Política

Clama por justicia

La conflictividad social en la zona de adyacencia de Guatemala y Belice ha dejado la muerte de 10 campesinos guatemaltecos en 17 años.

Por Henry Estuardo Pocasangre

Demesia Ramírez es madre de dos hijos, y quedó viuda en el 2014, cuando soldados de Belice atacaron a su esposo.
Demesia Ramírez es madre de dos hijos, y quedó viuda en el 2014, cuando soldados de Belice atacaron a su esposo.

El último incidente ocurrió el 20 de abril último, cuando murió el menor de 13 años Julio Alvarado, al haber recibido ocho balazos, de los cuales cuatro fueron en la espalda. Resultó herido su hermano de 11 y su padre, 48. El caso es investigado por la Organización de Estados Americanos (OEA) para determinar responsabilidades.

Antes de ese hecho, el 29 de abril del 2014, murió baleado por las Fuerzas de Defensa de Belice (BDF) Tomás Desdicho Ramírez, de San Marcos, Poptún, Petén.

Han pasado dos años y un mes desde esa tragedia, y la familia sigue esperando justicia, una respuesta y apoyo que alivie la crisis que afronta.

En San Marcos, Demesia Ramírez —viuda de Tomás Ramírez— lucha por alimentar a sus dos hijos, de 8 y 4 años.

El ataque contra su esposo se perpetró en la reserva Chiquibul. El informe de la OEA reveló que ocurrió a 3.4 kilómetros de la zona que administra Belice. Ramírez y su hermano Feliciano portaban dos rifles y, según Belice, los detuvieron y ellos dispararon, pero Feliciano negó ese extremo.

Los dos campesinos limpiaban un terreno para sembrar maíz y pepitoria. Hubo 21 disparos, ocho de soldados y 13 de guardaparques. Tomás fue alcanzado por cinco balas, y murió por lesiones pulmonares.

Sin respuesta

La OEA le prometió a Demesia resarcimiento. “Fui a la oficina de la OEA, y me dijeron que a los ocho meses me iban a ayudar; ya van dos años, y no ha habido nada”, relató.

La mujer vive en una pequeña casa improvisada con tablas y hojas de xate. Está en situación de pobreza y sus hijos sufren desnutrición.

“Me ha costado mucho tener que mantener a mis hijos, darles zapatos, ropa y ver qué hago para alimentarlos”, expresó la mujer de 31 años.

Ella siembra pepitoria en terrenos alejados de la zona de adyacencia, pues tiene miedo de acercarse al límite con los beliceños. “Me dio cólera lo que hicieron; él estaba luchando por alimentar a sus hijos”, exclamó.

Según la Cancillería de Guatemala, Belice entregó US$10 mil —unos Q78 mil— por medio de la OEA, y se le depositan Q1 mil 500 mensuales a Demesia en una cuenta bancaria. Ella niega rotundamente que haya pagos a su favor o que se le dé cualquier otra ayuda.

Impulsan cultivos innovadores

Para que las familias no tengan como única opción desplazarse a la zona en disputa y arriesguen su vida, la asociación Balam ha comenzado un programa de apoyo, por medio de la Coordinadora de Asociaciones Campesinas Agropecuarias de Petén (Coacap), que consiste en impulsar cultivos que refuercen la seguridad alimentaria y permitan a las familias aumentar sus ingresos económicos.

En San Marcos trabajan con 12 familias, y ya hay seis que están interesadas en unirse al proyecto que enseña cómo sembrar en espacios reducidos. Elienai Pacheco, encargado de la comunidad, explicó que han implementado cultivos como plátano, yuca, banano y camote. “Establecemos viveros comunitarios donde hay cultivos de alto valor comercial, como cacao y cardamomo”, expuso.

Al llegar a la comunidad, lo que encontraron los impulsores del proyecto fue siembras de maíz y frijol, que requieren de grandes espacios de tierra, y lo que ahora pretenden es disminuir el uso del suelo para que eviten acercarse a la zona de adyacencia.

Teresa Alonso es madre de siete hijos. Se integró al proyecto para buscar una alternativa que mejore la alimentación de sus pequeños. Espera que mientras su esposo trabaja cosechas grandes, ella pueda cuidar el huerto.

El mismo caso es el de María Ramos, que tiene una hija, y pretende comenzar el vivero en un espacio junto a su casa. Nunca había hecho algo similar, pero cree que es una buena oportunidad. Otra historia es la de Jairo Ramírez, quien en octubre verá los primeros frutos de lo que sembró en febrero, entre piña, café y aguacate.