Dudas comunes sobre la extirpación de los adenoides

Si su hijo presenta secreción en una fosa nasal, dificultad para respirar, un sueño inquieto y ronquidos, es probable que se trate de una hipertrofia de los adenoides, y es necesario realizar un diagnóstico para que reciba el tratamiento adecuado.

(Foto Prensa Libre: Servicios).
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¿Se ha preguntado por qué los bebés introducen objetos a sus bocas? Esto es porque, en la etapa temprana de la vida, la manera de conocer el mundo es mediante la vía oral. Por ello, “en las primeras etapas de la vida estamos expuestos a factores nocivos del ambiente”, dice Oscar Terraza Calderón, otorrinolaringólogo, y añade que se trata de una forma de exploración del mundo.

Por suerte, el organismo cuenta con un tejido blando ubicado en la parte alta de la garganta, ubicado detrás de la cavidad nasal, denominado ‘adenoides’. Estos, al igual que las amígdalas (ganglios linfáticos), forman parte del sistema linfoideo, y se encarga de eliminar las infecciones y mantener equilibrados los fluidos corporales.

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Los glóbulos blancos, que son parte del sistema inmunológico, rodean los adenoides y otros tejidos linfoides, lo cual permite que estos reaccionen ante la invasión de cuerpos extraños. De esta manera, los adenoides y las amígdalas atrapan las bacterias, gérmenes y virus que entran por la boca y la nariz de los niños, ayudando a mantener el cuerpo sano.

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Asimismo, Terraza Calderón explica que los adenoides junto con las amígdalas forman el anillo de Waldeyer, “que es parte de la protección que tiene el organismo contra infecciones en etapas tempranas de la vida”.

Los adenoides van reduciendo de tamaño conforme al paso del tiempo; según Terraza Calderón, “los mantenemos hasta los 5 años”, y, a partir de ese momento, espontáneamente se da una regresión por la cual, en la adolescencia, ya se han desaparecido.

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Esto se debe a que, al crecer, dejamos de meternos cosas a la boca y comienza la fase manual, cuando usamos el tacto para continuar conociendo el mundo. “Al momento en que esto cambia, ya no estamos expuestos a aquello que produce infecciones y, por eso, los adenoides tienden a desaparecer, porque se ha perdido su función”, dice Terraza Calderón.

El tamaño de los adenoides es importante

Principalmente en los primeros cinco años del niño, cuando los adenoides no han iniciado su regresión, es importante estar al tanto de síntomas como la secreción de una fosa nasal, dificultad para respirar, ronquido y hasta apnea obstructiva del sueño, ya que podrían ser señal de que los adenoides están inflamados.

Cuando están inflamados, entonces no se encuentran en su tamaño normal, sino más grandes y esto sucede cuando los adenoides están luchando contra la invasión de cuerpos extraños como gérmenes.

Según el médico Oscar Terraza Calderón, la inflamación de los adenoides se trata de un problema muy común y la inflamación que se produce en los adenoides “sucede cuando se detecta la presencia de un cuerpo extraño y el organismo produce la inflamación para evitar que se disemine o afecte gravemente”. Asimismo, explica que la inflamación funciona como un bloqueo de anticuerpos para evitar que el niño se enferme.

Hipertrofia de los adenoides

Cuando la inflamación no mejora, los adenoides podrían estar infectados y, de acuerdo con César Bravo, otorrinolaringólogo, “la patología se da cuando estos crecen y cierran el área de la nasofaringe, dificultando el paso del aire cuando va de la nariz hacia la garganta”.

La inflamación de los adenoides provoca dificultad para respirar al impedir el paso del aire cuando se inhala por la nariz. En consecuencia, el niño respira por la boca, donde los adenoides no obstruyen el paso del aire.

A esta inflamación se le conoce como ‘hipertrofia de los adenoides” y puede causar dificultad para respirar, dando lugar a que el niño respire únicamente por la boca y esto provoca:

  • Labios secos
  • Ecreción por la nariz
  • Boca seca y con mal aliento
  • Ronquidos
  • Respiración ruidosa
  • Sueño inquieto
  • Infección del oído
  • Apnea obstructiva del sueño (dejar de respirar unos segundos al dormir)

Además, el respirar por la boca, la anatomía bucal cambia, ya que se deforma el paladar y los dientes, explica Bravo.

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Ante los síntomas, los padres deben estar pendientes de sus hijos ya que “el niño no se queja porque no es consciente de su situación; los padres deben notar los cambios en el comportamiento, signos y síntomas”, explica Terraza Calderón.

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En este caso, lo recomendable es acudir con un especialista en otorrinolaringología, para que el médico realice el diagnóstico correspondiente, examinando boca y oídos por medio de una endoscopía y una radiografía.

Si el problema no es muy serio, el niño podría necesitar de un aerosol nasal para reducir la inflamación o el uso de antibióticos en caso de que se trate de una infección. Es decir, según sea el caso, así será el tratamiento que se le administre al menor, pero siempre es importante el diagnóstico, pues “no todos los adenoides deben ser extirpados”, dice Terraza Calderón.

La extirpación de los adenoides

Para decidir si es necesario realizar adenoidectomía, la cirugía por la cual se extirpan los adenoides es importante haber descartado antes otro tipo de tratamientos. Luego de algunas fallas, dice Terraza Calderón, entonces se considera realizar la cirugía.

Asimismo, Bravo explica que primero se documenta por medio de una endoscopía, rayos x tomografías y se evalúa: según la gravedad, si hay una obstrucción de grado 3 o 4, entonces se realiza la cirugía para evitar que el paciente tenga infecciones recurrentes.

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Es decir, si ya se descartaron tratamientos de antibióticos, si el paciente sufre de repetidas infecciones y si el paso del aire está obstruido, entonces se realiza la cirugía para extirpar los adenoides. En caso de una cirugía de amígdalas, es probable que también los adenoides.

Preguntas frecuentes de los padres:

 

¿Es contagiosa la inflamación de los adenoides?

De acuerdo con el médico Terraza Calderón, la inflamación de los adenoides no se trata de algo contagioso, sino de un mal propio del niño. Asimismo, explica que puede ser también una condición genética: “si yo tuve adenoides en la infancia, es posible que mi descendencia lo tenga”.

¿Es una operación complicada?

Los riesgos quirúrgicos de la extirpación de los adenoides son mínimos, según Bravo, y agrega que son mayores los beneficios que trae consigo: “los beneficios consisten en una respiración nasal adecuada, dejar de roncar, la disminución de infecciones y la mejora de la anatomía bucal”, agrega.

Además, se trata del procedimiento más realizado a nivel mundial, dice Terraza Calderón, y agrega que se trata de una intervención de al menos media hora en la que se extirpan los adenoides.

Asimismo, Bravo explica que debe contarse con un otorrinolaringólogo que intervenga y que evite el sangrado posoperatorio, así como un anestesiólogo pediatra para administrar la anestesia general necesaria para el menor.

De igual forma, Terraza Calderón agrega que la recuperación es muy sencilla, blanda e indolora y consiste en 48 horas de reposo en casa. Los padres deben evitar que los niños realicen actividades que los lleven a la sudoración.

¿La edad importa?

Lo recomendable, según Bravo, es realizarla a partir de los 3 años; aunque siempre dependerá del caso y las condiciones anteriormente mencionadas. Si el cuadro lo pide, es necesaria la operación.

De acuerdo con Terraza Calderón, a partir de los 5 años, hay que ser mucho más selectivos con los pacientes al tomar la decisión de una intervención quirúrgica, tomando en cuenta que podría estar cerca de la etapa de regresión, en la que los adenoides se reducen y llegan a desaparecer.

Luego de la cirugía, ¿el niño estará propenso a sufrir infecciones?

Aunque los adenoides tienen la función de eliminar las infecciones, Terraza Calderón explica que, luego de la cirugía, ya no habrá riesgo para el sistema inmunológico del niño, ya que, al quitarlos, el organismo cuenta con sus propios mecanismos compensadores.

Asimismo, Terraza Calderón agrega que “no producen ningún efecto secundario ni existe la relación con algún proceso infeccioso de otra parte del organismo”.

 

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