plenitud.

Según la experta, poder salir de nosotros mismos y tener una relación con el mundo externo es un aspecto importante en la salud mental. “Si bien es importante preservar aspectos subjetivos desde lo físico y psicológico (descansar, tomar una pausa, etc.) es igualmente importante que esta subjetividad proponga un interjuego con ese mundo externo que nos moldea, nos incita a cumplir metas”, asegura.

Por esa razón, vivir una vida sin desafíos diarios o situaciones que rompen con nuestro confort no es una opción, porque le restaría sentido a nuestra condición humana y social.
Es ese interjuego entre metas internas y las propuestas externas las que van construyendo una subjetividad y van afianzando una vida con sentido. Ese despliegue de aspectos subjetivos en el mundo externo es lo que fortalecerá la confianza en nosotros mismos.

Melville advierte que el problema de dejarnos vencer por el mal humor o por cierta desconfianza es quedarnos atascados en un monólogo interno negativo que supera nuestra capacidad de ver más allá de nosotros mismos. “Muchas veces estamos cansados, con poca energía o desmotivados. Sin embargo, la interacción con otras personas y situaciones pueden prevenir que este desgano devenga en una situación más compleja como una depresión. Una persona deprimida se vive estas luchas como una batalla titánica y lo que en algún momento se consideró “pequeño” deja de serlo al punto de paralizarla”, destaca.

Escuchar la alerta del reloj que anuncia que se nos terminó el tiempo de descanso y sueño es uno de los golpes más duros del día. (Foto Prensa Libre: Servicios).

Los beneficios de ganar esas batallas

El tráfico diario, la exposición constante a la violencia, las injusticias laborales, diferencias de trato por género, exclusión social, la falta de cortesía unos con otros, las deudas adquiridas que no se logran cubrir mes a mes, entre otra lista larga de dificultades son algunas de las luchas que libramos diariamente.

“Si se enfrentan las diversas batallas diarias de manera asertiva, son experiencia que contribuyen a cada individuo a poner en práctica la planificación de vida, llevar una agenda en la que se establezcan prioridades, establecer y respetar el presupuesto, pero muchas batallas no están en las manos de cada individuo, como la violencia, la exclusión”, explica la psicóloga y educadora, Carolina Santiago.

Sin embargo, agrega la psicóloga, si las batallas diarias se logran superar de manera equilibrada, desde una perspectiva que les dé sentido y motiven a superación, genera también motivación a enfrentar más retos y, sobre todo, son oportunidades para que las personas reconozcamos que nada es para siempre y todo puede tener solución.

Santiago destaca que las rutinas y batallas personales muchas veces son generadas por pertenecer a constructos sociales trasladados de generación en generación, pero no son verdades absolutas y no todas las personas serán plenas por realizarlas. Es decir, que muchas veces nos sumergimos a acciones con la idea de pertenecer a diversos grupos y ser aceptados.

Estas son las principales luchas que debe enfrentar a diario y que nos ayudan a construirnos progresivamente.

  1. Levantarse temprano. Escuchar la alerta del reloj que anuncia que se nos terminó el tiempo de descanso y sueño es uno de los golpes más duros del día. Así se anuncia un nuevo día y con él, nuevos compromisos que cumplir. Abrir los ojos y salir de la comodidad de la cama es el primer esfuerzo que el día nos exige. Hacerlo con actitud de derrota y pesimismo puede determinar el resto del día. En cambio, levantarse con el optimismo de que hoy puede ser un día mucho mejor que el de ayer es un buen mensaje a nosotros mismos.
  2. Cumplir con las horas de sueño. Todos los médicos recomiendan que, para mantener buena salud y energía durante el día, una persona debe dormir unas ocho horas días. En medio de los compromisos laborales, sociales y académicos, esa cantidad suena exagerada y difícil de cumplir. Esta es quizá uno de los esfuerzos más difíciles de lograr. Sin embargo, no es imposible si se organizan adecuadamente las horas del día. Al final de cuentas, dormir no es una opción sino un requisito vital para el cuerpo y la mente.
  3. No enojarse por cosas sin importancia. ¿Cuántas veces un buen momento terminó en una experiencia desagradable por algún comentario o discusión sin importancia? Esto sucede con mucha frecuencia, cuando las personas reaccionan de manera impulsiva y se enojan por asuntos irrelevantes. Siempre es recomendable tomar una pausa en el momento justo, antes de iniciar alguna discusión.
  4. Aceptar nuestra apariencia física. Vernos al espejo cada mañana y aceptar la imagen de la persona que vemos, con las imperfecciones que podamos tener, es una lucha persona que todos nos esforzamos por ganar. La apariencia física depende mucho de la autoestima. Siempre es importante tener en mente que no podemos modificar muchas de nuestras características físicas pero otras sí. Por ejemplo, reducir algunas tallas, desarrollar más músculo o reducir la cintura. Ejercicio y buena alimentación son el camino.
  5. Comer saludable. Un error frecuente en medio de la rutina agotadora es olvidar comer o no tener tiempo para hacerlo. Si bien es cierto que comer es un acto placentero, no debemos olvidar que no es una actividad opcional. El cuerpo requiere de porciones diarias de nutrientes para operar de manera eficiente. Tampoco es suficiente comer por comer, con exceso de grasas o alimentos que no aportan ningún nutriente. Comer saludable no es difícil ni costoso, pero requiere de organización y tiempo.

    Comer saludable no es difícil ni costoso, pero requiere de organización y tiempo. (Foto Prensa Libre: Servicios).
  6. No frustrarse en el trabajo. El entorno laboral puede tornarse (algunas veces) bastante hostil o tedioso. El estrés que generan los compromisos de trabajo hace que sean más difíciles y menos gentiles las relaciones entre compañeros de trabajo. Aunque muchas personas tienen la idea de mantener una línea divisoria entre compañeros de trabajo y amigos, es útil tener en mente que mientras logremos una mejor relación de confianza y simpatía con los colegas, el ambiente mejorará. De lo contrario, la rutina laboral se volverá un martirio.
  7. Hacer ejercicio. Ir al gimnasio o practicar algún deporte para ejercitarnos es una de las metas más comunes en las jóvenes y adultos, pero también es una de las más incumplidas. Esta pequeña lucha, de ocupar, por lo menos, 1 hora diaria en alguna actividad física requiere principalmente de mucha fuerza de voluntad. Es un compromiso que requiere de mucha disciplina y constancia. No todos los días estará motivado a ejercitarse, pero, si ha adquirido disciplina, podrá dejar la pereza a un lado y cumplir esa meta.

    Ir al gimnasio o practicar algún deporte para ejercitarnos es una de las metas más comunes en las jóvenes y adultos, pero también es una de las más incumplidas. (Foto Prensa Libre: Servicios).
  8. Superar las descortesías y el mal humor de los demás. Controlar nuestro estado de ánimo y evitar el mal humor es algo que sí está en nuestras manos y podemos controlar. Sin embargo, no podemos hacer nada respecto a quienes nos rodean. Un mal gesto, una mirada grosera, un comentario desacertado puede ser motivo para borrar una sonrisa del rostro, si lo permitimos.
    En muchos casos, el mal humor es consecuencia de haber tenido un mal día o de tener compromisos pendientes. Pero no vale la pena desahogar esas molestias en el círculo familiar o con amigos cercanos. Una caminata, buena música o una buena refacción pueden hacer la diferencia.
  9. Sobrevivir al tráfico. Vivir en una ciudad tan concurrida puede tener efectos fuertes en nuestro comportamiento. El tráfico es el mejor ejemplo de ello. Pasar más de dos o tres horas del día, en un vehículo y no perder la calma en ese tiempo es una de las luchas más duras que debemos enfrentar. Por difícil que sea, el tráfico nos resta horas del día. Lo mejor es buscar soluciones alternativas como elegir bien los horarios de salida y entrada, aprovechar ese tiempo de alguna forma o, al menos, en buena compañía.
  10. Cumplir la agenda diaria. Hay un dicho popular que dice: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. La frase se resume en el concepto de la diligencia, es decir, la capacidad de poder cumplir con tareas pendientes, con eficacia. Posponer compromisos es un error muy común, especialmente, cuando le restamos importancia a las responsabilidades y las dejamos “para mañana”. Terminar el día y ver que hemos cumplido con la lista diaria de tareas que nos propusimos al inicio del día es una de las sensaciones más satisfactorias, una lucha ganada.

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