Opinión

LÍO SIN FIN

Transcurría el 16 de mayo de 1990. Belemitas y aquechistas copaban las calles del Centro Histórico en rechazo al aumento del precio del pasaje, en una de las jornadas de manifestaciones más violentas para el gobierno de Vinicio Cerezo. “La protesta es por el alza en el transporte, la luz eléctrica, la canasta básica y el despilfarro en el Gobierno, que no hace nada por evitar el caos en el que estamos involucrados”, argumentaron.

Portada del   16/5/1990, en la que se anuncia el  paro de buses.
Portada del 16/5/1990, en la que se anuncia el paro de buses.

Un día antes, los empresarios del transporte urbano anunciaron que dejarían de circular si la Municipalidad no les autorizaba aumentar 10 centavos al servicio. Entonces viajar en bus urbano costaba Q0.40.

El entonces alcalde, Álvaro Heredia, dijo que multaría con Q5 mil a los transportistas que no circularan y ofreció solucionar el problema mediante la intervención del servicio, prestado por 800 buses y decenas de microbuses o “ruleteros”.

Aunque Heredia no aceptó el argumento de que los autobuseros afrontaban pérdidas, pidió al gobierno central que les prorrogara el subsidio seis meses más.

El primer día de paro fueron apedreados 10 autobuses de la empresa EGA, los cuales quedaron con los vidrios rotos.

Lo irónico es que un directivo dijo que esa empresa no formaba parte de la Coordinadora del Transporte Urbano de Pasajeros, que había promovido el paro. En Mixco, presuntos pandilleros se enfrentaron a la Policía.

Ferrocarriles de Guatemala ofreció transportar en locomotoras acondicionadas a usuarios desde Guajitos, zona 12, y Rodriguitos, zona 18 al centro capitalino. Para ayudar, cobró Q0.25

El conflicto se extendió hasta la última semana de mayo, cuando el presidente y la comuna intervinieron el servicio, se sancionó a varias empresas y se giraron 300 órdenes de captura contra empresarios del transporte. El pasaje siguió en 40 centavos.

Ese mismo mes, Cerezo afrontó otra crisis: la escasez de combustibles.