Comunitario

Niñas nacen de nuevo

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Por Brenda Martínez

NIÑAS Y adolescentes víctimas de violencia sexual y trata aprenden a ser niñas de nuevo en Asociación La Alianza. (Foto Prensa Libre: Asociación La Alianza)
NIÑAS Y adolescentes víctimas de violencia sexual y trata aprenden a ser niñas de nuevo en Asociación La Alianza. (Foto Prensa Libre: Asociación La Alianza)

“Te quiero mucho, seño Carolina. Me siento feliz de saber que hay personas que me quieren”, se lee en uno de los carteles con dibujos que alegran la puerta de la dirección de Asociación La Alianza, que alberga a niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, intrafamiliar y trata de personas, así como madres menores de edad y sus bebés.

“Ellas tienen una capacidad de resiliencia increíble, pese a todos los vejámenes por los que han pasado”, indica la directora Carolina Escobar Sarti. Conforme  Prensa Libre hace un recorrido por las instalaciones de este recinto, las niñas y adolescentes la abrazan y besan sonrientes, le dicen “te quiero” y le comparten lo que han hecho en el transcurso de la mañana.

“Su necesidad de hablar es grande, especialmente en una sociedad que acostumbra a mantenerlas silenciadas”, dice Sarti.  Pero más que eso, necesitan del amor que les ha negado el destino. “Vienen con miedo, tristeza y cólera inmensos”, añade.

Origen

Asociación La Alianza nació en el 2010, después de que cerró Casa Alianza, en el 2009, y desde entonces han atendido a 400 niñas y adolescentes, referidas por la Procuraduría General de la Nación.  Además de proveerles  lo básico para  vivir, reciben educación en un aula integral multigrado, autorizada por el Ministerio de Educación. “Hay niñas que incluso no saben leer ni escribir”, dice Sarti.

Se les brinda atención psicológica, médica y servicio de procuración legal. Además,  asisten a actividades que ayudan a su desarrollo intelectual y social, como clases de música, computación, costura, repostería, arte y deporte, así como excursiones.

“Para una niña que vino cabizbaja y con su bebé en los brazos, casi sin hablar español y sin saber leer ni escribir, su primer encuentro con el mar fue emocionante”, relató Agripina Solís, trabajadora social del albergue. Muchas de ellas nunca habían ido al cine e  incluso  no comían tres veces al día. Cada una de sus historias parecen inverosímiles, como  casos de niñas que eran forzadas a prostituirse y que llegaron a tener  20 o 30 clientes al día, o  aquellas que eran vendidas por sus padrastros, amenazadas con no darles de comer a los hermanos menores. Pero en este lugar se les da amor, respeto y se les devuelve la alegría.

Asimismo, se atiende a los bebés de menores. El lugar cuenta con una guardería, para que las niñas y adolescentes puedan ocuparse de sus clases.

La asociación también tiene una casa de transición, donde las jóvenes mayores de 18 años que residieron en el albergue, con o sin bebés, y que no tienen familiares o recursos, pero  trabajan, pueden permanecer hasta dos años, mientras logran ser independientes.

Una labor fundamental es la prevención,  por lo que existe una escuela familiar e imparten talleres  para modificar patrones de conducta. “No es sencillo reeducar cuando cuatro generaciones de mujeres han sido violadas y que rechazan a sus hijos, y eso genera violencia en la sociedad”, explicó Sarti. “Hemos descubierto que la mayor incidencia de trata se da en áreas fronterizas como Petén”, refirió.

Donaciones

La Alianza recibe subsidio de Covenant House International, pero las necesidades son muchas, por lo que siempre necesitan aportes. Para  donar está la cuenta  del Banco Industrial 000-031856-8, a nombre de Asociación La Alianza. También se recibe ropa y zapatos para bebés, niñas y adolescentes, en buen estado,  así como pañales.

Caso

  • Violencia continuada

Originaria de Coatepeque, tenía 12 años cuando quedó huérfana de madre. Con su padre y madrastra  sufría  violencia intrafamiliar. Ellos la cambiaron por bebidas gaseosas y unos panes a un hombre que la maltrataba. Se escapó con una señora y trabajó en Tapachula haciendo tortillas. Esta mujer la vendió a un familiar, quien la convirtió en su conviviente, pero también la lastimaba. Volvió  a escaparse. Su martirio terminó cuando fue rescatada de una cantina, en Huehuetenango, donde la obligaban a prostituirse. “Quiero empezar de nuevo”, dijo  cuando llegó a Asociación La Alianza.  Fue reintegrada con una tía.