Elija su destino, es momento de viajar: los beneficios y cómo organizar un viaje en familia

Viajar brinda felicidad a largo plazo y cuando se hace en familia la satisfacción es compartida. Más allá de la diversión, conocer nuevos lugares genera bienestar físico y mental.

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Viajar a otro país o a un destino cercano genera bienestar físico y fortalece nuestro cerebro. (Foto Prensa Libre: Oleksandr Pidvalnyi: pexels.com).
Viajar a otro país o a un destino cercano genera bienestar físico y fortalece nuestro cerebro. (Foto Prensa Libre: Oleksandr Pidvalnyi: pexels.com).

Antes de continuar con la lectura, piense un momento en cuándo fue la última vez que salió de viaje -no necesariamente afuera del país-. Ahora recuerde uno de los mejores momentos que vivió. Cierre los ojos y permítase sentir esa sensación que le da el recuerdo.

El estrés por el tráfico o por el trabajo, más los problemas que nunca faltan, hacen que sintamos que todos los días son iguales. Esto disminuye nuestras ganas de disfrutar y de sorprendernos por las pequeñas cosas. Sin embargo, existe una práctica que nos ayuda a salir de la monotonía y a considerar que tenemos frente a nosotros una hoja en blanco en la que podemos escribir nuevas experiencias.

Muchas veces, para salir de la monotonía, basta con manejar por la carretera durante varios kilómetros y apreciar el paisaje. Respirar aire más fresco y ver un entorno distinto al que nos acompaña todos los días hace que obliguemos a nuestro cerebro a usar todas sus capacidades y mantenerlo activo. Es una desconexión que nos permite conectar con nuestro interior, reponer fuerzas y conocernos mejor. Estos beneficios, por muy simples que parezcan, nos dan nuevas perspectivas de la vida y se intensifican cuando los lugares que visitamos son nuevos para nosotros.

Recorrer el mundo es la actividad favorita de muchas personas y el anhelo de otras. No es necesario comprar un boleto de avión para disfrutar de sus bondades, el turismo local también brinda beneficios que van más allá de la diversión y el placer.

Gisele Araújo y Marlusa de Sevilha, en el texto Los viajeros y sus motivaciones. Un estudio exploratorio sobre quienes aman viajar, del Centro de Investigaciones y Estudios Turísticos en Argentina, detallan que algunas de las causas por las se viaja son: búsqueda de autoconocimiento y crecimiento personal, interés de vivir la diversidad cultural, romper con la rutina y escapar de la realidad, búsqueda de novedades, de aventuras y desafíos, de autenticidad y libertad, así como búsqueda de historias para contar.

No importa la época del año ni el clima, siempre hay lugares para visitar. Hay quienes prefieren ir en época de calor a lugares fríos para no sufrir por el clima, otros que prefieren ir a la playa a fin de año para no sentir tanto calor. También hay quienes buscan paisajes verdes, mientras que otros prefieren apreciar la arquitectura de un lugar.

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Beneficios de viajar

“Es cierto el dicho ‘un viaje se vive tres veces: al soñarlo, al vivirlo y al recordarlo’, porque nuestro cerebro genera anhelo cuando pensamos en el lugar que nos gustaría visitar. Luego, cuando ya hemos decidido que iremos, se generan nervios por la expectativa y al estar en el lugar hay emoción y alegría. Cuando lo recordamos, fortalecemos la memoria”, opina el coach de vida Adrián Gonzalez.

El profesional agrega que viajar brinda felicidad a largo plazo, porque, aunque esta sensación comienza desde que iniciamos a planear el viaje, aumenta cuando, por ejemplo, estamos haciendo las maletas y continúa en nuestro interior cuando recordamos lo que vivimos en nuestro destino. Quizá hayan pasado seis meses o un año de haber visitado el lugar que tanto anhelaba, pero si hizo el ejercicio de memoria anterior, seguramente sentirá esa emoción otra vez.

Beneficios de viajar
Viajar solo permite conocerse mejor y alejarse del miedo e inseguridades. (Foto Prensa Libre: Anthony Tran en Unsplash).

Debido a que cambiamos la rutina, viajar también reduce el estrés ya que los problemas que dejamos en casa o en la oficina se vuelven diminutos al ver las grandezas y maravillas de nuestro destino. Asimismo, la compañía de otras personas y explorar lugares nuevos disminuye la ansiedad porque hay una desconexión de las fuentes que las generan.

Cuando viajamos solos fortalecemos nuestras relaciones sociales, ya que al lugar al que vayamos le tendremos que hablar a alguien más, desde los habitantes del lugar como otros turistas. No importa si somos tímidos, pero comunicarnos con los demás será parte de las experiencias que nos dejará nuestro destino. Esa socialización también nos libera de prejuicios y nos permite ver la vida desde otra perspectiva.

A lo largo del viaje salimos de nuestra zona de confort y nos debemos enfrentar a cualquier situación aunque no estemos preparados para ella, lo que nos llevará a ser más analíticos, confiar en nuestra intuición y resolver problemas. “Este beneficio es hasta en las cosas más sencillas como perdernos en las calles que no conocemos o comunicarnos con personas que no hablan nuestro idioma. Vamos a tener que resolver problemas, los cuales después serán grandes experiencias”, indica González.

Viajes en familia

Así como planificar un viaje para nosotros solos, hacerlo con la familia también puede ser una experiencia inolvidable que nos permita conocernos más y comunicarnos mejor. La rutina y el internet poco a poco impiden que pasemos tiempo en familia y que coincidamos todos los integrantes en un mismo lugar. Quizá, los niños se van temprano al colegio y hablamos a las carreras. Cuando los padres llegan a casa por la noche, estos ya están dormidos. Por ello, un viaje podría ser la oportunidad para garantizar tiempo de calidad con nuestros seres queridos.

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“Viajar con nuestra familia fortalece el vínculo y estrecha nuestra relación. También genera conocimiento, aprendizaje y tenemos una expansión de lo que es el mundo. En el caso de los niños pequeños, ir y regresar con nuestros padres a un lugar nuevo les brinda seguridad. En los adolescentes se crea un vínculo de confianza”, explica Ana Solís Ponce, psicóloga clínica.

Los viajes en familia mejoran la convivencia, porque los integrantes se conocen mejor. (Foto Prensa Libre: Alberto Casetta en Unsplash).

La mayoría de los niños menores de siete años tienen un objeto con el que se sienten seguros, como una colcha, una almohada o un peluche, por lo que debe ser de las primeras cosas que hay que incluir en la maleta o en el vehículo. No importa a donde vaya, este objeto le permitirá enfrentar los cambios y los lugares nuevos que está por descubrir.

Al organizar el viaje asegúrese que en su destino haya actividades para toda la familia, incluidos los pequeños. Es decir, busque opciones seguras que puedan hacer ellos solos para que como adulto no se frustre y también pueda disfrutar el viaje, ya que el objetivo es estar un tiempo juntos y que todos se relajen. La psicóloga Solís Ponce explica que en casa los niños y los adultos tienen su propio espacio, por lo que en el viaje también lo pueden tener.

“Si los dejamos un rato en un lugar seguro se emocionarán al vernos de nuevo y nos contarán qué hicieron. Entonces, además de un apego seguro, fortalecemos la confianza y la comunicación”, añade.

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En la adolescencia el deseo es descubrir el mundo por su cuenta, por lo que es ideal darles su espacio, ya que es una muestra de confianza. Siempre es importante establecer los límites, por lo que desde el inicio del viaje hay que ser claros en que se trata de un tiempo para estar en familia, pero que cada uno puede tener sus momentos a solas, por lo que se puede establecer horarios o, cuando se haga la planificación del viaje, incluir actividades que harán ellos solos, así ya toda la familia sabe en qué momento se separarán.

“A los adolescentes se les puede involucrar desde la organización del viaje escuchando sus opiniones. Por ejemplo, se les puede preguntar qué tipo de actividades quieren hacer o que ellos elijan el lugar. Es decir, usted les dice que van a ir a la playa y que ellos elijan si van a Monterrico o al Puerto San José. Esto hace que se sientan escuchados y les genera flexibilidad”, declara la profesional.

Al viajar en pareja concéntrense en su relación y olviden los problemas de casa y demás familia. (Foto Prensa Libre: cottonbro studio en pexels.com).

En caso de que el viaje sea con su pareja, lo ideal es que ambos se involucren en la organización. Sin embargo, dejen espacios libres para que el destino los sorprenda. Quizá querrán repetir alguna actividad o solo pasar un tiempo juntos, así que no es necesario que todas las horas las tengan planificadas.

Además, recuerden que están en su rol de pareja, por lo que la recomendación es no hablar de la casa, de los suegros y no estar todo el día pendiente de los hijos. El viaje es para que ambos se concentren en ustedes, es la oportunidad de hablar de temas que en casa no han podido, de relajarse y de regresar a la etapa de noviazgo en donde se estaban conociendo.

“Muchas veces nos frustramos porque no viajamos tanto como quisiéramos, pero hay que ser realistas con nuestra economía. Si quiero ir de viaje a otro país quizá voy a tener que sacrificar otras cosas, así que hay que ser conscientes de las oportunidades que tenemos y no frustrarnos”, enfatiza Solís Ponce.