Opinión

CATALEJO

La segunda vuelta desde la distancia

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

SIEMPRE ES BUENO ANALIZAR cualquier situación nacional desde una distancia geográfica. De alguna manera y a pesar de estar actualizado al segundo a consecuencia de la asombrosa tecnología a nuestra disposición, saberse a miles de kilómetros hacia el sur —en este caso Chile, donde me encuentro para representar a la Academia Guatemalteca de la Lengua en la celebración de los 130 años de la Academia Chilena— pone una especie de separación entre la realidad del país y cómo se puede analizar. Me han agradado los comentarios positivos de varios académicos asistentes al respecto de lo ocurrido en Guatemala durante los últimos meses, sobre todo respecto a las manifestaciones populares y al cambio en la presidencia y vicepresidencia.

SIN EMBARGO, LAS preguntas acerca de la segunda vuelta electoral, situada a apenas nueve días de distancia, son difíciles de responder. Me preguntaron por qué los guatemaltecos votaron por alguien sin experiencia política y como contrincante a alguien con experiencia en el ejercicio de la política, específicamente en la práctica del manejo del Ejecutivo, pero sin buenas referencias a esa etapa, a causa del manejo de los fondos estatales para utilizarlos de manera clientelar. He basado mi respuesta en la realidad de las bolsas solidarias repartidas cuando la candidata de hecho fue una Primera Ministra, lo cual de hecho ha dividido marcadamente a los votantes citadinos de quienes viven en las áreas rurales o de poblaciones pequeñas.

MI EXPLICACIÓN HA SIDO basada en dos fuentes. La primera, en política la esperanza es superior a la realidad. Es decir, ante una realidad como es la inexperiencia política y con ello la imposibilidad de señalar actos d corrupción, se abre la esperanza y ella explica la actitud de esperar una acción nueva, en vez de una repetición de los dolos presentes en las figuras políticas, como ha ocurrido en Guatemala y de hecho en el resto de los gobiernos latinoamericanos, en unos con mayor fuerza y en otros con menor, pero nunca ausente. En cierta forma es una manera de manifestar un cambio a la resignación popular de ver a los “nuevos políticos” con la posibilidad de no ser corruptos, o, en la realidad, como culpables de menores niveles de corrupción.

ES NECESARIO MENCIONAR entonces dos posibilidades: una, es el incremento del porcentaje de personas confiadas, talvez inocentemente, en la llegada de alguien convertido en una especie de personificación de la necesidad del regreso de un porcentaje de corrección en el ejercicio del gobierno. La otra es contraria: la reducción de las personas interesadas en participar en las elecciones, al darse cuenta de la imposibilidad de confiar en esos cambios. El resultado sería un aumento del ausentismo electoral en la segunda vuelta, en una cifra mayor al 20%, es decir el promedio de las últimas elecciones, con lo cual se aseguraría la debilidad de un gobierno cuyo ganador obtuvo la mayoría de la minoría participante, mientras menor menos significativa.

LA SEGUNDA VUELTA TIENE interés fuera de Guatemala, porque será vista como continuación del proceso de cambios políticos iniciados en abril. Y de seguro quienes en el extranjero deseen analizar las razones y las consecuencias de la votación, deberán ser informados de la responsabilidad de la integración y forma de actuar del Congreso, donde se debe dar forma jurídica a los deseos ciudadanos de cambios fundamentales para detener el ahora casi inexpugnable muro de la corrupción. Lo demuestran las últimas actuaciones de los diputados al respecto de la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Finalmente, he señalado un hecho: los dos contendientes llegan a esta batalla escogidos por los guatemaltecos y por ello tienen derecho a estarlo.