Oriente a los niños a controlar sus emociones

Felicidad, alegría, tristeza, enojo son algunas de las emociones presentes en los seres humanos, pero desde cuándo es posible que los niños aprendan a manejarlas.

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Durante los nueve meses de gestación y sobre todo en los primeros dos años de vida, ocurre crecimiento fisiológico, pero también se desarrollan sentimientos emocionales, el comportamiento emocional y las estructuras cognitivas del bebé, explica Margarito Castro, ginecólogo y máster en psicología y salud mental.

Es desde esa etapa, en donde se preparan los cimientos que serán la base para la formación de seres humanos sensibles, amorosos, compasivos y otras cualidades fundamentales para que en el futuro los niños se puedan incorporar y formar parte de una sociedad armónica, agrega el experto. Es por eso que se debe proporcionar bienestar emocional a la madre para que esas emociones positivas sean trasladadas al niño.

El vínculo familiar es fundamental para que se forjen emociones saludables en los niños, sobre todo con la madre, porque es a través de ella con sus pensamientos, sus emociones y sus reacciones, que el niño se relaciona con el medio ambiente externo.

“La madre es el enlace para que el niño aprenda a reaccionar frente a muchas experiencias que vendrán, el vientre materno se convierte en un campo de entrenamiento emocional para la vida del niño después del nacimiento.  Es durante el embarazo cuando se adquieren muchos hábitos emocionales automáticos, como parte de su estructura neurológica. Es una verdadera programación fetal”, comenta el experto.

Por ello se recomienda no descuidar el estado físico, mental y emocional de la madre. Una madre sometida a estrés hace que se libere cortisol de la glándula suprarrenal. “El cortisol materno atraviesa la placenta y llega al niño, quien también se estresa. Niveles elevados de cortisol no solo dañan a la madre sino también al niño, porque reducen el oxígeno que altera su estado emocional, predisponen a enfermedades respiratorias, incluso pueden causar hasta la muerte del niño”, explica Castro.

Después de nacer

En los primeros años de la vida la enseñanza para el manejo de las emociones la ofrecen los padres, de manera primordial.  Después apoya la educación, la cultura y el ambiente, todos encargados de orientar a los menores en este tema.

 

Los niños van acumulando emociones, sin embargo, cuando al niño no se le compensa con herramientas racionales para moldear sus emociones, vendrán los problemas de adaptación, problemas con el aprendizaje, la deformación cultural, de pérdida de valores, los conflictos sociales, entre otros.

Entre los dos y los tres años de vida, el niño se relaciona más con el medio en donde crece, comienza a darse cuenta de su identidad, controla más sus emociones y conductas, empieza a desarrollar su autonomía e independencia, se insinúan a esta edad los valores, las normas y las habilidades sociales.

En este momento especialistas sugieren hacer ejercicios para que conozcan la alegría, tristeza, miedo y rabia. Es positivo explicarle con dibujos e historias o cuentos para que las identifiquen.

A los cuatro años de edad, los niños saben diferenciar lo que ocurren en el entorno. En esta etapa cuando la familia y el grupo social al que pertenece son fundamentales para el desarrollo de emociones saludables.

A esta edad el cerebro del niño lo podemos comparar a una esponja, porque todo lo percibe, lo capta y lo absorbe. En realidad el cerebro del niño es igual al disco duro de un ordenador, todo lo positivo y lo negativo lo graban.

Aproximadamente en esta edad ellos ya tendrían que decir cómo se sienten y por qué.  En esta etapa podrían aparecer rabietas o algunas acciones como gritar o golpear,  se les debe explicar que antes de estas acciones es mejor expresar cómo se sienten.

Con la información recibida, el niño va delineando sus emociones, y se van moldeando sus creencias, teniendo después un tránsito por el subconsciente, para finalmente  asentarse en el inconsciente, con la finalidad de protegerse de las incertidumbres y para asegurar su supervivencia, explica Castro.

También es importante reconocer que las emociones al ser reconocidas pueden conducirse mejor.  Así el enojo requiere de valor, mientras el miedo de precaución o la tristeza de aceptación.

Anne Bonin, coordinadora de Brahma Kumaris Guatemala y practicante de raja yoga, que tiene como base la meditación, comenta que existen ejercicios básicos que son posibles de realizar y que invitan al aprendizaje de una vida más tranquila y son opciones para cualquier edad.

Así, los niños desde sus primeros días de vida pueden tener momentos para escuchar música suave que les influenciará de forma positiva en sus emociones. También son recomendables los espacios para compartir en familia y que se les enseñe a apreciar su entorno y tomar consciencia de todo aquello que les rodea, agrega Bonin.

A esto se añaden los pensamientos positivos y la práctica de la gratitud y la compasión, acciones que acercan a los niños y adultos a una sensación de plenitud.

Cómo influye la familia en las emociones

Lo deseable es que los niños se desenvuelvan en un entorno familiar saludable, pero, esto no siempre es posible. “Desafortunadamente un crecimiento emocional con experiencias traumáticas en la infancia se da con demasiada frecuencia”, agrega Castro.

Al respecto, el médico explica que son  frecuentes las relaciones afectivas débiles, que sin llegar a ser disfuncionales, pueden afectar el desarrollo emocional de los niños. Por ejemplo, la pobre socialización o un vínculo distante de la figura parental, que sumado a un entorno inseguro pueden reducir la capacidad de controlar las emociones perjudiciales.

Por aparte, en los ambientes familiares en donde no se efectúan o son limitadas las actividades para ejercitar el cerebro del niño, como jugar, escuchar música, leer o escuchar cuentos o historias, pensar o imitar a personajes y otras actividades que son gratificantes, aumenta la posibilidad de desarrollar emociones negativas.

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