El uso de la tecla “snooze” del despertador y sus consecuencias

Usar la tecla para ir despertando y planificando el día no está mal, pero dormir entre las alarmas en un ciclo sin fin podría ser contraproducente.

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¡Silencio! Postergar repetidas veces el momento de levantarse con la tecla "snooze" es parte de la rutina matinal de mucha gente. Foto Prensa Libre: Christin Klose/dpa

Hay dos tipos de personas: las que se despiertan temprano a la mañana sintiéndose recuperadas y se levantan con facilidad. Y aquellas a las que todos los días les cuesta salir de la cama y que no dejan de apretar la tecla “snooze” de su despertador una y otra vez.

Algunas incluso colocan el despertador antes de tiempo para ir despertándose de forma gradual.

Sin embargo, la fama de esta tecla no es muy buena. En inglés se dice incluso “You snooze you loose”, algo así como quien tarda en despertarse, pierde.

También se dice que dormitar así es perjudicial para la salud. ¿Hay algo de cierto en esto? “Es algo muy individual”, dice la médica especialista en sueño Kneginja Richter, de la Clínica Núremberg en Alemania.

Lo decisivo es cómo se usa esta tecla. “Si uno la usa una o dos veces y esto le permite entrar más suavemente en el día, no representa ningún problema”, señala Richter. “En realidad, es hasta bueno despertarse sin estrés”, añade.

Según la experta, que es miembro de la Sociedad Alemana de Investigación y Medicina del Sueño, lo mejor es aprovechar los minutos hasta que suene el despertador de nuevo para pensar qué traerá el día e ir despertándose.

Evitar el “snooze” sin fin

La cosa se vuelve problemática cuando se está tan cansado que se vuelve a dormir entre alarmas. “Quien usa el ‘snooze’ de forma interminable por la mañana y se duerme entre cada alarma no se hace ningún favor”, dice Richter. Explica que, muchas veces, esto hace que uno esté aún más cansado durante el día.

En casos así, es importante encontrar la causa de este comportamiento. “Cuando uno se despierta por sí solo a la mañana y está descansado no tiene ninguna necesidad de usar el ‘snooze'”, ejemplifica.

Para obtener la cantidad de sueño suficiente y despertarse descansado hay que saber conocer el propio ritmo para estructurar el día en función de esto. Alrededor del 70 al 80 por ciento de las personas duermen mejor entre las 23:30 y las 7:00 horas. El 20 a 30 por ciento restante forma parte de las llamadas alondras o búhos.

Mientras que las alondras tienen sueño en horario nocturno y se despiertan por la mañana muy temprano, los búhos pueden quedarse despiertos hasta tarde en la noche y les gusta dormir hasta tarde. Entre las alondras suele haber personas mayores y mujeres, entre los búhos personas más jóvenes y hombres.

Este cronotipo se suele vislumbrar ya en la juventud. “En tiempos del coronavirus, sin horarios de oficina y compromisos, muchas personas descubrieron cuál era su propio ritmo”, explica la médica Richter.

El reloj interno también desempeña un papel importante. Muchas personas que duermen poco tienen un ritmo de casi 24 horas armonizado perfectamente con el día de 24 horas. Otras personas tienen ritmos de hasta 25 horas, lo que puede llevar a un jetlag social con falta duradera de sueño y con ello, a problemas de salud.

“Lo mejor es ocuparse desde temprano del tema y tener en cuenta el propio ritmo al elegir una profesión, en vez de estar luchando contra él toda la vida”, aconseja Richter. De esta forma, probablemente no haga falta usar la tecla “snooze” una y otra vez.

No poner el despertador o el móvil directamente al lado de la cama también puede ayudar a usar menos el “snooze”. El historiador alemán Johannes Graf indica que los inventores del despertador se lo imaginaron de hecho bastante distinto.

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Muchas personas usan el móvil inteligente como despertador. Pero si se quiere evitar la tentación de la tecla “snooze”, conviene dejarlo fuera del alcance de la mano. Foto Prensa Libre: Christin Klose/dpa

La historia del “snooze”

“Originalmente, los despertadores no se colocaban sobre la mesa de luz, sino que estaban integrados a los relojes de pared”, cuenta el vicedirector del Museo Alemán de Relojes en Furtwangen.

“Cuando sonaba el reloj las personas debían levantarse para desactivar la alarma. Para que el reloj no sonara todo el tiempo, había una pausa tras la primera alarma y después un segundo sonido, casi una forma temprana del ‘snooze’, pero en el siglo XIX”, abunda.

La tecla para poder ir apagándola desde la cama surgió a principios del siglo XX. Un reloj más pequeño y móvil con manija reemplazó al reloj de pared. Este no solo era más flexible, sino que también podía ser producido de forma más económica y por eso era también más accesible para una mayor cantidad de personas.

Un hombre llamado Robert Türck solicitó el 22 de abril de 1913 en Zúrich la patente de un reloj móvil en el que la alarma sonaba más de una vez: había nacido la tecla “snooze” tal como la conocemos hoy en día.

Más tarde llegaría la invención del radio en los años 70. Hoy en día, es imposible pensar en un despertador sin tecla “snooze”. Los remolones bien lo saben.