Mi intento (casi imposible) de abandonar las redes sociales

¿Qué tan difícil es cerrar las cuentas de redes sociales y desconectarse, por fin, del teléfono?

Eliminar mis perfiles de redes sociales no es tan fácil como parece (Foto Prensa Libre: AFP).
Eliminar mis perfiles de redes sociales no es tan fácil como parece (Foto Prensa Libre: AFP).

Molesto de que al despertarme lo primero que hiciera es tomar el teléfono y pasar 20 minutos bajando por una línea de tiempo interminable, decidí cerrar mis cuentas de redes sociales, al menos, por dos semanas. 


Si bien la crisis de Cambridge Analytica era un motivo suficiente para repensar nuestra presencia social en internet, consideré que los datos que hago públicos son lo suficientemente pensados como para no comprometer mi privacidad.

Sin embargo, lo que sí pierdo es el tiempo. Cuando trato de leer, editar algún video o foto o hasta cuando quiero ver una película, es cuestión de que pasen cinco minutos para abrir de nuevo una pestaña y teclear la dirección (ya memorizada) de una red social. O bien, desde el teléfono, y recargando la aplicación para ver lo más reciente, como si en cinco minutos las cosas hubieran cambiado demasiado.

Me puse, entonces, a la tarea de acceder a las partes más recónditas de la configuración de tres plataformas en las que más me distraigo: Facebook, Twitter e Instagram. Traté de ser moderado y me abstuve de apartarme de YouTube y, por trabajo, también conservé la cuenta profesional. 

Pero fue casi imposible. 

Las aplicaciones

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Pensé que lo esencial y prioridad era eliminar las aplicaciones del teléfono. Sencillo. En cierta manera, sí fue efectivo, porque al desbloquear el dispositivo e intentar ingresar a una cuenta, la ausencia del ícono me hacía recordar mi propósito: la desconexión social. 

Pero llegó el primer problema. Por conveniencia, varias de mis cuentas en diferentes sitios fueron creadas con base en mi perfil de Facebook. Por lo tanto, cuanto intenté evadir el tráfico y consultar Waze, noté que mis registros, direcciones y preferencias estaban en la cuenta que cree desde la red de Mark Zuckerberg. Primer error, algo que también cometí con Spotify.

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De la misma manera me ocurrió con Goodreads, un sitio para compartir reseñas y progresos de lectura, que no consulto con tanta periodicidad pero que sí conserva detalles relevantes. 

A eso se le suma que, por trabajo, a veces consultar una cuenta institucional o el perfil de un artista depende, prácticamente, de consultar “su” Facebook. Para evitar frustraciones, reactivé mi cuenta dos días después del cierre.

Las historias

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Donde sí fue más efectivo el eliminar la aplicación fue Instagram. Sin ser tajante, opté por no desactivar la cuenta y solo consultarla para ver fotografías desde la página web. 

En cierta manera fue efectivo porque lo que más consumía mi tiempo en esa red social eran las historias, la opción de ver videos o fotos de cada una de las cuentas, un práctica claramente copiada de Snapchat (que, afortunadamente, no me fue fácil distanciarme, luego que la mayoría de mis contactos la abandonó por la conveniencia de Instagram).

Además, ver las historias desde la web es tortuoso, llevando al límite la RAM de la computadora, especialmente si se hace desde Google Chrome. La ventaja es, en cambio, que al solo poder ver discretamente las historias y navegar por las fotos, dando doble clic a las que gustan, es imposible subir fotografías. Ello restringe la obsesión por publicar contenido y, peor aún, estar en constante monitoreo para ver los “me gusta” y comentarios.

Lo cual me llevó a pensar lo dependiente que puedo ser de la aprobación social, y si mis fotografías o historias reciben una buena recepción, si son populares o no. Sin la aplicación de Instagram, en parte, esa presión se libera. 

Twitter sí, pero… 

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La red social que fue la más fácil de desprenderme fue Twitter. Una vez desactivada, la aplicación es obsoleta y no queda más que ignorar el impulso de “escrollear” por las publicaciones.

Desde hace unos meses he perdido el deseo de tuitear tanto. Similar a Instagram, sin contenido que publicar, pierdo el interés en los retuit y “me gusta”. 

Aún así, quizás la única red social la cual verdaderamente disfruto y considero útil es Twitter. Extraño la inmediatez para enterarme de noticias o información relevante, y la diversidad de opiniones me parece relevante. 

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El tráfico, la situación política, resultados deportivos, videos… En Twitter encuentro una herramienta valiosa. Así que aunque pueda desprenderme con facilidad, me siento confiado que podría volver a ella. O quizás deba ser una lección para prescindir de una vez por todas del “timeline” y confiar en otras herramientas para estar enterado. 

Mi experimento breve de una semana me demostró lo dependiente que puedo llegar a ser de las redes sociales, lo conveniente que es tenerlas y lo difícil que es apartarse de ellas. Quizás un teléfono sin conexión a internet sea ideal pero, de momento, trataré de abstenerme de desbloquear tanto el teléfono. Y prestar más atención a las películas de Netflix. Al menos por más de 10 minutos continuos. 

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